13 ago 2020

Ir a contenido

PSICOLOGÍA

Autocontrol para niños con la técnica de la tortuga

Reaccionar con calma es cuestión de aprendizaje y ayuda por parte de los padres

Ángel Rull

Tortuga sobre césped verde.

Tortuga sobre césped verde. / 123RF

Los niños, especialmente cuando aún son pequeños, no tienen siempre el control necesario para controlar y manejar sus impulsos. Se dejan llevar más por sus necesidades primarias, buscando aquello que más les satisface. Sin embargo, son los padres los que deben mediar en un primer momento y comenzar a enseñarles a controlarlos y canalizarlos de una forma positiva.

La técnica de la tortuga se presenta como la forma de enseñar a los más pequeños autocontrol. Se utiliza normalmente en hiperactividad, pero es aplicable a cualquier niño por los beneficios que conlleva y la facilidad en su aprendizaje.

Beneficios de la técnica

La técnica de la tortuga nos permite enseñar a nuestros hijos a ser más conscientes de ellos mismos y de cómo sus emociones interfieren en lo que hacen y cómo lo hacen. De esta forma, no solo aprenden una forma de ganar en autocontrol, sino que hay varios beneficios extra que le servirán en su crecimiento emocional.

¿Qué beneficios tiene la técnica de la tortuga?

  • Mayor conocimiento emocional y mejora en su gestión.
  • Tendencia a ver mejor los errores cometidos y que puedan solucionarse de forma proactiva.
  • Mayor asertividad.
  • Mejora en el autoconcepto y la autoestima.

Técnica de la tortuga

Cuando tradicionalmente se ha intentado controlar la conducta hiperactiva de los niños se ha hecho a través de estímulos externos, ya que se creía que no se podía enseñar al niño a ser responsable de lo que hacía. Sin embargo, la técnica de la tortuga utiliza el autocontrol para manejar el control de impulsos, poniendo el foco en la responsabilidad personal de los más pequeños.

¿En qué consiste la técnica y cómo podemos enseñársela a nuestros hijos?

Paso 1

Enseñamos al niño que cada vez que sienta un impulso o una emoción agresiva, debe encogerse y meter la cabeza entre sus brazos, como si fuera una tortuga dentro de su caparazón.

Paso 2

Mediante el paso anterior, el niño ha sido capaz de ir aprendiendo a anticipar comportamientos que no le benefician. Además, ha aprendido a hacer la postura de la tortuga.

Una vez que esto está consolidado, debe relajar los músculos. Lo hará a través de la tensión-distensión de los músculos mientras mantiene la postura de la tortuga. A medida que su cuerpo se relaje, también lo harán sus emociones.

Gracias a este paso tan importante, a través de la relajación consigue calmarse y poder poner en foco en lo que debe hacer después, desde la serenidad y la atención.

Paso 3

Es el momento de poder solucionar el conflicto. El niño aún no abandona la postura de la tortuga, pero empieza ya a buscar la mejor solución para el problema. Aprende a buscar soluciones desde la calma. Este punto conlleva más práctica que los pasos anteriores, y es el adulto el que debe orientar sobre esas soluciones, al menos al principio.

Paso 4

Es el momento de abandonar la postura de la tortuga, una vez que está relajado y tiene claro las medidas que va a tomar para gestionar el problema. Una vez que ya no está en dicha posición, pone en práctica los pasos que ha pensado y que le ayudarán en la resolución del conflicto.

Esta técnica ayuda a los niños a que adquieran conocimiento sobre las emociones que sienten y cómo usarlas de forma efectiva. Genera unas técnicas de relajación que ayudarán a bajar el nivel de activación medio del niño y le orientará a tener una visión más clara de los problemas. El mayor beneficio es que los más pequeños aprenden a controlar sus conductas negativas y encontrar soluciones, siempre con la ayuda inicial de los padres.

Ángel Rull, psicólogo.