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PSICOLOGÍA

Cómo gestionar las emociones para ser feliz: cinco trucos

El bienestar psicológico se apoya en el manejo emocional

Ángel Rull

Una chica riéndose.

Una chica riéndose. / 123RF

Cuando una persona decide analizar aquellos motivos por lo que no se encuentra satisfecha con su vida o el motivo por el cual no logra llegar a las metas establecidas, se encuentra con que, si el análisis es profundo y real, que el mayor impedimento es uno mismo. Los demás y nuestro entorno tienen poder sobre cómo nos sentimos, pero no es determinante a la hora de que superemos rápidamente una crisis o de que alcancemos el bienestar y la autorrealización.

Las emociones se consolidan como las velas de un barco, las cuales hacen que, estando bien colocadas y desplegadas, podamos avanzar a una mayor velocidad para llegar a nuestro destino. Por tanto, cuando busco ser feliz, debo empezar por analizar cómo están estas emociones, si juegan a mi favor o si realmente me están perjudicando.

Inteligencia emocional

La Psicología comenzó el estudio de la inteligencia únicamente en base a razonamientos lingüísticos y matemáticos. Con el paso de las décadas se ha ido demostrando que los conocimientos o la resolución de problemas de álgebra apenas hablan de nuestro desarrollo intelectual. Una de las inteligencias que ha sido incorporada a la ecuación es la emocional, la cual necesitamos para poder relacionarnos con los demás y con nosotros mismos y fortalecernos en ello.

La felicidad tiene una relación estrecha y directa con las emociones. Para ser feliz, una persona debe conocer esta relación y hacer que sume a su bienestar. Es importante, entonces, poner en práctica los siguientes trucos:

1. Autoconocimiento

Para conocer nuestras emociones tenemos que saber dónde se activan y la razón de ello. La escritura terapéutica puede ayudarnos, ya que logramos expresar mejor lo que sentimos sobre papel y, una vez ahí, podremos analizarlos.

También podemos registrar a lo largo del día aquellas emociones más intensas que podamos sentir y buscar de forma analítica el origen. Por ejemplo, si mi pareja va a salir a cenar con unos amigos y me invade el miedo, ¿de dónde viene esta emoción? ¿Es miedo a una infidelidad, son celos o va más allá y es temor al abandono? Conocer esto nos llevará a una mejor gestión.

2. Saber nuestro destino

Una herramienta muy poderosa es la de fijarnos metas de forma periódica. Proyectarnos hacia ellas y trabajar para alcanzarlas influye en nuestras emociones, ya que permite que expresemos necesidades y encaminemos nuestros recursos para sentirnos mejor. También tiene un alto impacto sobre la autoestima.

3. Perfeccionismo

Ciertas personas tienen un exceso de perfeccionismo y autoexigencia que les desborda, les bloquea y les hace sentir culpa. Se marcan unos estándares muy elevados por la necesidad de demostrar su valía ante los demás. Estos estándares son difícilmente alcanzados, por lo que, en lugar de motivar a la persona, la paralizan y hacen que se sientan aún peor. Ese perfeccionismo debe ser controlado para alcanzar un estado más relajado.

4. No lo quiero

Nuestras necesidades son tapadas a menudo por nosotros mismos. No queremos molestar, nos cuesta ser asertivos o nos han enseñado desde pequeños a tener una actitud de resignación y abnegación. Sin embargo, internamente nos resistimos a ello y podemos llegar a tener explosiones de ira. Esos desbordamientos nos harán sentir aun una mayor culpa.

La mejor forma de controlar nuestras emociones es buscar su equilibrio a través de la expresión de las necesidades. Esto implica no solo pedir lo que queremos sino decir lo que no queremos. Entrenar el 'no' nos ayuda a estar mejor.

5. Silencio

Es en el silencio donde logramos ver qué nos ocurre, qué nos estresa y qué necesitamos. Una de las técnicas más usadas es la meditación. Aunque en occidente somos muy reticentes a su uso, las investigaciones van demostrando cada vez más sus beneficios psicológicos.

Las emociones tienen una función evolutiva y adaptativa. Nos ayudan a sobrevivir y a vivir en sociedad. Sin embargo, también pueden ser fuente de bienestar y felicidad si las escuchamos, respetamos y trabajamos para que cada día estén mejor.

Ángel Rull, psicólogo.