Amenazas de muerte

¿Qué se sabe y qué no se sabe de la investigación sobre el envío de cartas con balas a políticos?

  • Avanzan las pesquisas sobre las cartas amenazantes enviadas a Grande-Marlaska, Iglesias, Gámez, Ayuso y Zapatero

  • La fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado tratan de esclarecer si hay o no vínculo personal o ideológico entre los envíos

Imagen de un sobre con balas detectado por el escáner de Correos

Imagen de un sobre con balas detectado por el escáner de Correos / Correos

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Juan José Fernández
Luis Rendueles
Luis Rendueles

Redactor

Especialista en sucesos, investigación

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Vanesa Lozano
Vanesa Lozano

Redactora

Especialista en Sucesos

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Las investigaciones policiales en torno la remisión de balas y amenazas de muerte a miembros del Gobierno y políticos de distintos partidos, aprovechando como contexto la crispadísima campaña electoral que se está desarrollando en Madrid, van tomando forma pero también distintos rumbos. EL PERIÓDICO resume a continuación, y actualiza minuto a minuto, la información que se va conociendo al respecto.

Los amenazados

El lunes 19 de abril, a las 17:48, un sobre con cuatro balas en su interior pasa por el escáner de seguridad del Centro de Tratamiento Automatizado de Correos en Vallecas (Madrid), pero ningún ojo humano se percata del hallazgo. El sobre, con destino al Ministerio del Interior y a nombre de Pablo Iglesias, sigue su camino como otros dos con carga similar. Fue Pablo Iglesias, el candidato de Unidas-Podemos en Madrid, quien el jueves 22 dio a conocer el fenómeno. En redes sociales hizo público que había recibido un sobre con una carta repleta de amenazas a él y a miembros de su famlia, y cuatro balas. Lo mismo le había ocurrido al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska y la directora de la Guardia Civil, María Gámez. El lunes siguiente, día 26, fue la titular de Industria, Reyes Maroto, quien se vio en la misma situación. En la noche del martes 27 de abril, se interceptó en Barcelon aotro sobre con amenazas y balas para la aspirante del PP, Isabel Díaz Ayuso, así como un segundo paquete dirigido a la dirección de la Guardia Civil, que ha resultado ser también para Pablo Iglesias. El miércoles 28,es el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero quien corre la misma suerte.

Las primeras medidas

Desde el momento en que tienen constancia de las primeras amenazas, las fuerzas y cuerpos de seguridad comienzan a investigar, tratando de discriminar las huellas del manejo ocasional de las balas en destino de las que pudieran traer en origen. Mientras, el Ministerio de Interior reevalúa la seguridad de los amenazados. Poco después, el departamento de Grande-Marlaska decide dotar de seguridad extra a todos los candidatos de las elecciones en Madrid, dado el ambiente que empieza a hacerse presente.

El envío de cartas con balas y el hecho de que algunas llegaran al personal de secretaría de altos cargos hace que Interior se plantee también la revisión de todos los sistemas de seguridad postal de las sedes de edificios oficiales y de fuerzas de seguridad. Correos inicia pesquisas para conocer cómo pudieron 'colarse' paquetes con balas o una navaja. El sábado 24 de abril el jefe de Seguridad de Correos, J. Pumares, envía una carta al director general de INV Vigilancia, la empresa que desempeña la contrata de seguridad en el centro operativo del servicio postal en Vallecas. La carta le informa de la apertura de un expediente por incumplimiento grave del contrato y exige a la empresa que sea apartado el vigilante que manejaba las cartas, sobre el que empiezan a acumularse las culpas por una acusación interna de negligencia.

El primer identificado

El hombre que envió la carta con una navaja para la ministra Reyes Maroto puso su nombre y apellidos en el remite, por lo que las fuerzas de seguridad lo localizan muy pronto en su residencia de El Escorial (Madrid). Resulta ser una persona con problemas psiquiátricos. Los investigadores llegan a una primera conclusión: que el o los responsables de los primeros envíos de cartas amenazantes nada tiene que ver con la persona que quiso amedrentar a la ministra Maroto. Este martes, el hombre se personó por su propio pie en dependencias policiales para declarar ante la Policía y la Guardia Civil. Ha quedado en libertad, sin medidas cautelares, y a la espera de ser citado por el juez. En su declaración admite haber enviado, entre "otros muchos más" sobres, también uno a la embajada de Turquía con el premier Recep Tayyip Erdogan como destinatario.

El análisis de las balas

En total, las amenazas han sido enviadas con 15 balas. En la primera oleada de envíos de amenazas de muerte, dos balas del calibre 7,62 -apto para su uso en fusiles de asalto- iban en el sobre destinado a Fernando Grande-Marlaska. Cuatro del mismo calibre en el de Pablo Iglesias; una similiar iba en el sobre para María Gámez.

En la segunda ola de intercepciones de estos envíos, los Mossos se hicieron con un sobre con dos balas dirigidas a Díaz Ayuso que en principio tenían apariencia de ser del calibre 22, pero han resultado ser de 9 mm cuando los agentes han abierto el sobre. Tres del calibre 22 y una del 7,62 iban en el sobre dirigido contra Pablo Iglesias pero con destino en la Dirección General de la Guardia Civil. Y dos proyectiles del calibre 38, propios de revólver, integraban el envío dirigido a José Luis Rodríguez Zapatero.

En las balas enviadas a Grande-Marlaska, Iglesias y Gámez, los especialistas de la Policía Nacional y la Guardia Civil han encontrado huellas dactilares y genéticas (ADN), según informó el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez, este viernes, 30 de abril. "Lo que sí podría adelantarle en este momento sería que se han encontrado restos tanto de ADN como de unas huellas dactilares", explicó en el Canal 24 Horas. "Ahora toca dejar de trabajar a criminalística para ver si estas huellas y restos de ADN pueden arrojar algún tipo de resultado", señaló.


Distintas caligrafías, mensajes similares

La carta dirigida a Díaz Ayuso y que fue interceptada por Correos en Sant Cugat iba con destino a la sede del PP en la madrileña calle de Génova, fue escrita con plantillas, como las cartas amenazantes dirigidas a Marlaska, Iglesias y Gámez, según fuentes de la investigación. El mensaje amenazante la tilda de "puta fascista". Sin embargo, la caligrafía de la carta dirigida a la candidata popular a las elecciones madrileñas no se asemejaba a la del resto. En la carta enviada a José Luis Rodríguez Zapatero, la caligrafía es totalmente diferente, como escrita con la mano no dominante y sin plantilla alguna.

Con esos tipos distintos de letra se redactan mensajes similares, instando a los políticos a dejar su cargo o bien simplemente insultándoles y advirtiéndoles de alguna venganza. "Tienes diez días para dimitir. El tiempo de reírte de nosotros se ha terminado. Policía Nacional. Guardia Civil. El tiempo lo tienes en contra para los taponazos", dice la amenaza dirigida al ministro del Interior. En argot militar y de las fuerzas de seguridad, un "taponazo" es un tiro. La amenaza dirigida a la directora general de la Guardia Civil, que el instituto armado no ha difundido en su literalidad, también habla de taponazos.

En el caso de Pablo Iglesias, la amenaza se dirige contra él, su pareja y sus padres. "Pablo Iglesias Turrion has dejado morir a nuestros padres y abuelos Tu mujer tus padres y tu estais sentenciados a la pena capital. Tu tiempo se agota", dice sin puntuación y sin tildes la amenaza al candidato de Unidas Podemos.

"Zapa, alimaña dañina insulsa ignorante que hizo y sigue haciendo tanto daño a España ojalá le revienten las meninges por las cejas", se puede leer en la carta interceptada antes de que le llegara a José Luis Rodríguez Zapatero y mostrada por La Sexta.

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Las brechas de seguridad

Después de evidentes brechas en su sistema de seguridad que son objeto de una investigación interna, Correos detectó el envío de las cartas con balas a Díaz Ayuso y a la dirección general de la Guardia Civil el pasado martes en sus naves de Sant Cugat y Vallecas, y este miércoles la misiva acompañada también con cartuchos a Zapatero, de nuevo en un escáner de Madrid. No ocurrió lo mismo con las primeras amenazas de muerte contra Grande-Marlaska, Iglesias y Gámez. Las tres misivas escaparon al ojo humano en el control de seguridad de Correos. El día que pasaron por el Centro de Tratamiento de la empresa pública en Madrid solo estaban funcionando dos de los cuatro escáneres de que dispone esa nave de servicio postal, según comunicó la dirección a los sindicatos en una reunión celebrada el pasado martes. El envío de Iglesias sí pasó por el escáner, pero no se detectó. El aparato y el vigilante que debieron verlo están encuadrados en una contrata de seguridad que fue elegida "por ser la oferta más económica".

Los sindicatos presentes en el comité de empresa de Correos han expresado su indignación por que se culpe al vigilante, que ha sido apartado de su puesto pero no sancionado, de momento. Sus representantes sindicales han denunciado que solo un 4% de los envíos pasan por escáner, y que el protocolo de seguridad de la firma apenas se ha actualizado desde 2009. También han clamado contra las condiciones de las contratas de seguridad en Correos, y han advertido de la carencia de tecnología que permite la detección automática de elementos peligrosos en los sobres.

Correos ha negado las brechas de seguridad, y ha asegurado que ha reforzado la seguridad y vigilancia de los envíos, pasando por escáner desde este martes todos los paquetes y sobres considerados "de riesgo". Así mismo, ha incrementado la dotación humana de cada escáner.

Las incógnitas

La investigación policial aún tiene dos incógnitas principales por resolver. La primera de ellas es qué intención tienen los autores de las amenazas de muerte. Una de las vías de la investigación baraja la hipótesis finalista: que el envío de las cartas responda solo a un intento de incidir en la campaña electoral madrileña con o sin intención añadida terrorista.

Esa hipótesis no supone el abandono de la posibilidad de que el o los remitentes tenga auténtica intención de materializar las amenazas.

La otra gran incógnita versa en si los autores de las distintas misivas están conectados entre sí, si se trata de un mismo remitente o si por el contrario no hay relación entre ellos y se ha producido, por tanto, un "efecto llamada" desde que trascendieron las amenazas en plena campaña electoral.