“Caro amigo ti scrivo”, “cosí mi distrago un po'”. Las pasadas fiestas navideñas, la Via d'Azeglio de Bolonia no estaba decorada con los habituales adornos propios de tan especiales fechas. En lugar de campanas de Belén, estrellas del portal o abetos luminosos, las luces de una de las principales calles comerciales del centro de la ciudad reproducían las estrofas de L'anno che verrà, una canción escrita 40 años atrás por Lucio Dalla que, bajo la forma epistolar, vaticina un montón de sorpresas para el año que está a punto de comenzar, entre ellas que “será tres veces Navidad”.

No es el único homenaje que la ciudad emiliana rinde a quien fue uno de sus artistas más queridos. Cada cuatro de marzo, la fecha en la que nació el cantautor italiano, Bolonia celebra una fiesta para recordarlo, ya sea un concierto popular, ya un acto más íntimo en el teatro Comunale.

Lucio Dalla vivió una historia de amor con Bolonia que va mucho más allá de las relaciones que los artistas contraen con las ciudades en las que nacieron. Dalla era Bolonia, y Bolonia era Dalla. Su espíritu, sus canciones, su figura en bicicleta, continúan vivas en las calles del centro de la ciudad italiana.

 

Un boloñés entusiasta

Nacido el 4 de marzo de 1943, en un palacio de la plaza Carvour de Bolonia, Lucio Dalla vivió toda su vida, excepto un breve periodo como estudiante en Roma, en su ciudad natal. Primero, en el lugar en el que vio la luz y, más tarde, en la via delle Fragole, a donde se trasladó con su madre después del fallecimiento de su padre, presidente del club de tiro boloñés, cuando el pequeño Lucio tenía solo siete años.

Pronto se convirtió en un personaje popular en las calles de la ciudad. “Circulaba por Bolonia en bicicleta y a menudo se le veía a pie por las calles del centro”, recuerda Antonella Federici, funcionaria jubilada que ha vivido en Bolonia toda su vida y que, como muchos boloñeses, venera la figura del músico. “Tenía una relación muy particular con su abuela Lia, con la que se reunía a charlar y fumar unos cigarrillos en las escaleras de la iglesia de San Petronio, la más famosa de Bolonia, que ocupa el lugar principal en la 'Piazza Grande', la  misma que aparece en la canción que llevó a San Remo junto con el músico Mauro Pagani”, rememora Federici.

Su carrera musical pasó por numerosas fases, desde la época beat a través de la experimentación rítmica hasta la canción de autor, en la que incluso coqueteó con la ópera y la música lírica. El crítico musical Carlos Pérez de Ziriza lo define como “un tipo de una capacidad prodigiosa para trazar melodías imborrables, que no le hacía ascos ni al pop, ni al jazz, ni a la música clásica ni a la canción de autor ni a prácticamente ningún estilo que se le pudiera por delante”.

Y realmente es así. Si uno analiza su extensa discografía, que abarca más de 40 años, puede encontrar de todo, desde temas con una notable carga jazzística, como la versión del You've Got A Friend de Carole King interpretada al clarinete que incluyó en el Q-Disc Lucio Dalla (1981), hasta versiones de arias de ópera como Caruso, canción estrella del álbum en directo DallAmeriCaruso (1986). Precisamente esta canción, dedicada al tenor napolitano homónimo fue la que le dio a Dalla cierta notoriedad en España, más como autor del tema que como intérprete (en nuestro país fue mucho más popular la versión que hizo de ella Luciano Pavarotti), aunque Víctor Manuel y Ana Belén habían versionado, traducidas al español, algunas canciones suyas y el propio cantante boloñés grabó varios temas suyos en castellano, caso de El cielo o Cuando era un soldado.

Tras unos comienzos en el jazz, con la banda los Flippers, y una etapa entre lo experimental y lo popular (participó varias veces en el festival de San Remo), su consolidación llegó en los 70, sobre todo a raíz de la publicación de Lucio Dalla (1979), su octavo álbum de estudio, que llegó a vender más de un millón de copias en Italia y del que este año Bolonia conmemora el 40 aniversario con diversos actos.

 

Música popular

“Fue un músico pop en el sentido de popular, que se hacía entender sin por ello dar la espalda a la poesía. Y un superviviente de una época en la que, también aquí en España, parecíamos mucho más cerca de todo lo que se cocía en la escena italiana”, insiste Pérez de Ziriza, y esa popularidad la compaginó con colaboraciones memorables con personajes de la vida y la cultura italiana, como Roberto Reversi, “con el cual escribió Nuvolari, entre otras muchas canciones, dedicada al corredor de Fórmula 1 de los años 40 Tazio Nuvolari”, matiza Federici, pero también con el cantante romano Francesco de Gregori, con quien grabó dos discos en directo, el mítico Banana Republic y el postrero Work in Progress, o con Gianni Morandi, su compañero y amigo, también boloñés.

“Dalla y Morandi fueron como las dos caras de Bolonia durante muchos años”, dice Francesca Dardi, licenciada en comunicación de 31 años nacida en Bolonia aunque no muy aficionada a su música. “Soy de otra generación, pero entiendo la importancia que tiene Dalla en la ciudad”, aclara Dardi. Dalla y Morandi, además de grabar DallaMorandi, un disco esplendido en el que cantan canciones de ambos a alimón, iban al fútbol juntos, a ver al Bologna FC, junto a Andrea Mignardi y Luca Carboni.

Todos ellos escribieron, a ocho manos, Le tue ali Bologna, el himno oficial del equipo de fútbol. No era la única pasión deportiva que profesaba Dalla. Además de ser habitual de los partidos de baloncesto de la Virtus de Bolonia, “en los primeros días del año lo podías encontrar en el Palasport viendo combates de boxeo y era un seguidor del púgil Dante Cane, llamado 'El charcutero' porque regentaba una charcutería en San Donato. Solía ir acompañado de su amiga Iscra Menarini, quien fue corista en sus actuaciones durante muchos años, y eso alimentó los rumores sobre una relación entre ellos”, explica Antonella Federici.

Sin embargo, su vida personal siempre permaneció en segundo plano para la opinión pública, hasta que, de un modo más o menos explícito, empezó a dejarse ver por Bolonia con el joven Marco Alemanno, 37 años más joven que él. “En Bolonia corrió el rumor de que había adoptado a su amante como hijo y eso provocó un gran escándalo”, recuerda Dardi.

 

Marxismo heterodoxo

Hombre de notables contradicciones, Dalla fue, durante gran parte de su vida, un provocador y un símbolo de la izquierda italiana. Su carácter políticamente incorrecto se esfumó cuando, en 2008, renegó de su supuesta filiación marxista y alabó en una entrevista a José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Sus puntualizaciones a aquellas palabras solo sirvieron para reforzar la idea de que Dalla era un personaje lleno de matices: izquierdista y burgués, homosexual en el armario y católico practicante. Su vida era, en fin, como su legado musical.

Vincenzo Bisceglie

Dalla murió de forma súbita, por un ataque al corazón, el 1 de marzo de 2011, días antes de cumplir 69 años, en un hotel de Montreux (Suiza), la ciudad en la que había actuado la noche anterior en el que fue su último recital. “Bolonia entera quedó conmocionada”, recuerda Dardi. Tanto que, a su funeral en la iglesia de San Petronio, acudieron 50.000 personas, una séptima parte de la población de la ciudad. El funeral también fue objeto de reivindicación por parte de los colectivos gay italianos, que vieron en aquella manifestación un ejemplo de tolerancia en un país en el que ser homosexual y católico parece ser contradictorio.

Este año, en la casa que compró en la Piazza Celestini, esquina Vía D'Azeglio, el ayuntamiento de la ciudad ha abierto, después de una disputa legal con sus herederos, una casa museo en su nombre a la salida de la cual, esta Navidad, se podía seguir la senda de la letra de 'L'anno che verrá' en las luces que decoraban la ciudad.