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LA ENCRUCIJADA CATALANA

Frágil distensión en Barcelona

Sánchez marca perfil en un Consejo de Ministros en Barcelona rodeado de protestas y altercados

Los CDR vuelven a chocar con los Mossos pero no consiguen su objetivo de colapsar Catalunya

Jose Rico

Pedro Sánchez reúne a su Consejo de Ministros en Barcelona. / ALBERT BERTRAN (VÍDEO: EUROPA PRESS)

La última jornada de un otoño que se presagiaba mucho más incandescente de lo que ha sido reprodujo el patrón que ha seguido la Catalunya del 'procés' durante este año 1 después de los latigazos de otoño del 2017. La política de distensión se impuso al acechante asedio coordinado de sectores independentistas, que, alentados a «apretar» desde hace meses por el 'president' Quim Torra, no lograron ni bloquear Barcelona ni impedir que el Consejo de Ministros de Pedro Sánchez volase de regreso a Madrid habiendo exhibido una batería de medidas económicas y sociales, y con el compromiso de la Generalitat de afianzar el diálogo y buscar una «propuesta política» mayoritaria en el marco de la ley. La prueba escrita de una traición de Estado para unas derechas con las que el PSOE librará un durísimo combate en el 2019.

Estos últimos días, ambos gobiernos habían colocado paños calientes preventivos en un ambiente que se había escalfado con la apuesta de Torra por la vía eslovena y la amenaza de Sánchez de sacar a la Policía y la Guardia Civil si los Mossos miraban hacia otro lado con los CDR. Una táctica remachada el jueves en el Palau de Pedralbes con su declaración conjunta en pos de un «diálogo efectivo» que entraña fuertes riesgos, porque parece incompatible con las pulsiones unilaterales de un lado y porque ancla al otro a una vía que puede desembocar en un callejón sin salida justo cuando las derechas están más envalentonadas que nunca.

Los llamamientos a la serenidad por parte de la propia Generalitat y hasta de los políticos presos redujo el seguimiento de las protestas a un número muy inferior al que se vaticinaba, lo que no evitó que el centro de Barcelona viviese una mañana de tensión, principalmente en los aledaños de una Llotja de Mar fortificada por dos cordones policiales y un perímetro de seguridad de un kilómetro. Las diversas movilizaciones de los CDR fueron respondidas con cargas de los Mossos d’Esquadra y dejaron 13 detenidos y 77 heridos leves, entre ellos 35 mossos y un periodista de Intereconomía.

Los boicots más allá de Barcelona consistieron en un goteo desde el alba hasta la hora del almuerzo de cortes de carreteras, autovías y autopistas que tenían como objetivo colapsar las grandes arterias de Catalunya y, sobre todo, los accesos a la capital.

RAZONABLE NORMALIDAD

Sin embargo, aunque la movilidad por carretera fue complicada durante toda la mañana dentro y fuera de Barcelona, los Mossos abrieron paso con diligencia y el transporte público funcionó sin demasiados problemas, también pese a la convocatoria de huelga en Renfe. Para la mayoría de servicios básicos también fue ayer un día como cualquier otro.

Las algaradas matinales contrastaron en tono y en afluencia de seguidores con la pacífica manifestación vespertina (unas 40.000 personas, según la Guàrdia Urbana), lo que puso de relieve las dos almas que dividen a los socios del Govern y el conjunto del secesionismo: jugar en la calle la carta del choque sin tregua con el Estado o trasladar esa partida a la mesa de negociación para obtener réditos a corto y medio plazo que permitan aumentar a largo plazo los apoyos sociales de la causa.

Sánchez y sus ministros oyeron a lo lejos las protestas mientras caminaban hacia la Llotja. Ya reunidos, dieron el visto bueno a varias de las medidas estrella avanzadas en los últimos días, como la subida del salario mínimo a 900 euros, la mayor de la democracia, y el incremento del 2,25% del sueldo de los empleados públicos, el más elevado de la última década. En otro de los caballos de batalla de Sánchez, la lucha contra el machismo criminal, puso la primera piedra de la reforma penal para tipificar cualquier «comportamiento sexual» hacia una mujer sin su consentimiento como un delito de agresión sexual castigado con prisión.

¿Y la carpeta catalana? Con el diálogo «encauzado» –en palabras de la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá– en la minicumbre del jueves, el Consejo de Ministros aprobó una medida efectiva (85 millones para la mejora de carreteras) y dos simbólicas que, como suele suceder, no fueron del agrado de la Generalitat. El Ejecutivo socialista rebautizará el aeropuerto de El Prat con el nombre de Josep Tarradellas, una figura que al constitucionalismo hace tiempo que le interesa vindicar como ejemplo de pragmatismo.

GESTO CON COMPANYS

Otro símbolo (y mártir) muy invocado en estos años de 'procés', en este caso por los soberanistas, Lluís Companys, obtuvo ayer un nuevo gesto reparador de un Gobierno del PSOE. Una declaración de condena del consejo de guerra franquista que desembocó en su asesinato en 1940. El Ejecutivo catalán echó en falta otra vez la anulación del juicio, pero la ministra Meritxell Batet recordó que esa medida podría aprobarse el próximo año en el Congreso si se aprueba una proposición de ley que está hoy en tramitación.

Con el paso del Consejo de Ministros por Barcelona, Sánchez cierra el año salvando los puentes con sus socios de la moción de censura y ahondando la brecha con el PP y Ciudadanos. Torra, por su parte, estrenará el 2019 emparedado entre WaterlooLledoners y Pedralbes. Probablemente, el juicio del 'procés' dictará sentencia... para todos.