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La Mercè de Collboni

Fiesta en los jardines del Palau Robert para conmemorar los 45 años de El Periódico.

Fiesta en los jardines del Palau Robert para conmemorar los 45 años de El Periódico. / Jordi Cotrina

Albert Sáez

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Jaume Collboni celebra su primera Mercè con la vara de alcalde. La lleva con tanta naturalidad que muchos no recuerdan que es primerizo. Ha confirmado las sospechas de que tiene más madera de alcalde que de candidato. Los primeros pasos, esta semana cumplió cien días, han sido intervenciones de bisturí fino para diferenciarse del estilo de su antecesora. La sentencia sobre Consell de Cent se lo ha puesto a huevo para explicar en qué pretende enmendar, en qué pretende continuar y en qué pretende revertir lo que se hizo mientras era teniente de alcalde de Colau. El discurso en el Cercle d'Economia es una reversión respecto a la relación con el mundo económico. Las obras de la Rambla y de Via Laietana son fundamentalmente continuistas. Mientras que el plan 'Endreça' o la reacción a la sentencia de las 'superilles' son enmiendas más a la forma que al fondo de los asuntos.

La mayoría que le hizo alcalde no le permite gobernar. Es muy difícil que los Comuns y el PP se pongan de acuerdo en ninguna otra cosa que en evitar que un independentista ocupe la alcaldía. La ventaja para Collboni es que ellos tampoco parece que se puedan poner de acuerdo con Junts o Esquerra para echarlo. Lo complicado va a ser sacar adelante los presupuestos del 2024 mientras se negocia la investidura del presidente del Gobierno o incluso mientras se repiten elecciones. Lo más solido sería pactar con Junts sin que Trias entre en la ecuación como alcalde. Perdió la oportunidad de repartírsela. Es la opción preferida de las élites de la ciudad y del alma conservadora del PSC. Eso puede llegar a ser posible si Puigdemont, finalmente, inviste a Sánchez. Es la única posibilidad de sumar los 21 concejales que dan la mayoría absoluta con solo dos partidos. La alternativa es sumar con Comuns y Esquerra. Imaginable si Colau es ministra de Sánchez y si Maragall se retira. Difícil si siguen allí, sobre todo, porque los republicanos están obsesionados en distinguirse de los poscomunistas. Están convencidos de que en Barcelona compiten por el mismo electorado. Y tienen que pasar un traumático congreso local del partido. De momento, Collboni tiene suficiente con hacer de alcalde. Y a verlas venir.

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