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Mirador

Transparencia y algo más

Rosa Paz

Con la corrupción y los políticos ocupando los primeros puestos de las preocupaciones de los españoles, después tan solo del paro y la crisis -según se empeñan en demostrar tercamente los sucesivos sondeos del CIS- parece lógico que a los representantes públicos les haya entrado la urgencia por probar que nada tienen que ocultar, si acaso que el sistema ha pecado de opacidad, poco más. Por eso la consigna de moda es la transparencia. Imprescindible transparencia que se ha hurtado durante décadas a la sociedad por las mismas razones que se limitó la participación política directa, por un intento de los constituyentes de blindar el sistema democrático frente a amenazas de involución que no desaparecieron hasta bien entrados la década de los 80.

De aquellos polvos estos lodos. Porque hace tiempo que la democracia se consolidó y lustros desde que los políticos, como servidores públicos, tenían que haber optado por reforzarla precisamente abriendo las ventanas, aireando las instituciones, permitiendo el acceso y el control ciudadano. No se hizo, porque no había una gran demanda social y por una mezcla de pereza e interés, derivada de que a los grandes partidos ya les iban bien así las cosas, de que por garantizar la estabilidad política acabaron por patrimonializar hasta los organismos de control supuestamente independientes.

Esa claridad que ahora prometen es la que echan de menos los ciudadanos que, abrumados por la supervivencia económica diaria, observan con irritación creciente tanta noticia de choriceo protagonizada por algunos a los que durante estos años se les ha llenado la boca de grandes palabras como la honradez y la ética y que tendrían que haber tenido comportamientos ejemplares. Los negocios del yerno del Rey, Iñaki Urdangarin, y la imputación de su esposa, la infanta Cristina, deterioran el prestigio de la Monarquía. Que tres tesoreros del PP estén imputados y el más famoso de ellos, Luis Bárcenas, haya atesorado 38 millones en Suiza e inspire un trasiego de papeles y rumores sobre supuesta financiación ilegal del partido degradan la imagen del Gobierno. El reparto sin control de parte de los fondos para los ERE en Andalucía da en la línea de flotación del PSOE...

Y lo peor, se extiende la idea de que los políticos no saben cómo gestionar la crisis, lo que parece cierto, y de que todos son iguales y se aprovechan de sus cargos para beneficio personal, lo que ocurre solo en un porcentaje limitado de los representantes públicos. Por eso ahora hay unanimidad en la necesidad de transparencia. Toda la transparencia. Pero antes de acristalar sus paredes, tendrán que limpiar lo que hay dentro. Y eso es lo que se echa en falta. La limpieza y la asunción de responsabilidades que correspondan.