“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Así arranca la obra maestra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, y así arranca también esa fértil corriente de la literatura contemporánea que se ha dado en llamar realismo mágico.

Ambientada en un pueblo ficticio de la ribera del río Magdalena llamado Macondo, la primera novela del gran patriarca de las letras de América Latina cuenta con maestría narrativa e incuestionable atención al detalle la historia de siete generaciones de la familia Buendía. En el siglo y pico de historia de Colombia que abarca el relato, se suceden desastres naturales, guerras civiles y fenómenos inexplicables.

 

Éxito instantáneo, prestigio creciente

Cuando el libro se publicó por vez primera en 1967, obtuvo un éxito de crítca y público casi inmediato, pero su verdadero impacto como novela de un rupturismo revolucionario no se apreció hasta bien entrada la siguiente década. Su reputación creció de manera exponencial durante los 70, sirviendo de punta de lanza para el boom de la literatura latinoamericana y explicando, en gran medida, el premio Nobel que obtuvo su autor en 1982.

 

La más universal de las novelas locales

Hoy en día, Cien años de soledad es la tercera novela escrita al español que más veces ha sido traducida a otos idiomas según datos de la UNESCO, y sigue siendo el libro de cabecera de gran cantidad de artistas, políticos, intelectuales o actores de Hollywood. Por excepcional que resulte para un libro tan reciente, escrito hace apenas 50 años, la novela ha adquirido ese aura de obra literaria que define a la perfección un tiempo y una época, como ocurre con Guerra y paz, Grandes esperanzas o El gran Gatsby.

 

Una lectura imprescindible

El crítico literario William Kennedy llegó a decir que “es el primer libro desde el Génesis que debería ser de lectura obligatoria para todo el género humano”. Ni El Quijote ni las obras completas de William Shakespeare: Cien años de soledad. Llegados a este punto, resulta casi frívolo constatar que el libro de Márquez lleva vendidas más de 45 millones de copias.

 

Las historias que le contaba su abuela

Desde luego, una de las principales razones de tan formidable éxito es su uso y abuso de ese extraordinario hallazgo que es el realismo mágico, una tendencia narrativa que estaba empezando  desarrollarse en la América Latina de los 60 pero que García Márquez fue capaz de llevar a otro nivel. El escritor de Aracataca insiste en que él no inventó nada. Se limitó a recoger las historias que su abuela le contaba cuando era un niño y reproducirlas tal cual, con naturalidad pero integrando una alta dosis de magia a prueba de escépticos. “Ella me contaba historias sobrenaturales como si no hubiese en ellas nada de particular”, explicaba García Márquez en una entrevista.

 

Un mundo insólito tomado al pie de la letra

 

Con idéntica naturalidad, la novela parte de un registro en apariencia realista para irse llenando paso a paso de espectros, bebés con cola de cerdo, alfombras voladoras, ascensos a los cielos y fábulas de resonancias bíblicas. Todo ello, con la máxima seriedad, sin cuestionar en ningún momento su verosimilitud, sin el menos atisbo de distancia irónica ni escéptica.

 

La historia alternativa de Colombia (y de América Latina)

La novela puede leerse también como una historia fabulada, estilizada y embellecida de la Colombia en tránsito hacia la modernidad. Un país violento y convulso que emerge difícilmente de su pasado colonial sobreviviendo a conflictos de todo tipo. Algunos estudiosos lo consideran también un estudio antropológico de primer orden, un profundo análisis del animal humano, de su sociedad y su cultura, al que las altísimas dosis de ficción que integra no restan ni un ápice de validez.

 

Detractores ilustres

Por supuesto, al libro no le han faltado tampoco detractores de muy ato nivel. Al patrón de la poesía mexicana Octavio Paz, ganador a su vez del Nobel de Literatura, le pareció prosa poética de segundo orden y el británico Anthony Burgess llegó a decir que, pese a su injustificado prestigio, García Márquez estaba a años luz de Nabokov, Borges y el resto de escritores realmente significativos de la segunda mitad del siglo XX.

 

Hinchas fervorosos

Pero fue el entusiasmo de la crítica el que más contribuyó a propulsar la fama del libro. Su autor se limitó a sacar partido de las circunstancias. Tras años de sufrimiento, de búsqueda casi agónica de su propia voz narrativa, Gabo se vio convertido en toda una celebridad de la noche al día.

El gobierno colombiano del liberal Virgilio Barco le pidió que hiciese de mediador en las conversaciones de paz con los guerrilleros del M-19. Luego se convirtió en amigo personal de Fidel Catro y en portavoz internacional del discurso de la izquierda revolucionria y anti-imperialista, una toma de posición que a la larga motivaría que se le negase el visado para entrar en los Estados Unidos. Un veto que años después sería retirado por el presidente Bill Clinton, uno de tantos políticos estadounidenses cuya novela preferida es, por supuesto, Cien años de soledad.