Camino hacia el 4-M

El PSOE aprieta los dientes y se vuelca en movilizar sus feudos en Madrid

  • Cunde el "desánimo" en el partido, pero también se cree que hay opciones y que los bloques están más igualados. Gabilondo, altos cargos y ministros se centran en la activación del cinturón rojo y los distritos obreros para batir a Ayuso

Los ministros Fernando Grande-Marlaska y Reyes Maroto, junto al candidato socialista el 4-M, Ángel Gabilondo; la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, y la alcaldesa de Alcorcón, Natalia de Andrés, este 30 de abril en la localidad del suroeste madrileño. 

Los ministros Fernando Grande-Marlaska y Reyes Maroto, junto al candidato socialista el 4-M, Ángel Gabilondo; la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, y la alcaldesa de Alcorcón, Natalia de Andrés, este 30 de abril en la localidad del suroeste madrileño.  / EFE / JAVIER LÓPEZ

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"En estos últimos días, ya no nos queda más que recorrer nuestros bastiones, movilizar a tope, apelar al orgullo socialista, a nuestro votante. Ya no es el momento de más estrategia o de levantar un cortafuego. Ahora es el momento de llamar al corazón". Esos son ya los últimos metros, como resume un dirigente del PSOE madrileño, de una carrera muy cuesta arriba y salpicada de obstáculos. Un camino hacia el 4-M que para los socialistas se presenta lleno de incertidumbres y también ensombrecido por las malas expectativas que proyectan las encuestas. En el partido cunde una cierta sensación de "desánimo" y "preocupación", porque la victoria de la derecha parece ya descontada, pero a la vez cuadros medios y alcaldes insisten en que no todo está perdido y en que hay que esperar. En Ferraz y en la Moncloa, desde donde dirigen la campaña, insisten en que el voto al PSOE se está "recuperando" y que PP y Vox "siguen ganando, pero por poco". Ángel Gabilondo, dicen, aún tiene opciones de hacerse con el Ejecutivo regional después de 26 años en manos de los populares.

Los socialistas han sufrido desde que Isabel Díaz Ayuso, en una jugada osada y que el equipo de Pedro Sánchez no supo prever, disolvió la Asamblea de Madrid y convocó las elecciones del 4-M para deshacerse de Ciudadanos, absorberlo, recuperar la condición de primera fuerza y la hegemonía en el espacio conservador y continuar gobernando con el apoyo de la ultraderecha. Los sondeos sitúan al partido en descenso, desde sus 37 escaños (27,31% de las papeletas), hasta los alrededor de 30 diputados. Caer por debajo de ese umbral y del 25% sería el peor resultado histórico. "Hemos hecho lo que hemos podido y con el candidato que teníamos", observa un alcalde del sur, del cinturón rojo de la comunidad. El PSOE no tuvo margen de maniobra para probar otro perfil y lanzarlo a una contienda que se vislumbraba muy complicada de antemano, aunque la dirección sí aprovechó para proyectar en las listas y fuera de ellas a valores emergentes. Para el futuro, mirando más a 2023, cuando se celebrarán los siguientes comicios autonómicos, que a 2021.

Gabilondo, la apuesta de Sánchez para 2015 y quien en 2019 logró llevar de nuevo al PSOE-M a la victoria en las urnas después de 32 años, mantenía intacto el respeto y aprecio de la dirigencia y las bases, pero ya acusaba el desgaste. No había desplegado una oposición "contundente" contra Ayuso durante la legislatura, un error que en la federación regional recuerdan todos los cuadros consultados. Y esa actitud, que el candidato ha justificado por su talante, por su estilo "soso, serio y formal", por ser un "enfermo del consenso" y nada amigo de la confrontación, es la que muchos creen que le ha lastrado. "Los electores tienen la sensación de que en este año largo de pandemia Ángel ha estado ausente. Y Más Madrid, que había caído tras la marcha de Íñigo Errejón al Congreso, vio una oportunidad, lanzó a Mónica García [médica anestesista en el hospital Doce de Octubre] y la eligió como candidata. Ese ha sido su acierto", valora un miembro de la ejecutiva regional.

"Fases" o "bandazos"

Hay dirigentes que creen que se ha ido "a rebufo de Ayuso o de Iglesias", pero otros creen que no ha sido fácil llevar la iniciativa

El equipo de campaña, pilotado por el director de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, ha intentado explotar el perfil presidencial y propositivo de Gabilondo. Pero hacia la Moncloa miran aquellos que creen que la estrategia no ha cuajado. Por los "bandazos", señalan. Primero, se marcó como objetivo rebañar los votos de antiguos electores de Ciudadanos. Era el guion que había salido bien en Catalunya. "Pero Catalunya no es Madrid. Aquí los votantes de Cs son de derechas", concluyen distintos dirigentes. Gabilondo adelantó que no tocaría la fiscalidad y que no pactaría "con este [Pablo] Iglesias".

Pero el caladero naranja huyó en masa hacia el PP, según las encuestas. En el círculo del candidato se defendió que en esa primera fase se consiguió captar "unos 45.000" apoyos y se forzó al candidato de Cs, Edmundo Bal, a asegurar que, de entrar en la Asamblea, volvería a respaldar la investidura de Ayuso, pese a haber sido expulsado por ella del Gobierno. La "segunda fase", que no "giro", decían en la Moncloa, empezaba tras el debate de Telemadrid, con una coordinación de mensajes entre los tres representantes de la izquierda -Gabilondo, García e Iglesias- y con un guiño al cabeza de Unidas Podemos. Aquel "Pablo, tenemos 12 días para ganar" que alivió al PSOE pero que, con el transcurrir de la campaña, también ha resultado un freno, según advierten algunos alcaldes y cuadros, alarmados por el "rechazo" que causa Iglesias en parte de sus simpatizantes.

El debate naufragado de la SER, que rompió por completo la campaña, y la sucesión de cartas con amenazas de muerte, situó el discurso en otro eje, "fascismo o democracia", bandera que enarboló el exvicepresidente del Gobierno. Por ello, hay dirigentes que creen que el PSOE ha ido "a rebufo o de Ayuso o de Iglesias". "No nos hemos dirigido a nuestra gente, no hemos sido capaces de generar un discurso propio", deplora un cargo del PSOE-M. Otro coincide: "No hemos entrado al combate ideológico: hemos entrado al marco de estupidez, banal, de Ayuso, sin rebatir su gestión de la pandemia y su concepto de la libertad, que nada tiene que ver con la democracia y sí con el individualismo y el egoísmo", "con el trumpismo".

Otros mandos entienden que había poco margen porque la presidenta "fijó las reglas de juego" y tenía más fácil llevar la iniciativa, "y ha conseguido llevar el debate a un marco en el cual todo el que se opone a ella se opone a la apertura de los bares, y es jodido, es frustrante", disculpa un regidor de peso en la región. Recuerdan que Gabilondo fue el primero en refrescar la foto de Colón -para señalar el dúo PP-Vox, sin Cs-, pero creen que llevar la campaña a la esquina ideológica, tras el abrupto choque con la ultraderecha en la SER, no ha sido eficaz para movilizar a las bases, según han proyectado las encuestas. "La gente joven está al margen de los debates fascismo-democracia", "hablar de ideología mueve lo que mueve, y si el plan era ir a por el voto racional, la incursión sentimental era propio de otras latitudes, más de Pablo", sentencian dos alcaldes, que no obstante estiman que "se ha hecho la campaña que se podía hacer".

La implicación de Lastra

Pasada la convulsión de las cartas-bala, Gabilondo ha buscado recuperar impulso con el lanzamiento de las últimas propuestas -pagar el primer mes de alquiler a los menores de 30 años, abono joven gratis en los próximos dos años, concluir el tren a Navalcarnero...-, un gesto que algunos cargos temen que llegue "tarde". "El manual de elecciones aconseja no cambiar el guion durante la campaña y no hacer propuestas de última hora. Eso genera inquietud, y es lo que siente el partido", asegura un responsable de la cúpula madrileña. No obstante, en las alturas del PSOE-M advierten de que sería "ventajista" culpar del curso de la campaña a Redondo y su equipo, porque la situación de partida era muy complicada, "quizá no había mucha alternativa" y la federación ya de suyo adolece de baja forma frente a un PP hegemónico y organizado como un ejército en la comunidad.

La dirección de campaña ha resguardado más a Sánchez en campaña para no contribuir al mensaje de Ayuso

El ánimo en la federación, más aún a raíz de las encuestas de esta semana, que confirmaban esa bajada en escaños -y eso que la Asamblea pasa de 132 a 136 diputados por el aumento de población-, ha ido cayendo. Una "desmoralización" mayor porque se ha sentido desplazada de la toma de decisiones. Pero, como siempre se recuerda, el PSOE es un partido ciclotímico. Y ahora, y ahí coinciden la cúpula autonómica y los alcaldes consultados y, con más vehemencia, en el equipo de campaña y en Ferraz, sí hay más razones para el aliento. Todos insisten en que la izquierda se está movilizando. Carbura como un diésel, comparan, y la derecha, como un gasolina. "Ayuso se planteó el 4-M como un desfile militar con banda de música y no será así. Vamos a quedar muy empatados cada uno de los bloques", "no estamos para morirnos de alegría, pero no veo esa pasión por la presidenta, esto ha ido cogiendo cuerpo", opinan dos regidores. "Todo está más igualado de lo que podría pensarse. La derecha está muy movilizada, pero la izquierda puede movilizarse algo más. La duda es si se equipararán. Es difícil, pero puede darse. Cuando llegas al final de la campaña, lo fundamental es la movilización, y en eso estamos", indican desde la coordinación del 4-M socialista. El PSOE contiene la respiración. Cruza los dedos. Y no teme, por ahora, el sorpaso de Más Madrid, aunque sí se admite su crecimiento, señalado por los sondeos.

El candidato socialista el 4-M, Ángel Gabilondo, durante un acto de campaña en Getafe con Pedro Sánchez, el pasado 25 de abril. 

/ EFE / CHEMA MOYA

La necesidad de activación máxima de los feudos clásicos explica que Gabilondo esté empleándose a fondo en el cinturón rojo -Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Parla, Leganés, Alcalá, Navalcarnero...- y los barrios obreros de la capital (Vallecas, Carabanchel, Aluche...). El candidato, que había arrancado el viaje al 4-M con actos telemáticos en Ferraz "y con 'teleprompter", algo encorsetado, ha salido de la sede federal en las últimas dos semanas para trabar contacto con los simpatizantes en los graneros socialistas, a protagonizar actos en los que ha recuperado su estilo, igual que se ha multiplicado en entrevistas.

Pero no solo se está afanando Gabilondo. Altos cargos del partido, vicepresidentas y ministros del Gobierno se están desplegando intensamente en estas dos semanas previas a las urnas. En el PSOE-M valoran especialmente la implicación de la vicesecretaria general, Adriana Lastra, "muy activa en la movilización" de las bases en los municipios del sur y en la coordinación con los alcaldes socialistas. "Es el alma del partido y se la tiene mucho respeto", reconoce un dirigente. Junto a los valores emergentes o referentes que el partido ha promocionado -Reyes Maroto, Hana Jalloul, Juan Lobato, Mónica Carazo...-, ha destacado la participación de Félix Bolaños, secretario general de la Presidencia del Gobierno, del lado de Lastra. Una señal, la de la número dos del PSOE y el número dos de la Moncloa, significativa de cara al futuro.

Sánchez, sin embargo, se ha apartado más de escena. El presidente estuvo muy presente en la precampaña, buscó el cuerpo a cuerpo con Ayuso, un movimiento que muchos en el PSOE veían muy arriesgado porque ella ha jugado precisamente a ser su oposición.

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Hubo corrección. En campaña oficial, cuando concluya este domingo, Sánchez solo habrá participado en tres mítines: uno en Ferraz, el 18 de abril; uno segundo en Getafe, el 25, y el último este 2 de mayo en Entrevías, en la capital. En Catalunya, donde el viento soplaba de cola, el jefe del Ejecutivo arropó al candidato, el exministro Salvador Illa, hasta en seis actos. El PSOE ha querido proteger a Sánchez para evitar una lectura del 4-M en clave nacional y que un eventual fracaso de Gabilondo se le impute a él. La Moncloa ha insistido en que lo que suceda en Madrid no afectará a la estabilidad del Gobierno central.

El 4-M quizá sea una "oportunidad" para el PSOE, para despojar al PP de su principal joya, o un fiasco. Pintan bastos, pero no está dicha la última palabra, dicen. "Nuestra gente está apretando los dientes -rubrica un mando regional-. Aprieta para levantar el voto. Lo haremos hasta el final... y a ver".