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Quim Torra: colección de reproches de un hombre solo

  • En el segundo libro sobre su presidencia, el exjefe del Govern colecciona agravios con casi todos y asume su soledad

Quim Torra.

Quim Torra. / FERRAN NADEU

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

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Pocos presidentes de la Generalitat de mandato tan corto (28 meses) tienen la capacidad de crearse tantos adversarios externos e internos como Quim Torra. Él mismo lo escribe en su segundo libro de repaso a su presidencia. Un texto en forma de dietario en el que, sin rubor, revela numerosas reuniones internas del Govern (a menudo entre el "caos") para despacharse a gusto -cuando todavía persiste la pandemia- con los 'consellers' de ERC, en especial con el entonces vicepresidente, Pere Aragonès, y, en concreto, con la titular de Salut, Alba Vergès. Pero el texto va más allá y acaba convirtiéndose en una auténtica confesión de un hombre solo: "Mi lealtad al 'president' Puigdemont es incuestionable, pero tengo que reconocer que me he encontrado solo, políticamente hablando, en los momentos más graves, y especialmente durante los meses de la pandemia”.

La soledad es palpable cuando admite que se toman decisiones sin su conocimiento. Decisiones del Govern, decisiones de Junts per Catalunya (el partido de Puigdemont se creó sin avisarle a él y, de hecho, se queja al secretario general, Jordi Sànchez, de que "nadie" le ha explicado nada durante todo el año"). Esta soledad la compensa con un retrato favorable de lo que denomina 'war room' (su equipo de colaboradores) y una descripción muy íntima de la situación de su familia, junto a numerosas citas literarias.

Una larga lista de reproches

En el libro 'Les hores incertes', la lista de los damnificados es tan larga que se resume en: todos menos su círculo de confianza y algunos de los llamados activistas independentistas. Discrepa de todos, incluso de quien le propuso, Carles Puigdemont, por el asunto de la famosa pancarta, que él mantiene contra todos, pese a que ello le lleva a perder el cargo. O precisamente por ello.

Gritos con el 'conseller' Miquel Buch, de Interior; reproches constantes a Vergès por inacción (incluida una amenaza no ejecutada de cesarla, frenada por Aragonès); descripción de un Aragonès mudo o que adopta decisiones sin el conocimiento previo de Torra; reproches a Brauli Duart, a la sazón número dos de Interior; a Josep Bargalló, de Educació... e incluso al lendakari, Iñigo Urkullu, pasando por el propio Jordi Sànchez, de quien dice que "tiene un estilo que no va conmigo", y lo asocia a alguien "avezado en las conspiraciones de la partitocracia", cuando relata la victoria final de este en las elecciones de la ANC.

Torra lanza dardos al entonces vicepresidente Aragonès, a Junts, a la inacción del Govern y a los líderes de ERC

Critica a Junts por dedicarse a cálculos sobre el relato político en lugar de centrarse en la pandemia. Critica a dirigentes de este mismo partido por tratar de acordar el calendario electoral. Censura a ERC, como era previsible, tanto a Oriol Junqueras, de quien dice que la cárcel lo ha cambiado, como a Sergi Sabrià, a quien incluso dice retar con una mirada en el Parlament. Y, en fin, critica a todo el Govern: "Nos hemos instalado otra vez en el desorden", confiesa. "Me enfado porque no se cumple ningún plazo", asume en otra anotación.

La lista es inacabable y huelga decir que los exabruptos y descalificaciones que dedica a "España" y a todos los partidos no independentistas son una constante. La lista de 'zascas' no acaba aquí e incluye a medios de comunicación, sindicalistas, cargos institucionales que menosprecia... incluso a los periodistas, cuando confiesa que ha aprendido a no contestar lo que se le pregunta, sino "responder lo que a ti te interesa decir".

La comparación con el 'president' Macià

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Es un libro en el que enarbola su conocida insistencia por ejecutar la independencia supuestamente alcanzada el 1-O de 2017. Todos los que no lo ven así son tachados, como poco, de pusilánimes. Y por ello se indigna cuando la Generalitat se persona contra manifestantes independentistas o cuando se le sugiere no alargar el mandato innecesariamente. Acaba el texto comparando los insultos que él ha recibido con la trayectoria del 'president' Francesc Macià, junto al busto del cual reflexiona cuando es inhabilitado, de nuevo en soledad.

Todo ello en un libro que omite todavía muchas cuestiones clave. Y en el que, posiblemente, lo más significativo es que, tras tanta crítica, él mismo se analiza lanzando quizá la mejor reflexión: "A menudo me he preguntado por qué acepté la presidencia". ¿Pesó más el entorno y la gravedad del momento o fue un insensato?, se interroga. Lo cual evoca a la anécdota de un acto independentista en Berlín en 2018 en el que Torra confesaba a una persona que la falta de 'president' generaba una situación tan acuciante que, incluso, se estaba barajando proponerlo a él.