Opinión |
Limón & vinagre

La parábola de Salvador Illa

Eufemismos aparte, los presupuestos se acercan mucho más al contenido del programa electoral del PSC que a los planteamientos genéricos de Esquerra

Salvador Illa anuncia el acuerdo Govern-PSC para desbloquear los presupuestos catalanes para este año

Salvador Illa anuncia el acuerdo Govern-PSC para desbloquear los presupuestos catalanes para este año / EFE/QUIQUE GARCÍA

Josep Cuní

Josep Cuní

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

“El PSC apuesta fuerte para ganar las elecciones en Catalunya. Y los únicos que podemos ganar al PSC somos Esquerra Republicana. Ya lo hicimos en dos ocasiones el año pasado”. El tuit de Marta Vilalta reflejaba la pugna que se avecinaba y el cuerpo a cuerpo electoral que se buscaba. Finales de 2020. En paralelo, Junts, no queriendo ser menos, planteó su estrategia también en su rivalidad con los socialistas. Al tener que disimular y no poder descararse con sus socios independentistas por sus forzadas alianzas de tan sonado final, encontraron en Laura Borràs la posibilidad de abrirse paso como ariete contra quien dejaba el Ministerio de Sanidad para optar a la presidencia de la Generalitat.

Y así fue como Salvador Illa Roca (La Roca del Vallés, 5 de mayo de 1966) se convirtió en el centro de unos comicios que ganó. Lo hizo el día de San Valentín de 2021, que fue la fecha elegida no se sabe bien si para diluir la comercialidad de la fiesta de los enamorados en contraste con la tradición catalana, que relaciona el canto al amor con San Jordi, o para intentar que los fluidos ambientales impregnaran las urnas de una pasión que se desvanecía.

El ‘procés’ empezaba a dar muestras de cansancio, las diferencias entre los falsos amigos independentistas afloraban, la ruta había perdido su hoja y nadie parecía tener más alternativa al bloqueo general que seguir chutando el balón hacia adelante sabiendo que no había delantero para rematar la jugada. Por eso, el hasta entonces ministro de la pandemia proponía la superación del modelo que había dominado la Catalunya de los últimos cinco años. Una necesidad imprescindible para la reactivación económica que quería impulsar y que, a su vez, debía ser fruto de la reconstrucción social, sin la cual no cabía ilusión alguna. La complicidad de Pedro Sánchez le aventuraba a insistir en una cierta, sutil, mirada federal de España. La que podía dibujarse con la colaboración de los apoyos de legislatura y que se han convertido en la base de los ataques de la derecha española, mutada en aliada imprescindible del secesionismo. Sencillamente, se necesitaban. Y aún.

Casi dos años después, Pere Aragonès ha encontrado a su salvador en Illa. El acuerdo para los presupuestos de esta semana ha obligado a Esquerra a tragarse algunos sapos dándole al pacto reflujo de indigestión. Porque, eufemismos aparte, lo que se ha firmado se acerca mucho más al contenido del programa electoral del PSC resumido en los cuatro puntos citados, que a los planteamientos genéricos del partido de Oriol Junqueras, mucho más dado a la retórica imprecisa que a concreción comprometedora. Pero eso es la política y nadie debería escandalizarse por ello. Al contrario. El país debería respirar un poco más tranquilo, taponarse los oídos ante el rugir de los tambores de guerra habituales, alejarse de los profetas del apocalipsis que nunca llega, respirar la ligereza del instante e inhalar el aire fresco del retorno a casa.

Tiempo habrá para los desacuerdos. De momento, el archivo elevado a notario de la actualidad da fe del cumplimiento de las palabras de Salvador Illa la noche electoral: “la victoria clarísima en votos tiene para mí tiene un significado: pasar página. Reencontrarnos”. Estaba escrito. Como en los Evangelios. Parábola del hijo pródigo. ¿Quién asumirá el papel del pecador arrepentido?

Suscríbete para seguir leyendo