Supongo que ustedes no están preparados para esta música. Pero a sus hijos les encantará”. Marty McFly resumió así, tras un estruendoso solo de guitarra que le dejó por los suelos en Regreso al Futuro (Robert Zemeckys, 1985), lo que pensarían los boomers del reguetón, los millenials del trap, y la Generación Y (¿O ya vamos por la Z?) de todo aquello que no incluya autotune, este artilugio sintético que modifica y afina la voz, tan tristemente popular. 

Resulta complicado tratar de dilucidar, bola de cristal mediante, qué es lo que se escuchará en el futuro. Asistimos al final de una década marcada por el cambio de paradigma en cuanto a la música comercial, que ha dejado de lado el pop-rock que lo reventó a inicios de este milenio para centrarse en el denominado como rock urbano.  Lo que “mola” cambia cada vez más deprisa, y hoy nosotros nos preguntamos, ¿qué música escucharemos en el futuro?

Para ello, hablamos con expertos, críticos, músicos, agentes culturales y productores. No esperamos llegar a ninguna respuesta. Tan solo, sentir aquello que corrió por las venas de McFly en aquella fiesta de fin de curso: que el futuro nos pertenece. (Aunque sea, tan solo, en la faceta musical). 

 

La música que lo iba a petar

Puede que el gran lema de la juventud sea ese grito punk de “No Future”. Un himno que siempre se ha atribuido a la falta de oportunidades para los jóvenes (ahora más que nunca); pero que también podría explicarse desde un punto de vista más poético: cuando eres joven, “importa un comino” (en palabras del veterano presentador de Radio3, José Miguel López) lo que nos depare el futuro. Tan solo importa el siguiente minuto, la siguiente fiesta, el siguiente concierto. “Carpe diem”, también en lo concerniente a nuestras ideas sobre la música.

“Cuando era pequeño (tengo 31) directamente vivíamos en el futuro (Backstreet Boys, N-Sync, Britney Spears)...”, comenta Carlos René, un productor que disfruta de un momento dulce, al haber participado recientemente con artistas tan reivindicados como La Bien Querida (en Brujería, Elefant Records, 2019), Axolotes Mexicanos, Confeti de Odio, o su proyecto personal, Nueva Cornelia. “Pelos de colores, muchísima gomina, ropa espacial, trucos futuristas en los videoclips, yo no creo que se pensara que fuera a haber algo más avanzado porque vivíamos en el p*** año 2000, lo más”, recuerda este millenial

Una experiencia que difiere bastante de los recuerdos de Francisco Contreras, más conocido en su faceta musical como Niño de Elche. Uno de los artistas que ha sacado al flamenco del cajón de los enterados para experimentar, transformar y romper con todos los esquemas del género. “Cuando era adolescente no tenía ninguna visión por el futuro próximo”, comenta Contreras. “La música que escuchábamos en las tascas ilicitanas eran el rap, el metal y el pop rock. El flamenco pertenecía a mi ámbito más reducido y no entraba en el imaginario de las músicas comerciales”. 

Niño de Elche, cercano en edad a René, también recuerda los primeros coletazos de Operación Triunfo y la masificación del indie. "La electrónica y la música clásica no pertenecía a mi mundo. En un ambiente cultural como el de Elche lleno de discotecas convencionales, el imaginario musical era bastante reducido al igual que su visión por el futuro en cualquier ámbito”, explica este artista.

Sin embargo, para Ignacio Juliá, fundador y co-director de la provecta y decana revista Ruta66, el futuro en cuanto a la música quedó claro allá por los años 70. “Cuando los Beatles se separan, en 1970, yo tengo catorce años”, confiesa. “Visto desde este presente de ecléctica abundancia, no puedes imaginarte el trauma que aquella separación causó entre los adolescentes, no se hablaba de otra cosa a la hora del recreo. Dicho esto, y sin que nosotros lo supiésemos entonces, en los últimos discos de los Beatles ya se proyectaba lo que sería el futuro musical: heavy-rock, americana, revival blues, experimentación, incluso punk. ¡Helter Skelter! Todas aquellas profecías se fueron cumpliendo durante los años setenta”, afirma este periodista.

Entonces, ¿cómo hemos podido llegar a esto?

 

La música que lo peta: mucho más que reguetón y trap 

 

Si Marty McFly regresara a nuestra época y escogiera cualquier canal de música generalista, podría llegar a pensar que ya no queda apenas nada del rock que tanto lo petaba en sus viajes inter-temporales. Sin embargo, aún quedan reticentes como José Miguel López: “Me importa muy poco el género que está de moda, no le hago ni caso”. 

Niño de Elche en un concierto en Madrid.  | Diario de Madrid

Efectivamente, no es el único, y más allá de la música enlatada nos encontramos con que el rock no ha perdido su sitio en el presente; más bien al contrario, los clásicos power-trio de guitarra, bajo y batería han vuelto (¿Llegaron a irse?) con extraordinaria popularidad. Los Nastys, el joven grupo madrileño de garage rock, vienen a confirmar la popularidad del género saldando con sold outs todos y cada uno de sus bolos, ya sean en salas o en festivales: 

“Pienso que no necesariamente dependes de un estilo para estar de moda, sino de unas circunstancias añadidas a una buena propuesta musical”, nos explica Fede, batería de la formación. “En el caso de los Nastys, ahora estamos metiéndonos con cosas nuevas para próximos lanzamientos, que pueden estar más cerca de lo que parecen. Estamos partiendo de lo que hemos ido haciendo hasta ahora en cuanto a formación guitarra-bajo-batería pero sin descartar otro tipo de instrumentos”, nos adelanta.

Otro género que ha levantado pasiones durante esta última década, acercándose a ritmos latinos (como ya consiguió Niño de Elche en su reciente Colombiana -Sony, 2019-), es el flamenco. Algo que ni el el propio Niño de Elche podría haber llegado a imaginar y que -de hecho- tampoco termina de creer:

“Estar de moda depende con qué lo compares pero sí, podríamos aventurarnos a decir que la palabra flamenco está de moda con relación a las demás músicas”, expone el músico. “Esto no quiere decir que sea comercial o de fácil venta. Es una paradoja con la que tenemos que trabajar. No se puede decir que el flamenco en un sentido global ha llegado al mainstream, ya que el flamenco es un arte individualista en su mayoría y por ende no nos permite hablar ni de colectivos, ni de escenas ni de generaciones. Si llega a un sitio u otro es porque un artista en particular ha labrado un camino en pro de esa meta”, nos explica Contreras. 

Carolina Durante, un grupo que devuelve la esperanza al futuro comercial del punk rock | Mariano Regidor / Sonido Muchacho

En efecto, actualmente “ya no hay un género musical predominante, a no ser que sea el pop mainstream de autotune y alevoso muzak”, según vuelve a dilucidar Ignacio Juliá. “Lo que está de moda es la atomización de todos los géneros, el picoteo indiscrimado, el poner un vídeo en YouTube y no acabarlo para saltar a otro”, agrega, coincidiendo con Contreras en el carácter individualista del gusto musical. 

“A nivel de vanguardia hay un panorama muy rico tanto en la música electrónica (no el chunda chunda, sino la electrónica tipo Escuela Planeadora de Berlín, tipo banda sonora de Chernobyl, tipo Esplendor Geométrico…”, intercede José Miguel López. “ Jamás se pondrá de moda, ni falta que hace”, sentencia. 

Ruth García, agente cultural centrada en la escena electrónica de Barcelona, coincide en la valoración de López: “Actualmente se está volviendo mucho a los sonidos de esa década, los 80, tanto en el new wave o la corriente más guitarrera, como en la electrónica, donde el EBM (Electronic Body Music) ha vuelto a resurgir con fuerza”, explica. “De hecho, bandas como Boy Harsher, Die Selektion o Years of Denial apuestan por incluir esos matices propios de la EBM que recuerdan a clásicos como Nitzer Ebb en sus producciones”, nos desvela. 

 

La música que lo petará

Esta nostalgia por las décadas de los 80 y los 70 no debería resultar sorprendente a estas alturas, después de la aparición de titulares tan elocuentes como “Los millenials prefieren la música de los 60 a 90s que la de su propia época”. Así las cosas, ¿sería posible atisbar un futuro en el que la individualidad del presente se una a la nostalgia por un pasado, el de los 60, que los jóvenes de hoy en día nunca llegaron a vivir? Resulta paradójico, pero las opciones se multiplican. Y debemos recordar que los bares favoritos del futuro distópico de McFlye eran todos de homenaje a los 80: 

“Creo que lo que está más de moda es lo armónica e instrumentalmente complejo, hemos vivido muchos años de trap monocorde simple y sintético y ahora por contraposición veo que gustan más los instrumentos reales”, explica René. 

Por su parte, Gemma del Valle, co-fundadora del sello Subterfuge, se aventura por una visión más sucia: “Creo que en este mundo de apariencia en redes, de like y de share y vidas falseadas en redes sociales, lo que empieza a apetecer es algo radical, contestatario y muy auténtico… incluso feísta”.

En completa oposición a esta premonición musical se encuentra la de Niño de Elche, que apuesta por “una música que necesite de la visión, del tacto y del gusto para ser consumida. Cada vez será más importante la creación de formatos diferentes para llegar a una experiencia-ficción más allá de la tan denostada escucha”. 

Contra la autenticidad feísta de Gemma, Contreras propone drogas y circo: “Basándonos en esto podríamos plantear que el pop, indie o electrónica house de baja calidad mezclado con circo, gastronomía con algo de autoayuda y espacios donde drogarse más cómodamente sea la clave, en este caso la estructura donde se recoloca la música será más importante que la música en sí pero... ya está pasando, ¿no?”, plantea la bola de cristal de este artista, posiblemente, en referencia a la omnipresencia de los macrofestivales. 

La visión de José Miguel López, sin embargo, parece volverse más distópica, aunque tan poco amable con el futuro como las del resto de adivinos de este artículo. López, incluso, nos alerta de la llegada de una amenaza aún más salvaje que la del cambio climático: los amish:  “En el año 2050, con permiso del cambio climático, habrá reguetón hortera, nuevos bailes de calidad (todavía por nombrar), y tropecientos estilos más”, receta este experto. “No creo que venga una mente totalitaria, que reduzca el espectro sonoro, aunque los amish puedan acechar. Con lo hábiles que son los ingleses inventándose palabras (rap, rock, blues, swing, noise, britt…) seguro que se inventan algo llamativo”, ironiza López. 

 

La música que debería haberlo petado

Si bien pocos podrían haber vaticinado la llegada de géneros como el reguetón o el trap a la palestra de la popularidad musical, lo cierto es que muchos sí quedaron extrañados de que otros tantos, como el bogaloo o el cuplé, no hayan adquirido la relevancia que, a priori, prometían en su nacimiento. Así, en el apartado de “injusticias musicales”, nuestros adivinos parecen coincidir en un aspecto: el folclore debería haberlo petado mucho más. ¿Escucharemos copla en nuestros futuros viajes a Marte?

Para Ruth García, “el Chotis, que es folclore típico de Madrid y con un mensaje bastante moderno (ya que es la mujer la que guía al hombre en ese baile tan característico y con un mensaje no sin ironía), lo debería haber petado más”.

“Sin duda el bolero y la copla”, reivindica Carlos René. “Hay demasiado poco a día de hoy para lo originales, bonitos y relevantes que me parecen”, se indigna este productor. Mientras, Niño de Elche admite que “es de una injusticia divina que el cuplé no lo haya petado más en el siglo XX y XXI”. 

En todo caso, citando a López, “todos los géneros han tenido su momento de gloria, incluso el mambo y el boogaloo. A mi me gustaría que la gente los conociera todos y tuviera espíritu crítico con ellos. Eso es imposible, pero soñar es gratis”. 

Y es que parece que, sin duda, soñar es lo único que podemos permitirnos en estos momentos a la hora de hablar de música. De los bailes latinos al autotune, del rock crudo de Los Nastys o Carolina Durante al flamenco de Niño de Elche, el espectro musical ha crecido tanto que se convierte en inabarcable, sometiéndonos una vez más a elegir entre cientos de miles de opciones. 

Al menos, esperamos que este viaje espacio-temporal nos acerque, de nuevo, a lo verdaderamente importante: la música. 

“¿Géneros musicales, McFly? Donde vamos no necesitamos géneros”.