Se trata de una costumbre muy arraigada en España y que viene causando una muy bien documentada perplejidad a los extranjeros que visitan nuestro país desde el siglo XVII. A la escritora francesa Georges Sand, sin ir más lejos, le parecía escandaloso que los mallorquines dedicasen al sueño reparador las horas más bellas y luminosas del día.

Otros visitantes extranjeros, sin embargo, han ido más allá de la escandalizada incomprensión de Sand, Voltaire y compañía y han estudiado la siesta como una costumbre tal vez a contracorriente, pero potencialmente acertada y saludable. En los últimos años, incluso la ciencia está empezando a pronunciarse a favor de este rato de sueño que parte la jornada en dos.

 

 

Una costumbre popular y con amplio arraigo

Los romanos llamaban `hora sexta´ (de ahí el término siesta) a un periodo comprendido entre las 14 y las 16 horas durante la cual era una costumbre tomarse un pequeño descanso tras la comida para poder enfrentarse al resto de la jornada con más fuerzas. Ese sueñecito tras el almuerzo ha tenido ilustres defensores, desde el físico, matemático e inventor Arquímedes al Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela, quien la definió como el `yoga ibérico´. Y también la practicaban Thomas Alva Edison, que decía aprovecharla para inventar, Albert Einsten (porque le inspiraba, según dejo dice), el músico Johannes Brahms, que hasta se dormía sobre el piano, Salvador Dalí, quien afirmaba que pintaba mucho mejor tras descansar unos minutos, y Sir Isaac Newton, Margaret Thatcher, Winston Churchill, Napoleón Bonaparte, Leonardo da Vinci, John F. Kennedy…

Sigrid Olsson

 

Esfuerzo, biorritmos y recuperación

A lo largo de la jornada recibimos constantemente información, lo que nos obliga a analizarla, tomar decisiones y actuar. De todo ese esfuerzo nuestro cerebro se recupera durante la noche. Además, los denominados biorritmos nos llevan a un menor nivel de atención entre las 2 y las 4 de la madrugada y también entre las 14 y las 16 de la tarde aproximadamente. Justo es en ese periodo cuando aprovechamos para comer y, si se puede, hacer un pequeño descanso. Ese es el momento de echar una reponedora siesta.

 

Sus principales beneficios

– Descansa y despeja la mente.

- Disminuye  el estrés, alivia tensiones, combate la ansiedad y relaja el organismo.

- Previene las cardiopatías y reduce de manera apreciable la tensión arterial y el riesgo de infarto.

- Tiene un efecto reparador que combate a los radicales libres.

- Ralentiza el envejecimiento y alarga la vida.

- Elimina o reduce los síntomas de cansancio físico.

- Aumenta la concentración. Durante el sueño, los recuerdos inmediatos pasan a ocupar otra zona del cerebro dejando hueco libre para asumir nuevas tareas.

- Mejora el aprendizaje. Con la siesta nuestra mente se limpia y ordena y deja espacio para afrontar nuevos conocimientos. Por ejemplo, el rendimiento escolar de los niños mejora apreciablemente con ese descanso.

- Favorece la capacidad creatividad y la imaginación. Muchos artistas defienden la siesta y dicen sentirse inspirados tras ella.

- Es beneficiosa para la intuición y la capacidad de resolver problemas.

- Ayuda a mantenernos más lozanos, sanos y naturales. El rostro refleja luminosidad y frescura.

- Promueve la positividad, mejora el estado de ánimo, produce buen humor y provoca sensación de bienestar.

Con este listado de beneficios de la siesta, no es extraño que algunas compañías de Japón y Estados Unidos hayan acondicionado lugares para que sus empleados puedan practicarla. Y les es rentable. Así lo han hecho empresas como Google y la cadena neoyorquina Yelo, que ofrece cabinas de descanso, cuenta con casi 5.000 clientes y tiene ya previsto ampliar el negocio. Los alemanes, en contra de lo que habitualmente se suele pensar, están entre los europeos que más practican la siesta: cerca de un 24% lo hacen con cierta frecuencia.

 

La siesta ideal

Andriy Popov

Si se han analizado los beneficios de la siesta, es lógico imaginar que también se ha estudiado el tiempo ideal. De ahí se deduce que lo perfecto está entre 5 minutos como mínimo y un máximo de 20. En ningún caso debe superar la media hora, porque entonces el cerebro entra en otro tipo de sueño y empieza la fase REM de la que más difícil despertar. En caso de interrumpirse, produce perjuicios como mal humor, sensación de pesadez y cansancio.

El tiempo también depende mucho de cada persona. Las hay que necesitan muy poco y en cambio a otras les gusta alargar ese periodo descanso. Lo más recomendable, siguiendo esas pautas, oscila entre unos diez minutos y una hora como máximo. La mejor siesta es, pese a todo, la que dura entre 15 y 20 minutos.

Para practicar una buena siesta hay que buscar un lugar tranquilo, dejarse ir, relajarse y respirar lenta y profundamente. Conviene sentir la comodidad y la sensación de paz y tranquilidad. Eso sí, también hay personas que se duermen en cualquier posición y en cualquier sitio. Digamos que tienen una facilidad innata.

 

Algunas contraindicaciones

Las personas que tienen problemas con el sueño no deberían practicar la siesta. Normalmente están siempre cansadas y tras la comida es fácil que sientan la tentación de echar una cabezadita. No es buena idea porque ese sueño, aunque sea mínimo, les robará un buen tiempo por la noche. Los insomnes deben seguir estrictamente las normas de higiene del sueño y la siesta no está entre ellas.

Tampoco está recomendada para aquellos que trabajan en turnos rotativos porque sus ciclos de sueño y vigilia ya están de por sí bastante alterados. En el sueño, el orden es fundamental.