Ir a contenido

PERFIL

Ernest Maragall: Cocinero antes que fraile

Tras 30 años entre las bambalinas, la prematura retirada de su hermano llevó a Ernest Maragall a la primera línea de la política

De talante dialogante, el hoy republicano ejerció de puente entre el PSC y Pasqual y entre el tripartito y CiU

Xabi Barrena

Maragall, durante la entrevista con este diario, el pasado jueves.

Maragall, durante la entrevista con este diario, el pasado jueves. / ALBERT BERTRAN

Si hay un apellido que marca el último siglo largo en Barcelona y Catalunya, ese es Maragall. Abuelo, hijo y nietos. De todos, el que ha tenido que trajinar una mayor carga ha sido Ernest. Nieto de poeta: hijo de político e intelectual y hermano del hombre que cambió la historia de Barcelona y personaje al que ahora todos reivindican. Incluso aquellos que le vituperaron.

No se concibe la trayectoria de Pasqual sin la presencia, dos pasos por detrás, rozando ya la penumbra de la escena, de Ernest. “El verdadero Pasqual es Ernest”, gustaba de decir el exalcalde. Juntos pasaron por el Frente Obrero de Catalunya (FOC) y después por la Convergència Socialista de Joan Reventós,que acabó desguazando en el PSC. Y por el ayuntamiento . Y por el Govern.

Entró en el ayuntamiento en 1969 y con el tiempo acabó acomodándose en el Instituto Municipal de Informática (IMI). A los pocos años de que Pasqual empezara a ejercer como alcalde “Josep Maria Sala los ‘rescató’ de esa segunda línea gris y funcionarial para que ejerciera de interlocutor entre su hermano y el partido”, apunta una voz del partido. Las tensiones entre uno y otros empezaban ya presionar las costuras.

'Bobby' y 'el Tete'

Ernest fue, entre otros roles, un puente. Entró en la ejecutiva del partido  y más tarde empezó a controlar las campañas de su hermano. Como responsable de las encuestas municipales (vía el Instituto Cartográfico) estaba al tanto del pulso ciudadano. Eso y su ascendente sobre Pasqual le mereció duros encontronazos (en 1995) con el jefe de Gabinete histórico de su hermano, Xavier Roig. Hoy jefe de campaña de Manuel Valls. Eran los tiempos en que a Ernest les llamaban ‘Bobby’, por aquello de ser ‘hermano’ de ‘John Kennedy’.

Tuvo un papel destacado en el enfrentamiento entre Pasqual y la dirección de la federación de Barcelona del PSC, singularmente con Antoni Santiburcio. ‘El tete’, otro imaginativo apodo que le sacaron en aquellos tiempos, también fue pieza destacada en la guerra civil que se vivió en Sitges con motivo del congreso del PSC de 1994, el cónclave que acabó con el liderazgo de Raimon Obiols y reafirmó el poder de los llamados ‘capitanes’ del partido.

Cuando Pasqual llegó a la presidencia de la Generalitat nombró a su hermano secretario de Govern, en un ejecutivo tripartito que precisaba de mucha negociación. Algo que él manejaba así como la maestría en el difícil arte de hacer tortillas a la francesa. Prueba de ello fue la legendaria muestra que le cocinó al entonces hombre fuerte de Artur Mas, Francesc Homs. Esa tortilla desbrozó el camino para un pacto del Govern tripartito con CiU, indispensable para aprobar el Estatut.

La prematura retirada de Pasqual abrió la segunda parte de la vida política de Ernest Maragall, ya en primera fila. Como ‘conseller’ de Educación con Jose Montilla de ‘president’ sacó a relucir de nuevo sus dotes negociadoras con los convergentes para sacar una ley de educación (2009) que enfadó a los socios de Govern por beneficiar, dijeron, a la escuela concertada.

El inicio del ‘precès’ le alcanzó con 69 años. Pero no dudó en abandonar el PSC al mes exacto de la primera gran Diada, la del 2012. Justo cuando el había renunciado a su histórica reivindicación de un referéndum de autodeterminación. Antes ya había roto la disciplina de voto en el Parlament en dos ocasiones, en favor del pacto fiscal y contra Eurovegas. Dejó el partido y fundo uno propio, Nova Esquerra Catalana, con el fin de reunir a aquellos socialistas soberanistas.

Oriol Junqueras en plena tarea de construcción de su ‘CiU de izquierdas’ llamó a su puerta. El calado intelectual de ambos favoreció la complicidad entre ellos. Poco después de que Maragall, que siempre crítico con el esencialismo nacionalista, abrazara los postulados independentistas, fue incluido en la lista para las europeas del 2014, logrando el escaño. Y ahora vuelve a su ‘segunda’ casa : el ayuntamiento . Como le define un excorreligionario “lo tiene en la cabeza. Seguro que sabe mejor que Colau que porcentaje de multas impagadas hay en la ciudad”.