Elecciones generales

Vox trunca la estrategia de Feijóo del voto útil y llegará al 23J exhibiendo coaliciones con el PP

"No hace falta votar a Feijóo para echar a Sánchez. Votarnos es útil", anticipan en Vox, que será el gran mensaje de su campaña

Santiago Abascal.

Santiago Abascal. / Fernando Villar

Paloma Esteban

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La coalición entre PP y Vox confirmada en la Comunidad Valenciana, y que se sumará a otras muchas en

ayuntamientos

por toda España a partir del sábado, ha dado un giro de guión a la campaña del 23J para el partido de Santiago Abascal. A pesar de que se confirmaron como la tercera fuerza municipal en la noche del 28M, la apabullante victoria del PP relegó el protagonismo de los ultra. El mensaje de que eran la llave en varias comunidades autónomas fue perdiendo fuerza a medida que pasaban los días y el PP diluía esos pactos con otros como el de Coalición Canarias o el Partido Regionalista de Cantabria para evitar a Vox.

El único mensaje que dejó claro Santiago Abascal al día siguiente de las elecciones autonómicas y municipales fue que haría valer los votos a su partido. “No nos vamos a dejar humillar”. El aviso a navegantes quedó sepultado por un tono menos combativo en días posteriores, insistiendo en que no diría nada que pudiera molestar al PP y que permanecían con “la mano tendida”. Mientras tanto, los populares sufrían especialmente por la Comunidad Valenciana y Extremadura, donde el sí de Vox es indispensable. No basta con la abstención y contaban con que forzarían su entrada en los ejecutivos regionales.

Haber sacrificado (al menos, en parte) al polémico Carlos Flores Juberías, sacándolo de la Comunidad Valenciana y llevándolo al Congreso, respondía al veto que el PP venía poniendo encima de la mesa. Pero, en el fondo, a Vox esa decisión no le perjudicaba, reconocen fuentes de la dirección, si ese movimiento permitía una entrada automática en el Gobierno valenciano, convertido en el gran símbolo del 28M. 

“Es decir, que era el acuerdo más difícil. El imposible. En el que iban a intentar retrasar todo lo máximo posible. Y ya está firmado”, dicen con ironía en la cúpula de Abascal.

Vox es consciente de que Génova estaba en la filosofía de adormecer las conversaciones para no llegar a las generales con coaliciones firmadas en autonomías. Pero sin Flores, convertido en la diana de la izquierda por su condena por violencia machista a su exmujer, todo era más sencillo. El el partido ultra reconocen que su candidato a la Comunitat no tenía como objetivo principal entrar en el futuro Govern. Tampoco lo era para la dirección que, en realidad, lo que querían era firmar ese Gobierno cuanto antes, independientemente de quiénes ocupen las consejerías que ahora se están negociando.

El motivo es que los de Abascal entienden que con esta victoria rompen de lleno la estrategia de voto útil con la que irá

Alberto Núñez Feijóo

a las elecciones generales del 23 de julio. Y a Vox, dicen sus dirigentes, les permite “dar garantías” a sus electores de que cumplen las promesas: “Dijimos que no nos dejaríamos humillar. Que íbamos a forzar al PP a respetarnos”. 

Eso es exactamente lo que convertirán esta campaña en su gran carta de presentación. “Votarnos es útil. No hace falta votar a Feijóo para echar a Sánchez. Podemos formar coaliciones y gobernar juntos”, repiten en la sede de Bambú de Madrid, cuartel general de los ultra.

Hasta este momento, la campaña de Vox era una incógnita. Si el PP conseguía realmente encapsular los gobiernos de coalición como pretendía al principio, con los barones planteándose incluso acudir a investiduras fallidas, no estaba nada claro el mensaje que venderían a sus votantes. La precipitación del acuerdo se produjo por el paso atrás de Flores (también lo dio, de alguna manera, Ignacio Gil Lázaro, miembro de la Mesa del Congreso y cabeza de lista por Valencia, que cede su puesto al candidato autonómico). Y estuvo en riesgo por unas palabras de Borja Sémper, como publicó este diario, que habló de “línea roja” y creó un fuerte malestar en Vox cuando prácticamente el pacto se estaba cerrando. Las alarmas se encendieron, pero el PP logró calmarlas. 

El resto de gobiernos conjuntos

La Comunidad Valenciana tiene un peso muy especial. Pero no es el único. A la espera de ver cómo evolucionan Extremadura (donde los ultra entrarán sí o sí), Baleares (convertida en otra prioridad de

Abascal

) e incluso Aragón (Jorge Azcón se está trabajando apoyos alternativos de otros partidos pequeños, pero en todo caso necesitará a la abstención), lo que se concretará ya de manera inminente, el próximo sábado, son cientos de ayuntamientos por toda España.

Además de Guadalajara o ciudades grandes como Elche donde los dos partidos ya han cerrado su coalición, PP y Vox están ultimando pactos en las otras capitales de provincia donde el PSOE fue la fuerza más votada pero la derecha suma: Toledo, Valladolid y Burgos, además de ciudades como Talavera de la Reina (83.200 habitantes en la provincia de Toledo) o Alcalá de Henares (196.000, en la Comunidad de Madrid). También en Gijón los ultra exigen al PP y Foro Asturias su sitio.

En la Región de Murcia hay en municipios más pequeños en los que la coalición también se ha cerrado: Molina de Segura, Las Torres de Cotillas y Cieza, igual que en Calviá y Alcúdia (ambos en Mallorca). También lo han hecho en Trijueque y Loranca de Tajuña (provincia de Guadalajara). Vox cifró en 135 los ayuntamientos donde espera un acuerdo.