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LOS 12 ÚLTIMOS MESES DEL 'PROCÉS'

Del 9-N al 9 de noviembre

Un año después de la pseudoconsulta, el Parlament se apresta a aprobar un nuevo órdago

Xabi Barrena

En lo que la tierra da la vuelta al sol, un año, Catalunya ha seguido dando vueltas sobre sí misma y sobre la independencia. El 9-N del 2014, 2,3 millones de catalanes participaron en un sucedáneo de consulta que a pesar del éxito conseguido se había llevado por delante la unidad de los partidos soberanistas. La consulta original fue desechada por Artur Mas tras acatar este, contra la voluntad del resto de fuerzas, la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional.

La noche del 9-N, Mas quiso cobrarse todo el protagonismo y compareció en solitario, bien, con Joana Ortega, en Montjuïc, para capitalizar el éxito conseguido. Solo la CUP, mediante el abrazo a media tarde entre el president y David Fernàndez, se hizo con la pedrea del aplauso popular.

El 14 de octubre, Mas había anunciado que habría elecciones plebiscitarias. Pero, en lugar de convocarlas acto seguido a la pseudoconsulta, bajó el balón al suelo y dejó pasar el tiempo. Fue la semana de las conferencias. El 25 de noviembre, el líder de CDC expuso sus condiciones para la convocatoria: una lista única con ERC, que en aquel momento apuntaba por encima de los convergentes en las encuestas. El 3 de diciembre, Oriol Junqueras, en otra charla, le dijo que no, que listas separadas unidas bajo un mismo paraguas.

Hasta que a mediados de enero se llegó a un acuerdo, el entorno convergente atacó por Twitter, mar y aire a ERC. El #pressingERC que adelantó el actual #pressingCUP por la investidura de Mas. Al final, tras más de un episodio de vodevil, el president accedió a convocar elecciones, para el 27-S, en listas separadas obteniendo a cambio el apoyo republicano para unos nuevos presupuestos. También se pactó trazar una hoja de ruta conjunta de los partidos con las entidades soberanistas y dar prioridad a los acuerdos entre CDC y ERC en los pactos municipales poselectorales. Porque sí. Tres meses después había elecciones locales. Pasaron estas, el 25 de mayo, con la dolorosa derrota convergente en Barcelona. Y llegó junio. Y con él, la ruptura, tras 35 años del matrimonio, entre CDC y Unió.

HOJA DE RUTA

El motivo formal fue a cuento de la hoja de ruta de CDC con ERC en la que se hablaba explícitamente de independencia. Tras una consulta interna de los democristianos y algunos ultimátums, CDC y Unió se separaron. Otro punto de la hoja de ruta, la declaración de inicio del proceso de independencia, es lo que se vota hoy.

Superado el último escollo -deshacerse del molesto socio-, Mas no tardó ni cuatro días en volver a la carga con la lista única. Como todo el mundo preveía. Se entró en un nuevo mes de tensión cuyo desenlace se vivió en el Palau de la Generalitat el 13 de julio. Llegaron ERC, la CUP, Òmnium y la ANC a la reunión defendiendo la lista única civil, sin políticos. Solo Mas defendía la lista de partidos. Fue un cuatro contra uno, en el que se impuso el uno. Todavía no se sabe cómo.

De ahí nació Junts pel Sí (sin la CUP), que alcanzó los 62 diputados que, sumados a los 10 de los anticapitalistas permitirán que hoy, 9 de noviembre del 2015, el Parlament declare formalmente el arranque de la independencia.