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JUICIO AL 'PROCÉS'

El enigma Trapero

El mayor de los Mossos no desvela si declarará este jueves en el Supremo, donde está citado como testigo

Los ataques de Pérez de los Cobos y las dudas de sus excompañeros lo han convertido en protagonista del juicio

Daniel G. Sastre

El mayor Josep Lluís Trapero se dirige a la Audiencia Nacional.

El mayor Josep Lluís Trapero se dirige a la Audiencia Nacional. / JUAN MANUEL PRATS

Una de las primeras decisiones del Gobierno cuando tomó el control de la Generalitat, vía artículo 155 de la Constitución, fue destituir a Josep Lluís Trapero. El BOE no especifica las razones de ese cese, pero el entonces ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, las aclaró: “Sustituimos al mayor Trapero por su situación judicial”.

El 28 de octubre del 2017, fecha de su destitución, el mayor de los Mossos d’Esquadra ya estaba imputado en la Audiencia Nacional por sedición, y después lo estaría por rebelión. Ese juicio, que se celebrará cuando termine el de los 12 líderes del ‘procés’ en el Tribunal Supremo, condiciona su declaración de este jueves como testigo. Nadie sabe aún a ciencia cierta si Trapero, uno de los protagonistas indiscutibles de la vista oral hasta el momento, responderá a las preguntas de acusaciones y defensas o se acogerá a su derecho de no contestar por estar procesado en otra causa.

Su abogada, Olga Tubau, mantiene la incógnita. Pero el hecho de que se haya cambiado la hora de su declaración ante Manuel Marchena –de la tarde a la mañana- ante el riesgo de que finalmente no le diera tiempo a intervenir permite intuir que Trapero tiene ganas de hablar. Otra cosa es que según su defensa no le convenga. Pero el mayor de los Mossos, un hombre orgulloso y pertinaz a decir de quienes le conocen, tiene motivos para querer decir su verdad.

Cambio de tercio

Esta semana, las declaraciones del juicio del ‘procés’ han servido para que las acusaciones trataran de probar que los acusados malversaron dinero público para celebrar el referéndum del 1 de octubre. Pero este jueves se impone el cambio de tercio: además de Trapero, están citados a testificar Josep Maria Jové, el exnúmero dos de Oriol Junqueras al que le incautaron el documento ‘Enfocats’, con planes para llevar a cabo la secesión; el juez Santi Vidal, cuyas precisiones públicas acerca de las estructuras de Estado significaron el inicio de la causa contra el soberanismo; y el jurista Carles Viver Pi-Sunyer, señalado como arquitecto institucional de la Catalunya independiente. Todos están procesados en otros juzgados, por lo que, si declaran ante Marchena, pueden elegir qué preguntas responder.

Después de unas primeras jornadas en las que los fiscales tuvieron muchos problemas para aflorar en el relato de los hechos de octubre del 2017 la violencia necesaria para unas eventuales condenas por rebelión, las tornas han cambiado en las últimas sesiones. En las declaraciones de Enric Millo, José Antonio Nieto y, sobre todo, Diego Pérez de los Cobos proliferaron las alusiones a la actitud “violenta” tanto de los manifestantes frente a la sede de Economia el 20-S como a los votantes que se oponían a la policía el 1-O.

Pero no solo eso, sino que pusieron el foco en la actitud de los Mossos en esos días, y muy especialmente en la de Trapero. El más duro fue el coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos, coordinador del dispositivo policial del día del referéndum, que llegó a tildar de “estafa” el plan del cuerpo catalán para cumplir el mandato judicial de impedir la votación.

Lo adjetivo y lo sustantivo

Pérez de los Cobos admitió que su relación con Trapero fue “difícil desde el principio”. Según él, el mayor de los Mossos d’Esquadra nunca aceptó su autoridad y no hizo nada por evitar el referéndum. “Todo lo que hicieron [los Mossos] estaba pensado para facilitarlo”, aseguró. El mayor de la policía catalana, siempre según esta versión, se puso del lado del Govern, y priorizó “lo adjetivo” de las órdenes judiciales –preservar la convivencia- a “lo sustantivo”, impedir la votación.

Trapero lleva desde su destitución oficialmente dedicado a tareas administrativas en un despacho de la comisaría de Les Corts de los Mossos, pero también ha empleado estos 16 meses en preparar su defensa. Se ha alejado a conciencia de las cámaras: nada que ver con la sobreexposición mediática que le depararon los atentados terroristas de agosto del 2017. En la cresta de esa ola, llegó al mes de octubre de ese año convertido en un héroe para el independentismo. Al Govern le interesaba sugerir que la policía catalana se pondría de su lado en la hora de la verdad, y Trapero, cuya frase más emblemática –‘bueno, pues molt bé, pues adiós'- ya se había impreso para entonces en camisetas y etiquetas de botellas de cerveza, no dejó las cosas claras en público.

Sí lo hizo en privado, a tenor de lo que han declarado esta semana dos de sus subordinados de entonces, Manuel Castellví y Emili Quevedo. Tanto el exjefe de Información como el exjefe de Planificación de los Mossos explicaron que Trapero pidió dos veces al Govern –el 26 y el 28 de septiembre del 2017- que desconvocara el referéndum porque había “riesgo de violencia”, pero que Carles Puigdemont se negó a hacerlo.

Sus declaraciones, claramente exculpatorias hacia la labor del mayor de los Mossos, ponen en entredicho la versión de las defensas de los acusados, que minimizan los peligros asociados a la jornada del 1 de octubre. En unas horas se comprobará si Trapero, semidiós del independentismo durante unos meses, insiste en esos argumentos o si prefiere el silencio hasta que llegue su turno en la Audiencia Nacional.