Opinión | En clave europea

Eliseo Oliveras

Irrealismo europeo ante China

La UE insta a China a abordar sus "diferencias y desequilibrios" en la cumbre en Pekín

Bruselas identifica cuatro tecnologías críticas para proteger a la UE de China

Un militar chino monta guardia ante la embajada de la UE en Pekín.

Un militar chino monta guardia ante la embajada de la UE en Pekín. / ANDREA VERDELLI / BLOOMBERG

Los escasos resultados de la cumbre Unión Europea (UE)-China en Pekín el 7 de diciembre muestran los límites de la contradictoria estrategia europea hacia China, a la que define al mismo tiempo como "socio" y "rival sistémico". La cumbre también ejemplifica el irrealismo de la pretensión de la UE de cambiar la política interna y exterior de una gran potencia como China, cuando no es capaz ni siquiera de conseguirlo con débiles países africanos al borde de la quiebra o con alguno de sus propios miembros, como Hungría. El alineamiento de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con los objetivos de Estados Unidos sobre China, a la que considera una amenaza para la hegemonía norteamericana, hace perder de vista los intereses propios de la UE y la forma más eficaz de defenderlos.

China no plantea una amenaza militar para la UE. Las dependencias económicas de la UE respecto a China son fruto de más de dos décadas de dejación europea, de la venta sin restricciones hasta hace muy poco de empresas europeas (con su tecnología y sus patentes) a compañías chinas y de la negativa europea hasta ahora a desarrollar una política industrial y tecnológica a largo plazo merecedora de ese nombre con fondos nacionales y europeos adecuados, como ha hecho Pekín.

La UE lo dejó todo en manos del mercado y las empresas europeas primaron maximizar beneficios deslocalizando producción fuera de Europa. Un ejemplo, hace 30 años el 80% de los principios activos de sus medicamentos se producía en la UE, ahora el 80% se produce fuera, principalmente en China e India. La UE también se autoimpuso normas que limitan su capacidad presupuestaria para invertir y para subvencionar desarrollos industriales y tecnológicos, a diferencia de China, EEUU, Japón y Corea de Sur, por lo que la UE ha quedado rezagada en tecnologías punta: desde microchips a coches eléctricos. Otro ejemplo, durante la pasada década China invirtió 10 veces más que Europa en el sector de placas solares, según la Agencia Internacional de la Energía. Mientras China aportó elevadas subvenciones públicas, la UE recortó sus ayudas a los fabricantes europeos a causa de la política de austeridad. Resultado: la UE depende ahora de China en esa herramienta esencial para la transición verde.

Menos influencia en África y Latinoamérica

La pérdida de influencia de la UE en África y Latinoamérica en beneficio de China también es consecuencia de la negligencia europea, del limitado interés mostrado en las dos últimas décadas y de sus insuficientes inversiones, que abrieron la puerta a Pekín. La diplomacia low cost no funciona, como también comprueba EEUU. La influencia internacional lograda por China desde 2013 con su proyecto de infraestructuras de las Nuevas Rutas de la Seda (BRI) forzó a la UE a crear con nueve años de retraso su proyecto alternativo Global Gateway. Pero las restricciones presupuestarias europeas y su lento proceso burocrático limitan de momento su alcance real y su visibilidad.

La interdependencia económica de la UE y China es muy elevada. China es la principal fuente de importaciones europea (626.000 millones en 2022, el 20,9% del total) y el tercer destino de las exportaciones de la UE después de EEUU y Reino Unido (230.000 millones, el 9% del total). Las empresas de la UE acumulan además una inversión directa en China de más de 231.000 millones, según Eurostat, principalmente en automoción, alimentación y distribución, farmacia, biotecnología, química y bienes de consumo.

Desde 2018, el déficit comercial europeo con China se ha multiplicado por 2,5 hasta 396.000 millones en 2022, por lo que la UE reclamó en Pekín relaciones comerciales "más equilibradas" y "competencia leal". Pero las restricciones a la venta a China de algunos productos tecnológicos, la amenaza de sancionar a 13 firmas chinas acusadas de ayudar a Rusia a sortear las sanciones europeas y el expediente de la Comisión Europea contra China por subsidios a los coches eléctricos no ayudarán a abrirle más el mercado chino. La UE tropieza también con el bloqueo europeo a la ratificación del Acuerdo Global de Inversiones (CAI) suscrito con Pekín en diciembre de 2020, la pérdida de competitividad europea por el disparo de costes energéticos, el menor crecimiento económico chino y el éxito del programa Made in China 2025 para sustituir importaciones por producción nacional. China, tras estabilizar sus relaciones con EEUU en la cumbre con Joe Biden del 15 de noviembre, tampoco va a regalar concesiones a la UE superiores a las logradas por Washington.