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DIPUTACIÓN DE BARCELONA

Un lustro de desencuentros

Las disputas por la hegemonía independentista han salpicado en varias ocasiones la inestable alianza entre JxCat y ERC

Daniel G. Sastre / Xabi Barrena

Concentración delante de la Diputació de Barcelona.

Concentración delante de la Diputació de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

La Diputación de Barcelona, una institución que hasta ahora no había despertado grandes pasiones periodísticas, se ha convertido en el último escenario del casi siempre sordo combate entre JxCat y ERC por la hegemonía dentro del independentismo. Un observador poco avisado de la política catalana podría pensar que el de posconvergentes y republicanos es un matrimonio sólido, porque lleva gobernando Catalunya desde el 2015. Pero los desencuentros vienen de incluso antes de esa fecha, y el choque por la Diputación ejemplifica una de las características motrices de la relación: el miedo a quedar señalados como 'botiflers'.

La consulta del 9-N

En el verano del 2014, cuando ERC solo daba apoyo externo al Govern de Artur Mas, la consulta independentista del 9-N provocó el primer encontronazo serio. Después de que el Tribunal Constitucional anulara la votación, Mas decidió unilateralmente sustituirla por un "proceso participativo" sin ninguna validez legal. Oriol Junqueras recibió con estupor el cambio, pero finalmente dio apoyo a la iniciativa. Acabó siendo la primera victoria del entorno de Convergència sobre ERC, y Mas capitalizó el éxito de la jornada.

La creación de Junts pel Sí

El 13 de julio, mañana se cumplirán cuatro años, se plantó la semilla de buena parte de los problemas que han florecido entre ambas fuerzas. Con el plan de celebrar unas elecciones plebiscitarias (sic), el debate en el independentismo se centró en si había que concurrir en una lista conjunta, como propuso Mas en su conferencia posterior al 9-N, o en listas separadas agrupadas bajo un mismo paraguas, como defendía Junqueras en un acto de réplica al del entonces ‘president’.

Ese 13 de julio, Junqueras entró en el Palau de la Generalitat con el pleno convencimiento de que no cediría ante los embates de Mas y de que su partido no iría del brazo de CDC . Ese convencimiento salía de que ERC, la CUP, Òmnium y la ANC deseaban una lista unitaria, pero sin partidos. Solo de miembros de la sociedad civil. Solo Mas quería que se incluyeran las siglas políticas

Solo las paredes del edificio saben qué se dijo exactamente, pero los republicanos siempre han contado sin detalles que Mas les amenazó con frenar las elecciones, dar por muerto el ‘procés’ y culpar de todo a ERC. El primer 'pressing ERC' ya daba sus frutos y los republicanos iban cayendo en las encuestas, desde una posición de privilegio demoscópico que era el motor, en el fondo, de la ofensiva de Mas. El resultado de esa cumbre, tras quitarse del medio la CUP, fue Junts pel Sí.

Crisis antes del 1-O

Conforme se acercaba el verano previo al 1-O, el encargado por obra de Carles Puigdemont del referéndum, que no era otro que Junqueras, fue viendo la cuestión complicada. Había ‘conselleries’ que no arrimaban el hombro. "Así no se puede seguir", se le escuchó decir al jefe de Esquerra. Los republicanos exhortaron al ‘president’ a remodelar el Govern y poner al frente a ‘consellers’ que sí quisieran sacar adelante el referéndum. En la lista que el propio Puigdemont elaboró no había un solo cargo de ERC, algo que enojó a Marta Pascal, a la sazón coordinadora del partido posconvergente. Pascal pidió la cabeza de un republicano. Expuesto el dilema a Junqueras, este lo expuso a sus ‘consellers’. "Si alguien quiere irse, ahora es el momento. Nadie lo atribuirá a una cobardía, sino a las presiones de los posconvergentes", poco más o menos les dijo. Nadie renunció.  Junqueras le dijo a Puigdemont que si tenía que irse uno de ERC, solo podían ser o Carles Mundó o él mismo, porque el resto eran independientes. Al final, no se marchó nadie de ERC.

La DUI

Las jornadas previas a la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre del 2017 fueron de alta tensión entre los socios del Govern. El día antes de la DUI, Puigdemont había decidido convocar elecciones autonómicas. Pero el ‘expresident’ interpretó como una traición la reacción de Esquerra: mientras en privado Junqueras se mostraba poco participativo –aunque llegó a proponer  tomar el relevo de Puigdemont en la cúspide de la Generalitat–, en público los republicanos salieron en tromba a criticar la decisión. El famoso tuit de Gabriel Rufián sobre las 155 monedas de plata fue uno de los elementos que contribuyó al cambio de parecer de Puigdemont. Tras declarar la independencia de una manera sui generis, el jefe del Govern se marchó a Bélgica sin avisar a todos los miembros de su Ejecutivo, lo que aumentó el malestar de ERC.

El veto a Puigdemont

Después de que la JxCat de Puigdemont se impusiera por solo 12.000 votos a ERC en las elecciones del 21-D del 2017 empezó la batalla por la presidencia de la Generalitat. Puigdemont no cumplió su promesa de regresar a Catalunya después de los comicioes, pero su grupo parlamentario quería que igualmente se le intentara investir a distancia. Se iba a hacer en el pleno del 30 de enero del 2018, pero el presidente de la Cámara, Roger Torrent, suspendió la sesión porque no habría sido una "investidura efectiva". El mundo posconvergente nunca se lo ha perdonado, y acusó a los republicanos de querer blindarse contra eventuales represalias de los tribunales.

Los pactos municipales

La fragilidad de la alianza entre ERC y JxCat quedó de nuevo de manifiesto tras las elecciones municipales del 26 de mayo. En 26 localidades ganó JxCat, pero no gobierna por un pacto entre ERC y otras formaciones; en muchas ocasiones, esos acuerdos incluyen al PSC. Para los posconvergentes, los casos más sangrantes son los de Sant Cugat –donde ostentaban la alcaldía desde hace 32 años–, Figueres y Tàrrega. En otros siete municipios, ganó ERC y un pacto entre JxCat y otros partidos les arrebató la alcaldía. Los posconvergentes se quejaron de algunos de esos acuerdos: en Santa Coloma de Farners, Quim Torra en persona contribuyó a abortar un pacto entre su formación y el PSC. Pero en la Diputación, tanto el actual ‘president’ como Puigdemont bendijeron la alianza con los socialistas, y han tratado estos días de salir lo menos perjudicados posible de la trifulca frente a una ERC con ganas de denunciar el acuerdo.