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RECTIFICACIONES PRESIDENCIALES

Los vaivenes de Torra

El 'president' ha hecho de la rectificación una de las señas de identidad de su Govern

La necesidad de mantener la gesticulación contrasta con un día a día menos agitado de lo esperado

Daniel G. Sastre

Los vaivenes de Torra

STEPHANIE LECOCQ (EFE)

Pronto hará seis meses que Quim Torra fue investido presidente de la Generalitat por sorpresa, después de que Carles Puigdemont lo eligiera entre los diputados de Junts per Catalunya. Torra subrayó su interinidad desde el principio, pero estar tan pendiente de las directrices a menudo oscilantes que llegan desde Waterloo ha provocado que el ‘president’ haya tenido que rectificar sus afirmaciones en numerosas ocasiones desde que accedió al cargo. En este tiempo, se ha convertido en un mandatario abonado a las declaraciones subidas de tono que muchas veces tienen poco que ver con el día a día del Govern.

Se disculpa por atacar a los españoles

Cuando se conoció que Torra era el elegido de Puigdemont para encabezar el nuevo Govern, un repaso a su actividad periodística más o menos reciente preocupó a muchos de los diputados que iban a votarle y soliviantó a la exposición. De algunos artículos se podía inferir que consideraba «bestias» a los españoles, y también criticaba a quienes hablaban castellano en Catalunya. Más contundentes eran aún algunos de sus mensajes en redes sociales, ahora ya borrados. «Los españoles solo saben expoliar» o «vergüenza es una palabra que los españoles han eliminado de su vocabulario», decían, entre otras cosas, esos tuits, que provocaron que varios partidos le acusaran de supremacista. Durante el debate de investidura, Torra pidió disculpas por esasa afirmaciones: «Me arrepiento. No volverá a suceder».


La ‘restitución’ bloquea el Govern 

El 19 de mayo, tras tomar posesión como ‘president’ después de que fracasaran las opciones de Puigdemont, Jordi Sànchez y Jordi Turull, Torra hizo públicos los nombres de sus futuros ‘consellers’. La lista incluía a dos presos –Turull y Josep Rull– y dos huidos a Bélgica, Toni Comín y Lluís Puig. El Gobierno de Mariano Rajoy interpretó como una «provocación» su inclusión en el Ejecutivo, y, como el 155 seguía vigente, bloqueó la publicación en el Diari Oficial de la Generalitat. Además, avisó de que la intervención se mantendría hasta que esos cuatro nombres fueran sustituidos. El ‘president’ acabó cediendo diez días después, y nombró ‘consellers’ a Elsa Artadi, Damià Calvet, Alba Vergès y Laura Borràs.

Una foto incómoda con el Rey en los Juegos de Tarragona


Tras un mes al frente del Govern, a Torra se le presentó el problema de qué hacer con la inauguración de los Juegos Mediterráneos de Tarragona. Por un lado, eran un acontecimiento importante para la ciudad y para Catalunya; por otro, Felipe VI iba a estar en la ceremonia, y el independentismo quería expresar su repulsa contra el Monarca por su discurso del 3 de octubre del año pasado, en el que denunció la «deslealtad inadmisible» de la Generalitat de Puigdemont. El ‘president’ estuvo días pensando qué hacer, y finalmente compartió palco con el Rey. Pero el mismo día anunció para calmar los ánimos del independentismo más indómito que la Generalitat no invitaría a partir de entonces a Felipe VI a ningún acto oficial, y que ni él ni sus ‘consellers’ asistirían a ninguno que fuera convocado por la Monarquía.


El ultimátum a Sánchez que duró menos de 24 horas


A menudo, las proclamas más grandilocuentes de Torra han llegado cuando algún asunto amenazaba con desviar el foco de las reivindicaciones independentistas, que constituyen la razón de ser de su Govern. Así sucedió, por ejemplo, el 3 de octubre. El ‘president’ había visto cómo los CDR se plantaban a las puertas del Parlament –y amenazaban con derribarlas– después de que él los hubiera animado a «apretar» en el primer aniversario del referéndum del 1-O. En el debate de política general, Torra se sacó de la manga un ultimátum que soprendió a todos, incluidos muchos de los diputados que dan apoyo al Govern: advirtió al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de que los soberanistas le retirarían el apoyo en el Congreso si no negociaba con Catalunya un referéndum de autodeterminación antes del mes de noviembre.

El malestar que provocó ese anuncio en Esquerra y en el PDECat resquebrajó la unidad del Govern. Al final, Torra se limitó a enviar a Sánchez una breve carta en la que el ‘president’ le pedía una reunión, le reclamaba que concretara «los términos del diálogo» y le solicitaba que abordaran el «ejercicio del derecho a la autodeterminación», pero no planteaba ningún ultimátum.


Reunión en Barcelona: de la indiferencia a la «provocación» 


Cuando el Gobierno anunció su intención de celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona, en una etapa en la que el deshielo entre ejecutivos no parecía abocado al fracaso sin remedio, la Generalitat no dio ninguna muestra de malestar. Eso sí: intentó beneficiarse de la situación y forzar un encuentro «bilateral» entre los dos gabinetes, para dar la imagen de que estaban a la misma altura institucional. Pero cuando la Moncloa rechazó ese formato, la portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi, afirmó que la intención del Gobierno de reunirse en Barcelona era una «provocación», y avaló las protestas que están preparando para esa jornada, entre otros, los CDR. Al mismo tiempo, cada vez parece más complicado que Torra y Sánchez se vean ese día en la ciudad.

Marcha atrás en la purga a los Mossos


El independentismo guarda en la memoria como una gran afrenta las imágenes de policías nacionales y guardias civiles golpeando a la gente que quería votar el 1-O. Por eso es tan sensible ahora con las intervenciones policiales contundentes, como la que protagonizaron los Mossos para contener a los CDR que querían reventar una manifestación de Vox en Girona. Torra impuso al ‘conseller’ de Interior, Miquel Buch, una purga en el cuerpo, pero la indignación entre los agentes provocó que diera marcha atrás tras ver las imágenes y la documentación de la actuación de los Mossos.