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ASUNTOS PROPIOS

Leticia Rodríguez de la Fuente, jardinera: "Cuando murió mi padre desconecté de mí"

BARCELONA 03/07/2023 CONTRA Letícia Rodriguez de la fuente la hija de Félix Rodríguez de la Fuente, en el Hotel Barceló Sants FOTO ELISENDA PONS

BARCELONA 03/07/2023 CONTRA Letícia Rodriguez de la fuente la hija de Félix Rodríguez de la Fuente, en el Hotel Barceló Sants FOTO ELISENDA PONS / ELISENDA PONS

Núria Navarro

Núria Navarro

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La despertaron de noche para contarle que su padre, Féliz Rodríguez de la Fuente, el "amigo de los animales" de la España de los 70, había muerto en un accidente aéreo en Alaska. Tenía 10 años y se le rompió algo dentro. Empezó una frenética huida hacia adelante que solo lograba detener la enfermedad. Hasta que pacificó su espíritu cultivando un jardín de flores orgánicas en la vega de Guadalajara, que amplió con frutales y semillas, y una alberca de agua viva. Leticia Rodríguez de la Fuente (Madrid, 1969) cuenta –entre líneas– su historia en 'Tocar tierra' (Espasa).

¿No le llaman a usted los animales?

Solo mis dos perras, Simona y Cósima.

Ha preferido meterse en un jardín.

Mi jardín es mi forma de habitar el mundo: tiene una zona silvestre de vivaceas y gramíneas; otra muy inglesa, muy íntima, con frutales, y una pradera en la que no intervengo. Es multidimensional, como yo. A mí me encantan los monasterios de clausura y el boxeo, las labores manuales y la aventura.

"La vida nos vive a nosotros. Cuando estás receptivo, se da la magia"

En ese espacio, dice, ha tenido revelaciones.

La más reciente: no somos autores de nada, sino vehículos de la energía de la vida. La vida nos vive a nosotros, solo somos canalizadores. Cuando estás receptivo, se da la magia. 

Algo parecido explicaba su padre.

¿Sí? Siempre he tenido un sentido trascendental de la vida, y creo que él también. Pero yo era muy pequeña y no pude tener conversaciones con él. Me da rabia no haber podido disfrutarle de adulta.

Hay biografías, hay documentación.

No las leo. No puedo. Anteayer soñé que me venía a ver, me hacía selfis con él y se los mandaba a mis amigos. Tenía actitudes y expresiones 'demodés', y le decía: "Eso ya no es así, papá".

¿Cómo se enteró de su muerte?

Estaba dormida, mi madre puso la radio muy alta y alguien me despertó describiendo cómo se había matado mi padre.

[...]

No me traumatizó tanto su muerte, como el tener que compartirla con toda España. ¿Dónde estaba la persona y dónde el personaje? Estaba en boca del público todo el tiempo, había que ir a todos los homenajes. Yo tenía personalidad y carácter y, de repente, desconecté de mí. Dejé de sentir. Cuando, con 13 años, me mandaron interna a Escocia, fui la tía más feliz del planeta. No quería volver. 

"No me traumatizó tanto su muerte, como el tener que compartirla con toda España"

Y cuando murió su abuela, le dio 'envidia'...

La muerte entonces era parar. Creo que mi familia no lo sabe...

¿Cómo siguió su vida?

No paré de reinventarme. Estudié Historia del Arte, fabriqué y vendí ventosas, monté un salón de masajes, una empresa de alquileres temporales –que aún tengo– 25 años antes que Airbnb, otra de orden en casa y trabajé en galerías de arte. Ahora veo que era una huida hacia adelante. Solo la enfermedad me sacaba de la rueda.

¿Enfermedad?

He tenido dos cánceres –a los 33 tuve uno de ovarios, que cogieron ya en estadio 4–, lupus, enfermedad de Crohn –hace un año me quitaron el colon descendente–, dos hernias discales. Enferma sentía una felicidad que no tenía cuando estaba sana.

"Enferma sentía una felicidad que no tenía cuando estaba sana"

Es fuerte lo que dice.

Pero he salido de movidas muy gordas gracias a la lucidez. Enseguida me di cuenta de que había gato encerrado: enfermaba porque lo necesitaba. Enfermaba para poder vivir. Siempre he tenido una gran energía creativa, nunca he creído en los límites, pero no soy de tirar la toalla. Ahora sé que no voy a enfermar tanto. No lo necesito.

¿Qué ha pasado?

Siento que ha merecido la pena. Pero, oiga, no quiero parecer un ser sufriente. He disfrutado mucho, he viajado mucho, siempre he estado viva.

"Una lección del jardín es que en la diversidad está el éxito. Cuanta más hay, menos plagas"

¿Qué planta de las que cultiva la representa?

Una gramínea (la llevo tatuada, mire). O quizá una vivaz, que son resilientes, crecen en tierra hostil y si las abonas, chungo. Se recogen en invierno y estalla nen primavera.

¿Alguna lección del jardín aplicable a la vida social y política?

Cuando empiezas a cultivar ves que las plantas son seres sociales. Se potencian y se ayudan entre ellas. Pones una planta sola y probablemente no sobreviva. Otra lección es que en la diversidad está el éxito. Cuanta más hay, menos plagas. Los rentistas, las sociedades endogámicas, los separatismos, todo eso es chungo, chungo.

¿Conclusión?

Creo que nuestra cultura está en decadencia. Veo síntomas por todas partes.

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