CÓMO COMBATIR EL COVID-19 EN FAMILIA

"¡Abuela, qué bien te veo!" o la videollamada que alegra la vida

  • El Hospital Sant Joan de Deú, de Palma, ha implantado, en la pandemia, un sistema de comunicación paciente-familia innovador

  • El centro, que ha recibido la mayoría de pacientes de residencias geriátricas de Mallorca, ha sido altamente elogiado por su gran idea

  • “Que el paciente se sienta querido, pueda ver y dialogar con su familia desde el hospital, también cura”, dice la doctora Carmen Gómez

Un paciente del Hospital Sant Joan de Déu, de Palma, habla, por videollamada, con su familia, ayudado por una enfermera.

Un paciente del Hospital Sant Joan de Déu, de Palma, habla, por videollamada, con su familia, ayudado por una enfermera. / EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

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“No fue fácil. Es evidente que la idea es sencilla, pero llevarla a cabo, ponerla en práctica, supuso la implicación de todo el hospital. Puede que el tamaño de nuestro centro nos permita poner en marcha proyectos así, pero de lo que no tenemos duda alguna es que ha sido un éxito tremendo y, sobre todo, que ha ayudado a nuestros abuelitos a curarse, a ser, en la desgracia, un poquito más felices y también, claro, ha generado una tranquilidad en los familiares que nos recompensa del esfuerzo humano, personal y económico, éste perfectamente asumible, que hemos tenido que hacer”.

Joan Carulla, Director General del Hospital Sant Joan de Déu, de Palma (hay otro en Inca), ha contado a El Periódico de Catalunya, en el primer cumpleaños de la horrible aparición y estallido del Covid-19, lo bien que ha funcionado, a lo largo de todos estos meses, el original sistema de comunicación entre el paciente y su familia que pusieron en marcha a través de un montón de decisiones entre las que también estaba, sí, pese a todas las restricciones existentes, la posibilidad de que algunos familiares visitasen al paciente en situación de últimos días.

Alto porcentaje de curación

Hay que decir, que Sant Joan de Déu ha sido el principal hospital de Mallorca a la hora de recibir a los abuelitos contagiados de Covid-19 procedentes de 32 residencias geriátricas de la isla. Hay que decir que de los 725 pacientes que han tratado, a lo largo del último año, han sido dados de alta el 86%. Y hay que decir que la media de edad de los enfermos era de 80 años y que la media de estancia nunca bajó de las dos semanas.

“Desde el primer día que tuvimos que transformar nuestro hospital, habituado a temas de rehabilitación y traumatología, para recibir pacientes de Covid-19, nos dimos cuenta que la desesperación se apoderaba, desde el primer instante, de los familiares”, señala Carulla. “La razón era evidente: todos estábamos en estado de alarma y, sobre todo, el virus nos obligaba a mantener al enfermo aislado, alejado de sus familiares. Es por ello que el Comité de Ética Asistencial de nuestro centro trata, por todos los medios, de hacer lo más humana, no decimos agradable, la estancia del enfermo en nuestro centro y, sobre todo, mantener informada a la familia”.

Dos enfermeras ayudan a una paciente del Hospital Sant Joan de Déu, de Palma, a hablar, por videollamada, con su familia.

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“No era fácil, no, llamar cada día a los familiares de nuestros pacientes para informarles del estado de su abuelito y/o abuelita”, comenta la doctora Carmen Gómez. “Porque, una cosa era la llamada médica, es decir, la que hacíamos para informarles del estado de su familiar y otra la que intentábamos y, sí, en el 90% de los casos lográbamos, para que pudiesen hablar con él”. “Tal vez hayan médicos que no crean que el ánimo del paciente también cura y que, saberse querido por los suyos, les empuja a recuperarse. Nosotros siempre hemos creído en esa, llamémosle magia o sensación de cariño, y por eso hacemos grandes esfuerzos para que nuestros abuelitos se sientan acompañados. No digo que el 86% se hayan curado por eso ¡Dios me libre!, pero nos ha ayudado mucho”.

Humanizando la comunicación

Cuando el equipo de Carulla se puso en marcha ya se producían, por supuesto, esas llamadas diarias para informar del estado del paciente a sus familiares. Lo que se añadió, muy poco después de iniciada la pandemia, fue esas fórmulas originales de contacto paciente-familia. Se humanizó el espacio, la habitación, del paciente con la presencia de fotografías, objetos personales y recuerdos. Se difundieron cartas solidarias, leídas por voluntarios, en el canal privado de la TV del centro. Hubo apoyo telefónico a pacientes y familiares por parte del equipo de Atención Psicosocial. Los doctores, enfermeras, enfermeros y equipo asistencial llevan colgada del cuello una foto suya, tipo acreditación, con su nombre bien grande para que el paciente pueda identificarles al ir totalmente tapados (o casi) por el equipo de protección individual, esa especie de buzo. Y, finalmente, la magia, que llegaba a través de las videollamadas realizadas desde las habitaciones, con un Ipad del centro, a la familia.

"Yo solo sé que esas videollamadas animaban, motivaban y le suponían un empujoncito a mi abuelo para creer y curarse"

Ester / Nieta de Blas, enfermo de Covid-19 y neumonía

“Todos, absolutamente todos nosotros, hemos sufrido en nuestras familias algún caso de Covid-19, estoy segura”, señala la doctora Gómez. “Por eso, todos estamos capacitados para entender lo que voy a decir: no hay mayor recompensa en esta vida que ver sonreír, solo sonreír, ni siquiera hace falta una carcajada, a un abuelito o abuelita, cuando ve la cara de su esposa, esposo, hijo, hija, nieto o nieta. Esa imagen, de la que hemos disfrutado mucho en nuestro hospital, es impagable y, desde luego, solo superada por la curación del enfermo”.

El esfuerzo del equipo médico, de todo el equipo del centro, es muy notable, entre otras razones porque, como todo el mundo puede suponer, hay pacientes con Covid-19 que, dada su avanzada edad, también padecen Alzheimer, lo que dificulta la llamada, que, en muchos casos, debe realizar un auxiliar. Ni que decir tiene que la comunicación del abuelito con la familia no es diaria pero, como poco, se realiza cuatro días a la semana e, incluso, algunos días más de una vez.

Verles la cara, oirles

“Yo solo puedo decir una cosa: es tranquilizador que te llame la doctora cada día; es estupendo que siempre, siempre, te diga la verdad y es muy gratificador poder contactar con mi abuela y verla con buena cara, animarla y decirle que saldrá de esta. Porque, claro, una cosa es que la doctora te diga que la cosa va bien y otra, muy distinta, poder constatar tú, con la videollamada, que se va recuperando”, explica Belén, que tiene a su abuela Maria Josefa ya a punto de salir del hospital. “El primer día me dijeron que los siete primeros días eran vitales en esta enfermedad y, al décimo, ya me dijeron, estamos saliendo, estamos saliendo. Ese día la videollamada fue única, maravillosa”, concluye Belen.

Ester tiene a su abuelo Blas, de 90 años, un mes internado con Covid-19 y neumonía. Ya no tiene el virus y se está recuperando de la neumonía. “Ahora ya podemos ir a verle, pero durante varias semanas la videollamada ha sido, de verdad, media vida, perdón, ¡la vida entera!, para nosotros. ¡Hasta nos peleábamos por salir en el móvil!, porque nos viera a todos, por decirle qué bien te veo. Era un caos. Y él, feliz”, cuenta Ester, que coincide con la doctora que “para mi abuelo, que, a veces, pierde la noción del tiempo, se despista, ese contacto cada dos días, también le suponía un reset, le animaba, le motivaba, como si le diese un empujoncito para creer”. Ester cuenta que hasta le envió un par de cartas para que se las leyesen “pues él no sabe leer”. Y, sí, también varias fotos de la familia, que Blas mantiene en su mesita de noche.

Un grupo de enfermeros y enfermeras, de Sant Joan de Déu, con su foto como acreditación para que puedan identificarles los pacientes.

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Esperança también está “enormemente agradecida” al Hospital Sant Joan de Déu. “Mi padre Gabriel es mayor, está un poco sordo, jamás se ha manejado bien con el móvil y la verdad es que la ayuda que ha recibido del personal del hospital ha sido una maravilla”, señala Esperança, que ya tiene a su padre en casa tratando de animarle “para que vuelva a tener gana, para que coma lo que quiera”.

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Esperança, muy partidaria de que una imagen vale más que mil palabras “pese a que todo lo que nos fueron contando los doctores se ha cumplido”, reconoce que hubo un día que hasta hablaron con él, ya recuperado, “tres veces: primero le llamó mamá, luego mi hermana Margarita y por la tarde, yo”. Y, por la noche, explica, “las tres mantuvimos una charla maravillosa sobre lo bien que lo habíamos encontrado”.

“El Covid nos ha destrozado la vida a todos y, por supuesto, a los sanitarios nos ha cambiado la manera de enfocar la medicina, la asistencia y, sobre todo, nos ha obligado a poner en valor lo mucho que significa la humanización del tratamiento y, por supuesto, lo importante que ha pasado a ser el trato y la información que damos a la familia”, señala Carulla, que, lamentablemente, creía ya superada la peor fase “pero aún seguimos recibiendo abuelitos, ya menos porque empiezan a vacunarse, de las residencias”.