La arquitectura brutalista define un tipo de construcción de superficies grises y estructuras geométricas. Nació en Bruselas, inspirada en la obra de Le Corbusier y se caracterizaba, entre otras cosas, por el acabado grisáceo de sus superficies, que dejaban a la vista el hormigón.

Jonny Pierce se fijaba en algunas de esas construcciones cuando vivía en Bruselas. Se convirtieron en un escenario asociado a un mal momento personal. Un paisaje liberador que terminaría convirtiéndose en metáfora. “Yo vivía en Bélgica porque tenía una relación con un chico de allí –explica Pierce por teléfono desde Nueva York-. No era feliz, más bien lo contrario. La situación era tan opresiva que muchas veces salía de casa para alejarme de la realidad, pasear y tomar aire”. Una vez finiquitada aquella relación, aquellos edificios grises pasaron a ser un concepto, esa condición brutalista a la que alude el nuevo disco de The Drums, Brutalism.

Antes y ahora

Hace ahora una década, The Drums eran el grupo por el que cualquier moderno del mundo occidental vendería a sus padres. Eran lo más cool y lo más hip desde que los medios ingleses se pusieron de acuerdo para lanzarlos al estrellato así, como quien no quiere la cosa. Tenían un único sencillo y ya eran la gran promesa del momento.

Como tantísimos otros artistas que se vieron en semejante situación –una lista repleta de nombres que casi fueron fulminados por el exceso de expectativas-, The Drums tuvieron que luchar para ser vistos como lo que realmente eran. “Estábamos comenzando y todo fue muy rápido. A las prensa le hacía gracia que fuésemos de Nueva York e hiciésemos canciones con referencia al surf. Y que a la vez tuviésemos ese sonido algo oscuro que nos conectaba con ciertas formaciones británicas del postpunk”. Como asegura hoy Pierce, The Drums siempre fueron mucho más que una banda que hacía canciones sobre pasarlo bien. El público y los medios no parecían excesivamente interesados en descubrirlo. Era más bonito tratarlos como aquello que el imaginario colectivo quería que fuesen.

Diez años después de todo aquello, Brutalism se ha convertido en el quinto álbum de The Drums y en el primero en el que la banda ya no es una banda sino un proyecto dirigido por Pierce. “Las diferencias con los demás componentes del grupo fueron apareciendo y a medida que transcurría el tiempo y nos enfrentábamos a nuevas situaciones, la formación fue menguando. Llegó un momento en el que éramos un dúo. Finalmente me quedé yo solo”.

Jacob Graham, el último músico en saltar del barco, duró en The Drums hasta 2017. Fundó la banda con Pierce en 2008 porque eran amigos desde que siendo niños se conocieron en un campamento católico. Los padres de Pierce son cristianos de nuevo nacimiento. “Tuve que marcharme de casa para poder vivir como yo quería. Tanto mi padre como mi madre son predicadores, me obligaban a ir a misa cada día. Para ellos, hacer música era un pecado. No quieras ni imaginarte cómo se tomaron el hecho de que en las entrevistas dijera que soy gay. Mi relación con ellos es mala”.

 

Solo ante el peligro

Pierce reconoce que el hecho de ser el único componente de The Drums le ha dado libertad para hacer un álbum de la naturaleza de Brutalism. A lo largo de sus canciones exorciza la experiencia aquella experiencia amorosa que le hizo volver de Bélgica e intentar olvidar eso que viene llamándose un amor tóxico. “Este disco es muy personal, quizá el más personal que he hecho nunca y sí, quizá haya podido componerlo porque no tenía que consensuar nada, tenía libertad absoluta para hacer lo que quisiera y como quisiera”. Brutalism tiene canciones que hablan de ese romance apasionado pero lesivo, y una portada que hace referencia al final del mismo.

“La foto que la ilustra buscaba atrapar esa sensación que sobreviene cuando echas de menos a alguien. Aparezco yo oliendo la camiseta de alguien que durmió a  mi lado mucho tiempo. Ya no está conmigo porque rompí con él. La situación era insostenible. Pero el deseo no responde a ninguna lógica”.

Pierce tuvo que acudir a terapia poder superar dicha ruptura. La depresión le llevó a drogarse más de la cuenta y la situación comenzaba a írsele de las manos. Las nuevas canciones hablan de eso, pero también abren una puerta a una nueva vida. “Sufrí mucho, pero también aprendí que se puede disfrutar de la vida de otra manera. En una canción como Body Chemistry hablo de ello. El sexo sigue estando ahí. La diversión sigue estando ahí”.

Un optimismo que va de la mano de las melodías de las canciones. Porque aunque The Drums hagan mucho más que canciones sobre tablas de surf y playas, sus estribillos sí poseen la jovialidad del pop eterno. Dicho de otro modo, y  parafraseando a una amiga de Pierce, The Drums hacen canciones alegres con letras tristes. “Es que no se puede separar una cosa de otra. La vida no es únicamente de una manera. En ocasiones las emociones se mezclan o se alternan de una manera que no puedes controlar. Este disco también es así. Pero el hecho de que termine con una canción como Blip of Joy, me parece la mejor manera de reflejar que, en el fondo, este es un disco cargado de ideas positivas y esperanza”.