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Autopsias sin abrir el cuerpo

Médicos del Clínic e investigadores de IsGlobal crean un método poco intervencionista para conocer la mortalidad en países africanos

Obtienen pequeñas muestras de tejido pinchando los órganos que más suelen enfermar, sin dejar cicatriz en el cadáver

Àngels Gallardo

Laboratorio de IsGlobal en Barcelona, donde se realizan las comprobaciones de las autopsias de Maputo.

Laboratorio de IsGlobal en Barcelona, donde se realizan las comprobaciones de las autopsias de Maputo. / JULIO CARBÓ

El cadáver de los seres humanos es un archivo informativo de alto valor que permite a los gobiernos conocer las razones por las que mueren sus ciudadanos y trazar las políticas sanitarias adecuadas. Por esa razón, los países occidentales invierten en métodos que no solo certifican legalmente las causas de una muerte, sino que orientan de las patologías más recurrentes. Cuando el motivo del fallecimiento no está claro, se recurre a la autopsia. Esto no es así en todo el mundo. En numerosos países de África y el Sudeste asiático, la mayoría de ciudadanos enferman y mueren sin pisar un hospital, y son enterrados sin que quede constancia de un diagnóstico que certifique por qué han fallecido. Entre los que mueren en un centro sanitario, son escasas las familias que acceden a facilitar que se realice una autopsia que informaría del proceso que ha resultado fatal -por razones religiosas, rehúsan a que un bisturí despiece el cadáver-, por lo que no disponen de un registro epidemiológico que cuantifique las causas de muerte de la población. Esa información es imprescindible para trazar, entre otras, políticas de prevención de enfermedades o de vacunación.

Esta grave circunstancia ha movilizado a un equipo de patólogos (especialistas en analizar tejidos) y epidemiólogos adscritos al Instituto de Salud Global (IsGlobal), de Barcelona, y del Hospital Clínic, que, de forma experimental, están aplicando en Mozambique una eficaz modalidad de autopsia que denominan "mínimamente invasiva" en la que no emplean el bisturí, no abren el cadáver ni dejan ningún rastro quirúrgico susceptible de molestar a los familiares, pero les proporciona información: consiste en pinchar en cuatro órganos estratégicos del cuerpo con el fin de obtener diminutas porciones biológicas que, una vez analizadas, revelan datos sobre el motivo de la muerte.

BÚSQUEDA A CIEGAS

Los pinchazos se aplican “a ciegas”, explica el doctor Jaume Ordi, patólogo del Clínic y coordinador del estudio de IsGlobal. Sin saber exactamente si el punto que se analizará estaba afectado por la enfermedad que resultó mortal, ni de qué mal se trató. Cuando un primer pinchazo no informa de ninguna patología, hacen varios más en las inmediaciones del mismo tejido, o cambian de órgano. La prueba se realiza en las zonas que más habitualmente están vinculadas con un fallecimiento: el hígado, los pulmones, la sangre y el líquido cefalorraquídeo del cerebro. La jeringuilla empleada para propiciar esta peculiar autopsia extrae un centímetro cúbico del tejido o líquido, una pequeña porción que resulta suficiente. Su huella será imperceptible. “A veces acertamos, y en ocasiones no pinchamos en el órgano que enfermó", explica Ordi.

Las autopsias poco intervencionistas de IsGlobal se aplicaron entre el 2011 y el 2012 en 280 cadáveres de todas las edades, reunidos por el servicio de anatomía patológica del Hospital de Maputo, en Mozambique. Sus resultados se compararon con los de otras tantas autopsias convencionales realizadas en los mismos cuerpos, esta vez en Barcelona, en el Clínic, ya que solo de esta forma fue posible establecer la validez del método, requisito exigido a un ensayo clínico. “Acertamos en el diagnóstico de un 75% de las causas de muerte analizadas –asegura Ordi-, lo que podemos considerar un éxito si tenemos en cuenta que se trataba de personas de las que no teníamos ninguna información médica”.

Esta forma de autopsia no tendría sentido en un país occidental, ya que aquí se certifica rigurosamente la causa de una muerte

Las principales dolencias mortales detectadas fueron meningitis, neumonía, infecciones y diarreas. Estos resultados se han ofrecido a las autoridades sanitarias de Mozambique, con el fin de que puedan trazar planes preventivos. 

FINANCIA LA FUNDACIÓN GATES

“Estas autopsias por biopsia no tendrían sentido en ningún país europeo, porque aquí existe un registro exhaustivo de las causas de muerte de la población: un médico firma el certificado de defunción que describe el diagnóstico –explica Ordi-. Somos conscientes de que lo que hacemos en África es un sucedáneo de autopsia, porque no es lo mismo abrir un cadáver y tener en la mano un pulmón que pinchar desde el exterior, a ciegas, pero la validez de nuestros resultados es alta y, sobre todo, ayudará a que las organizaciones de ayuda financien proyectos sanitarios”.

IsGlobal prevé ampliar ahora la investigación, centrándola en 300 niños que fallezcan en la misma capital, una zona con altísima mortalidad infantil y neonatal. Como en el primer proyecto, la investigación será totalmente financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates, que en esta ocasión proporcionará cinco millones de dólares. Este presupuesto debe facilitar que el equipo de IsGlobal forme a médicos de Mozambique y otros países africanos en la realización de autopsias mínimamente invasivas, con el fin de que asuman esa función y proporcionen datos de mortalidad a sus gobiernos.

Las entidades solidarias de salud son reacias a invertir en países que desconocen las causas de mortalidad de sus poblaciones.  

Estadísticas con autopsia verbal

La potente financiación de programas de prevención y tratamiento del VIH, que causa el sida, la tuberculosis y la malaria, que mantienen desde hace 15 años importantes fundaciones de ayuda en África, fundamentalmente la de Bill Melinda Gates, se apoyan en rudimentarios sistemas que informan de las zonas donde se producen más muertes por esas tres dolencias. Con esos datos se trazan las cifras de infección y muerte que cada año difunde ONUSIDA.

Al método que facilita esa información lo llaman “autopsias verbales” y consiste en desplazar a los domicilios de los fallecidos a técnicos que interrogan con el máximo detalle posible a los familiares de quien ha muerto. Qué le pasó, cuánto tiempo estuvo enfermo, a quien suponen que contagió y cómo y dónde se produjo la muerte son algunos de los datos que proporcionan estas peculiares autopsias habladas, que muchas veces se realizan hasta dos meses después de ocurrido el fallecimiento. “Así se trazan las causas probables de la muerte en muchos países de África y Asia”, asegura Jaume Ordi, patólogo del Hospital Clínic.