A las 12.00, en la Moncloa

Sánchez busca el acuerdo interno para encauzar la reforma laboral

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera, Nadia Calviño (2i), y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz (i), reciben al primer ministro de Portugal, António Costa, el pasado 28 de octubre de 2021 en Trujillo (Cáceres), en la XXXII Cumbre Hispano-Lusa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera, Nadia Calviño (2i), y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz (i), reciben al primer ministro de Portugal, António Costa, el pasado 28 de octubre de 2021 en Trujillo (Cáceres), en la XXXII Cumbre Hispano-Lusa. / POOL MONCLOA / FERNANDO CALVO

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Juanma Romero
Juanma Romero

Periodista

Especialista en información de Gobierno y PSOE.

Escribe desde Madrid

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La crisis se cerró, pero probablemente en falso. Porque la forja de la reforma laboral entra, ahora sí, en su fase "decisiva" y porque será ahora cuando afloren las diferencias de "contenidos" entre los socios del Gobierno. Y porque el último pulso entre el PSOE y Unidas Podemos, el primero de calado que libra Yolanda Díaz desde la salida de Pablo Iglesias del Ejecutivo, ha dejado, según convienen las dos partes, heridas más profundas. Resquemores, desconfianzas severas. "Se han puesto muchas cartas sobre la mesa y la hemos visto", indicaban este lunes los socialistas, deslizando esa crítica hacia la vicepresidenta segunda que antes apenas se percibía con fuerza.

Pedro Sánchez se reúne con ella, con Díaz, y con la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, este martes tras el Consejo de Ministros, a las 12 horas. Era lo acordado la semana pasada, cuando los dos socios sentaron las bases de una nueva dinámica para encarar la recta final de la negociación de la reforma laboral. Trabajo liderará las conversaciones con sindicatos y patronal, pero estará vigilado de cerca por los ministerios encabezados por el PSOE. Además, Díaz y Calviño no estarán solas con el presidente este martes. También se sientan los titulares de Hacienda, María Jesús Montero; Inclusión, José Luis Escrivá, y Educación, Pilar Alegría.

Desde la Moncloa se insistía este lunes en que la cumbre de Sánchez con sus ministros pretende "establecer la metodología de trabajo que garantice la máxima coordinación de todo el Gobierno para la fase de negociación que se llevará a la mesa de diálogo social", porque este mes el acuerdo con los agentes sociales debiera cerrarse, para después poder traducirlo a un real decreto ley que habrá de estar listo antes del 31 de diciembre. Las dos partes asumen que Sánchez no entrará al detalle técnico de la reforma, porque para eso ya se han previsto encuentros antes y después de las reuniones con empresarios y centrales de los miércoles, pero en Unidas Podemos confían en que se despeje, al menos, el perímetro político de la nueva legislación del mercado de trabajo. Esto es, que se entre en los "contenidos", en los "objetivos" concretos.

No se espera que el jefe del Ejecutivo entre a detalles técnicos del nuevo marco de relaciones laborales, pero UP sí confía en que se aclaren los "objetivos", los "contenidos"

El PSOE hasta ahora ha evitado fijar posición. Deliberadamente, porque ha esquivado una y otra vez preguntas en el mismo sentido. Lo hizo Montero en la entrevista con este diario, pero también Calviño y Sánchez en Roma, en el G-20, este pasado fin de semana. De hecho, hubo unas palabras del presidente que alarmaron a Unidas Podemos. El líder socialista remarcó que la tarea del Gobierno es "modernizar" el modelo productivo y actualizar las relaciones laborales porque "el momento es ahora". "Eso significará que algunas de las cosas que se hicieron mal en 2012 [con la reforma aprobada por el PP de Mariano Rajoy] se reconstruyan", señaló, sin dar más precisiones y sin hablar en ningún momento de "derogación", la palabra fetiche que Díaz usa y de la que él rehúye. Para el presidente, la clave es "mirar hacia delante", lo "fundamental" es apelar a la "responsabilidad del país" y que estén en el consenso patronal y sindicatos.

"Cumplirá con la palabra dada"

Unidas Podemos se inquietó y su portavoz parlamentario, Pablo Echenique, recuperó en Twitter el "pacta sunt servanda" (los pactos están para cumplirse) que tanto blandía Iglesias. La Moncloa se afanó el domingo por la tarde en aclarar que la reforma que planea el Gobierno, y que defiende Sánchez, es "estructural", de calado. Es un "compromiso" del Ejecutivo, abundaron este lunes, que el presidente expresó en su investidura, en el programa de coalición y ante Bruselas, y ahora "cumplirá con la palabra dada".

Pero antes tendrá que llegar el pacto interno, en el seno del Gabinete. Y ese fin se encamina la reunión de este martes en la Moncloa, como reconocían los colaboradores del presidente: "Los dos partidos estamos trabajando para sacar la reforma juntos". La crisis de la semana pasada se cerró con el compromiso de los socios de alumbrar una reforma laboral "en los términos del acuerdo del Gobierno de coalición" firmado por Sánchez e Iglesias en diciembre de 2019. Calviño, el sábado en la capital italiana, fijó los cuatro puntos principales de la negociación: simplificación de contratos, regulación de la subcontratación, reequilibrio de las partes en la negociación colectiva y hacer de los ertes un mecanismo estructural.

Los socialistas insisten en que será una reforma "estructural", y los morados subrayan que se aferran a lo pactado ya y a que no arriarán la bandera del acuerdo también con la patronal

"Tras los mensajes de la Moncloa de este domingo, nos tranquilizamos, pero estamos que no se aclaran con lo que dicen", señalaban desde el entorno de la vicepresidenta segunda, donde se manifestaban "prudentemente optimistas" respecto a las expectativas de la reunión del martes. Confían en que se desbrocen por fin los "contenidos". Los socialistas, aunque oficialmente hablen de "metodología", también admiten que en la letra pequeña es donde aflorarán las discrepancias. Su análisis es que con su entrada en la negociación hay opciones de que la patronal entre en el acuerdo, pata que a su juicio peligraba ahora, después de meses de conversaciones lideradas por Trabajo.

Sin embargo, en el equipo de Díaz niegan que existiera ese riesgo, y recuerdan que todos los pactos en materia de diálogo social han contado con el consenso de los empresarios, salvo la última subida del salario mínimo, de la que se descolgaron. Remarcan que altos cargos de Trabajo son "expertos" en lidiar con la patronal y se remiten a las últimas palabras del jefe de la CEOE, Antonio Garamendi, en una entrevista este lunes en EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, en la que no entra en la disputa en el Gobierno decantándose a favor de Calviño. "Ni nosotros vamos a ir un milímetro más allá de lo pactado con Bruselas [en el componente 23 del plan de recuperación] ni vamos a arriar la bandera de un acuerdo con todos, con patronos y centrales. Esa bandera es de Yolanda", destacan los morados.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al primer ministro británico, Boris Johnson, este 1 de noviembre de 2021 a su llegada a la COP26 en Glasgow, Escocia.

/ REUTERS / ALASTAIR GRANT

No hubo llamada Sánchez-Díaz

La irritación va en los dos sentidos. En el área socialista del Ejecutivo no gustó que Díaz aguantara el pulso y retara directamente a Sánchez, que fuera tan dura —incluso más, aprecian, que las ministras de partido, Ione Belarra e Irene Montero, que mantuvieron posiciones más "constructivas", según la Moncloa—, que trasladara hacia fuera una diferencia que, creen, podría haberse conducido en el interior del Gobierno, sin "ruido" ambiental. Los morados, por su parte, recuerdan que la titular de Trabajo "siempre protegió y defendió" el bipartito, "no lo puso en jaque".

El área socialista del Gobierno intuye que la tensión irá a más: la legislatura afronta el trecho final, con urnas de por medio

La pugna entre los dos socios fue profunda, hasta el punto de que en Ferraz se sintió el riesgo de ruptura, un "calentón" que antes, en anteriores luchas en la coalición, no había asomado. El presidente no levantó el teléfono para desbloquear el conflicto directamente con Díaz (algo que sí hacía con Iglesias), y delegó la resolución de la crisis, básicamente, en su escudero en la Moncloa, Félix Bolaños. Con ello, lanzaba también una señal a la vicepresidenta segunda, ponía distancia y se situaba un peldaño por encima, sin entrar en el cuerpo a cuerpo con ella. En el equipo de Díaz, indican que "no hizo falta" esa llamada porque todo se solucionó en los niveles inferiores. Los dos se vieron en Trujillo, en la XXXII Cumbre Hispano-Lusa, "y su relación no está dañada para nada". Sánchez sí quería llegar a la cita, el pasado jueves, con el lío solventado, y así fue. No era el escenario idóneo tener abierta la crisis interna el mismo día en que comparecía junto al primer ministro portugués, António Costa, abocado a elecciones anticipadas tras ver tumbados sus Presupuestos.

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Los socialistas intuyen que las desavenencias continuarán en las próximas semanas: el Gobierno penetra en un momento crítico por la tramitación de las cuentas del Estado para 2022 —este jueves superarán las enmiendas de totalidad, pero aún quedarán las parciales y las negociaciones con los grupos— y la reforma laboral. Ambas iniciativas tienen que estar listas para el 31 de diciembre. Después, quedarán dos años de legislatura, aunque con urnas de por medio, y eso tensará más aún las costuras de la coalición. "Las cicatrices en política —apuntan por su parte fuentes próximas a Díaz— duran hasta que viene el siguiente conflicto o hay una resolución en positivo. Y este capítulo no ha dejado abierta la relación en canal". No se atisba el divorcio: no conviene ni a PSOE ni a Unidas Podemos, admiten los dos, y no hay alternativa a su alianza.