04 abr 2020

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CORRUPCIÓN.CAT

Estocada final al 'masismo'

Puigdemont y el PDECat se desmarcan de la presunta financiación ilegal de CDC

El 'president' intenta que el escándalo no afecte a la cohesión del Govern

Neus Tomàs

El ’expresident’ Artur Mas y el ’exconseller’ Germà Gordó, el pasado 25 de febrero en un acto del PDECat.

El ’expresident’ Artur Mas y el ’exconseller’ Germà Gordó, el pasado 25 de febrero en un acto del PDECat. / EFE / MARTA PÉREZ

El 26 de septiembre del 2012, Joan Puigcercós se despidió del Parlament con un emocionado discurso en el que se dirigió directamente a Artur Mas con unas palabras que ahora todavía suenan proféticas. «Podremos hacer mucho trabajo porque nos unen muchas cosas. Pero señor Mas, ¿cómo lo haremos? Necesitaremos un imperativo de transparencia», avisó el exlíder de Esquerra. Y remató: «Determinadas prácticas y la corrupción son incompatibles con un proceso como este.Habrá que hacer limpieza donde haga falta, porque  si no esto no nos lleva al nuevo Estado catalán. Además, señor Mas, es un punto débil».                                                                                                                                                                                                         

Siete años antes, en el mismo hemiciclo,Pasqual Maragall había abierto la caja de los truenos al mencionar por primera vez públicamente el ya famoso 3%. El entonces presidente de la Generalitat se retractó tras la amenaza de Mas de retirarle el apoyo para impulsar la reforma del Estatut. Pero, también a modo de premonición, Maragall dejó dicha otra frase que ahora resuena con mayor fuerza: «Ustedes tienen alguna cosa que esconder, la historia lo demostrará». El Estatut se reformó, Mas llegó a 'president' y Puigcercós se buscó la vida fuera de la política. Pero existen dudas de que las «determinadas prácticas» a las que el republicano aludió en su última intervención en el Parlament desapareciesen. Las sospechas sobre la financiación ilegal de Convergència a través de la adjudicación de obra pública se remontan al pujolismo, sobrevuelan la posterior etapa de CiU en el Govern y salpican incluso la gestión de este partido en su efímero y reciente paso por el Ayuntamiento de Barcelona.

EFE / ALBERTO ESTÉVEZ

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

                 

Mas tiene claro que no puede ser candidato y el partido no se lo va a pedir, aseguran fuentes del PDECat

Los dos tesoreros, Daniel Osàcar y Andreu Viloca están imputados, un testigo protegido ha implicado por primera vez a Mas con las presuntas ilegalidades y el nombre del diputado y durante años uno de los hombres fuertes del partido Germà Gordó aparece como posible «conseguidor» de contratos amañados a través de Josep Antoni Rosell, su amigo y exresponsable de la empresa pública Infraestructures.cat (la antigua Gisa), que es la principal adjudicataria de obras de la Generalitat.

‘SEMANA HORRIBILIS’  

El penúltimo episodio se ha escrito esta semana -'semana horribilis' para la exConvergència, ahora rebautizada como PDECat- con las declaraciones de Fèlix MilletJordi Montull y su hija, Gemma MontullExplicaron lo que se negaron a revelar en la comisión parlamentaria que  en el 2010 intentó arrojar luz sobre el caso Palau. A modo de resumen: El Palau actuaba como una tapadera para que la constructora Ferrovial pagase a CDC a cambio de recibir adjudicaciones de obras públicas.  

La respuesta a semejante detonación política se explica a partir de algunas de las claves imprescindibles para entender las estrategias personales y de partidos que tienen actualmente los protagonistas del tablero político catalán. Mas calló y esperó a que el tesorero declarase en el juicio  que no sabía de que le hablaban para hacer suya la versión de Osàcar. Y en un mensaje dirigido tanto a su partido como a sus adversarios dejó claro que sigue sin renunciar a ser otra vez candidato. El rey va desnudo, ironizaba un diputado en el Parlament, pero nadie se atreve a decírselo. Aunque los suyos empiezan a marcar distancias. Cada uno a su manera.                                                                                                                                                                   

El actual Govern destituyó a Rosell, hombre de Gordó, y a Núria Bassols, esposa de otro imputado por el 'caso 3%' 

En forma de 'cordón sanitario', Carles Puigdemont intenta que la zozobra convergente no afecte a la cohesión del Govern. «Imagínate lo que hubiese sido esto con el tripartito», señalan en el Palau de la Generalitat. Esquerra, más allá de insistir en su repulsa a la corrupción, ha evitado hurgar en la polémica. No firmó la petición de comparecencia de Mas en el Parlament pero avisó a sus socios de que cuando se plantease votaría a favor. Al final, también los diputados del PDECat lo harán (la alternativa era quedarse solos). 

Los republicanos recuerdan que fue el Govern de Mas quien recolocó a Rosell (que según los investigadores es una pieza clave) una vez ya estaba imputado para que se dedicase a redactar los informes de internacionalización de Infraestructures.cat. Y que fue el actual Ejecutivo quien decidió destituirlo. Algo parecido pasó con Núria Bassols, esposa de uno de los empresarios imputados por el 3%, que también fue obligada a abandonar su cargo como comisionada de la Transparència. La duda es si había llegado al cargo gracias a la petición por carta que su marido envió a Mas en el 2010 pidiéndole trabajo.

JULIO CARBÓ

Los coordinadores del PDECat, Marta Pascal y David Bonvehí.

SILENCIOS ELOCUENTES

La estrategia de desmarcarse del 'masismo' es es la misma que ha decidido adoptar la dirección del PDECat. Toda la distancia posible teniendo en cuenta que Mas sigue siendo el presidente del partido pese a que la actual cúpula recuerde que no ejerce «funciones ejecutivas». Aunque él en público sigue sin descartar que pueda volver a ser el candidato a la Generalitat, para la mayor parte de los dirigentes esta aspiración se sitúa en el campo de la entelequía. «Tiene claro que no puede ser y que el partido no se lo va a pedir», resumen en la dirección.

La coordinadora del partido, Marta Pascal, ha medido sus palabras y sus silencios. De ahí que insista en que solo comentará sentencias, consciente de que la presión puede durar meses. A diferencia de Mas o Francesc Homs, ha demostrado prudencia, no ha puesto la mano en el fuego por ningún extesorero y no ha salido ninguna nota de prensa en defensa de Gordó.

Pascal exhibe prudencia y a diferencia de Mas y Homs no ha salido en defensa de los extesoreros convergentes

LOS EQUILIBRIOS INTERNOS 

Un buen conocedor de las entrañas convergentes reconoce que el expresident puede tener su parte de «responsabilidad» pero que la estructura financiera se diseñó con anterioridad. La explicación, si es que cometer una ilegalidad a sabiendas puede justificarse de alguna manera, hay que buscarla en los altos costes de las campañas electorales. «El gran drama de de un partido son las campañas», insiste. En lo que coinciden todos los dirigentes consultados es que ni Osàcar ni Viloca, su sucesor al frente de las finanzas se metieron un euro de más en el bolsillo. Lo que hicieron, lo hicieron por el partido.     

La fragilidad en los equilibrios entre las diferentes familias convergentes que sustentan ahora el PDCat también se comprueba en la estrategia que están siguiendo cada una de ellas. A la hora de posicionarse respecto a Mas pero también pensando en quien puede ser el próximo cabeza de lista. El jefe de filas en el Parlament, Jordi Turull, es de los que defiende con mayor vehemencia la etapa pasada. Otros, como el conseller Josep Rull, se han mostrado más «leales» con la estrategia marcada por la nueva dirección. 
Mientras, la exConvergència intenta ver cómo sale de esta, ERC deja pasar los días, sabedora de que el escándalo solo puede reportarle más votos a Oriol Junqueras. Discreción y paciencia. Esa es la receta que el líder republicano parece haberse aplicado. De momento, con éxito.