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ESCRITO DE TRAPERO

El ministerio activó una aplicación informática policial para el 1-O que fue un fiasco

El 'Gestor de eventos' de Interior sumó todo tipo de problemas que obstaculizaron la coordinación

En algunas zonas se optó por recurrir a una parrilla de Excel para anotar las incidencias

J. G. Albalat / Rafa Julve / Ángeles Vázquez

Mossos d’esquadra retiran urnas de un centro de votación, el 1 de octubre del 2017.

Mossos d’esquadra retiran urnas de un centro de votación, el 1 de octubre del 2017. / RICARD CUGAT

Ni saliendo y volviendo a entrar 20 veces funcionó correctamente el sistema. Ya resultó ser un fiasco en los ensayos previos y aún fue peor el día D, es decir, el 1 de octubre. El Ministerio del Interior, a través de la figura del coronel Diego Pérez de los Cobos, designado coordinador de todo el dispositivo policial con el que se pretendía bloquear el referéndum unilateral, ordenó a los diferentes cuerpos que utilizaran una aplicación informática para volcar en ella toda la información referente a las actuaciones llevadas a cabo. Sin embargo, el programa acabó fallando más que una escopeta de feria y dificultó más si cabe la coordinación, según se desprende de un informe remitido por el ‘major’ Josep Lluís Trapero al Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) que consta en el sumario de la causa del 1-O, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO.

Imputado por sedición en la Audiencia Nacional días después del 1-O, Trapero envió al TSJC justo el 10 de octubre del año pasado un escrito en el que detalló todos los problemas que sufrió un software que llevaba por nombre ‘Gestor de eventos’. Mediante dicha aplicación había que  “traspasar los datos relativos a actuaciones policiales e incidencias” para que tuvieran toda la información las cuatro “células de seguimiento” policial. Estas estaban instaladas en las delegaciones que el Gobierno central tiene en las cuatro provincias catalanas y las integraban un representante de los Mossos, uno del Cuerpo Nacional de Policía, uno de la Guardia Civil y uno de la Secretaría de Estado de Seguridad, a quienes el desbarajuste informático les dejó sin enterarse de la misa la mitad.

Según Trapero, en las pruebas del programa ya se evidenciaron algunas “dificultades” que condicionaban su efectividad. “La más importante era que las incidencias se habían de enviar una a una, introduciendo cada vez el nombre del local de votación y su dirección, lo que hacía muy lenta la introducción y dificultaba el uso dado que se esperaba que aquel día se habría de informar de miles de incidencias”. Por ello, los Mossos solicitaron una “pre-carga” de los locales en el sistema, “petición que no fue atendida”.

Directamente a Madrid

Segundo obstáculo. Según el entonces jefe de los Mossos, estos empezaron a introducir datos a las siete de la mañana del 1-O y en poco tiempo quedó clara otra disfunción: la información que iban volcando los policías autónomos no la recibían las células de seguimiento, sino que llegaba directamente a las dependencias de la Secretaría de Estado de Seguridad, en Madrid, dejando in albis a las cuatro sedes provinciales. Tampoco hizo nada el ministerio para solucionarlo, como tampoco nadie pareció rasgarse las vestiduras al constatarse que, “por diversos problemas”,  ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil pudieron “alimentar la aplicación con las incidencias que iban registrando de sus actuaciones”.

Aun con todo este desaguisado, y sin saber muy bien para qué sirvió, los policías autónomos introdujeron “más de 3.900 incidencias” en el ‘Gestor de eventos’ entre las siete de la mañana y las siete y media de la tarde. Y muchas más podrían haber sido porque, de acuerdo con la versión de Trapero, en la célula de Barcelona “se tuvo que trabajar con una parrilla de Excel”. En Girona la aplicación no llegó a funcionar y “las únicas comunicaciones que se realizaron fueron secundarias y no relacionadas con la coordinación de las actuaciones”.

En Lleida la situación aún fue más surrealista, pues al no funcionar el ‘Gestor de eventos’ también se intentó trabajar con un Excel, pero un problema de “incompatibilidades en el programario” acabó obligando a la Guardia Civil y a la Policía a desplazarse a sus respectivas comandancias para poder informar a sus superiores. En cuanto a Tarragona, tres cuartos de lo mismo, la comunicación brilló por su ausencia.

Dos mossos por centro de votación

La cúpula de los Mossos d’Esquadra decidió enviar a dos agentes a cada centro de votación del 1-O a pesar de que se tenía constancia de que en las puertas de los locales se concentrarían decenas de personas para impedir que se retiraran las urnas. Los mandos de la policía autónoma descartaron una «actuación de más presencia» porque para ello se necesitaría una número de policías «totalmente insostenible», expuso el ‘major’ Trapero al TSJC. Además, hizo mención al «carácter pacífico, reivindicativo y de resistencia pasiva que, de manera unánime, se consideró que tendría la jornada».

En las reuniones de coordinación con la Policía Nacional y la Guardia Civil, según el que era jefe de los Mossos, se fijó que fuera la policía autónoma la que realizara la primera intervención en los centros y que las unidades de orden público estuvieran «fuera de la vista» de los locales. En el caso de que fuera necesario, según el mando policial, serían los mossos, quienes requerirían la presencia de los antidisturbios de la Policía Nacional o de la Guardia Civil. A pesar esta norma general, la policía autónoma también se comprometió a actuar con «sus propias unidades de orden púbico» dónde estuvieran desplegadas.

En su informe, el ‘major’ dejó constancia que antes de que se activara la primera petición de ayuda por parte de los Mosos, los antidisturbios de la Policía Nacional y de la Guardia Civil ya se habían personado en varios centros de votación. Ante esta constatación, los mandos de la policía catalana efectuaron una llamada al coordinador del dispositivo con la intención de obtener algún tipo de información sobre esos operativos. Según la versión de Trapero, este coordinador manifestó que desconocía las actuaciones de los antidisturbios.