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LA ENCRUCIJADA CATALANA

El independentismo enfría la vía unilateral tras la sentencia

Partidos y entidades coincidieron en Ginebra en no poner en riesgo las instituciones

Junqueras y Puigdemont bendicen una plataforma que apela a la desobediencia civil

Júlia Regué Xabi Barrena

El ’president’ del Govern, Quim Torra, y el expresidente Carles Puigdemont.

El ’president’ del Govern, Quim Torra, y el expresidente Carles Puigdemont. / Thierry Roge (AFP)

La ‘pax Diada’ entre la posconvergencia y ERC se resquebrajó el pasado sábado tras el rifirrafe entre las dos primeras autoridades catalanas, el ‘president’ del Govern, Quim Torra y el presidente del Parlament, Roger Torrent. Al hilo de la posible respuesta a la sentencia del juicio del 'procés', abogó este último por un Govern de concentración (con los ‘comuns' y la CUP) y Torra, acaso considerando que Torrent se metía en su área competencial, respondió como un resorte que lo que había que hacer era investir de una vez por todas a Carles Puigdemont como ‘president’. Una forma como otra de recordarle al presidente del Parlament que, para los posconvergentes, él tiene los pies de barro por no haber procedido con la sesión de investidura (a distancia) de Puigdemont el 30 de enero del 2018.

Todo ello ocurrió en el fin de semana de cónclave independentista en Ginebra, donde se reunieron JxCat, ERC, la CUP y las entidades soberanistas, encabezados por Puigdemont, Torra y Marta Rovira. Sin que se pueda sancionar que hubo pacto, sí hubo una "posición generalizada" de que no se pondría en peligro las instituciones catalanas, como podría ser el Parlament. En román paladino, se aceptó que no era apropiado tratar de investir a Puigdemont, en un encuentro que se celebró en un clima de conciliación y entendimiento en el que, por lo menos, lograron acercar posiciones.

Tsunami 'caribeño'

En cuanto a la respuesta social, emergió ayer el nacimiento de una plataforma con el nombre Tsunami Democràticque parte de la sociedad civil para impulsar una reacción sostenida, más allá del fallo del Supremo, desde "la no-violencia y la desobediencia civil como instrumentos" que agradó a los asistentes a la cumbre. Al dar a luz a través de las redes sociales (la web fue registrada el 23 de julio en la isla caribeña de Saint Kitts&Nevis), Oriol Junqueras, Puigdemont y las primeras espadas del soberanismo la bendijeron. Para los partidos supone una forma de sacudirse responsabilidades de agitación y propaganda; para las entidades, otro actor con el que coordinarse. Sin embargo, este prefiere ejercer sin portavoces.

Mientras, la ANC y Òmnium Cultural ultiman los preparativos para volver a las calles con motivo de la Diada. La presidenta de la Assemblea no tiene por costumbre consensuar sus discursos con el secretariado nacional, pero fuentes de la organización apuntan que ha ido virando su contundente discurso unilateralista a posiciones que generan más consenso, como son las llamadas a la "unidad de acción". 

Y eso, inevitablemente, recrudece alegatos como la exigencia de un adelanto electoral con la condición de que si el independentismo supera la mayoría debe crearse un nuevo Estado, que hizo sonar meses atrás. Y es que, en el fondo, hay consenso en mantener la paz, al menos, hasta que se termine el ciclo de movilizaciones que desatará la sentencia.

Movilización permanente

La entidad presidida por Jordi Cuixart se centrará en exigir la "absolución" de los independentistas procesados, e insistirá en "el derecho a ejercer los derechos fundamentales" que se sometieron a juicio. Dicho de otro modo: apelarán a la "movilización constante y masiva", a la desobediencia civil, que conjure al "80% de la sociedad catalana que apoya la libertad de los presos y el derecho a la autodeterminación". 

Por su lado, los Comités de Defensa de la República (CDR) siguen sus llamadas a recomponerse después de haber perdido peso en la arena política y preparan sus propias acciones como reacción al fallo del 1-O.