
Escritor y periodista.
La oportunidad de Illa
La posibilidad de ser investido president de la Generalitat no dependerá de él sino de las matemáticas alternativas

Salvador Illa, en el Parlament. / Acn
Ya que de las municipales no podemos decir nada que no sean empates y coaliciones más o menos extrañas, ya que el sondeo del CEO ha causado algo revuelo, y dado que agosto es tiempo de especulaciones, promoveremos una premisa que debería ser el punto de partida de cualquier prospectiva sobre el futuro de Catalunya. La premisa reza así: si ERC tiene en el futuro alguna posibilidad de mantener la presidencia, hará lo posible y lo imposible para que así sea. Ello tiene una consecuencia que no todos los analistas toman en consideración: que por mucho gane Salvador Illa, la posibilidad de ser investido 'president' de la Generalitat no dependerá de él sino de las matemáticas alternativas. Si el independentismo pierde la mayoría absoluta o Junts recobra la hegemonía frente a sus rivales, Illa puede ser 'president'. Si Aragonés o quien le sustituya no encuentra una suma que le lleve a la presidencia, Illa puede ser 'president'. Si hay otra opción, por mucho que gane, Illa se quedará como ahora, con una victoria en las urnas que se traducirá una vez más en irrelevancia política.
Otra premisa, implícita en la primera. Por mucho que no pocas almas de alfarería que albergan corazones acelerados -no diré desbocados porque no hay para tanto y ni ellos mismos se lo creerían- empujen, argumenten o exijan la salida de Junts del Govern, eso no se producirá ni ahora ni en ningún futuro donde puedan garantizar la presidencia de Esquerra y sus puestos de poder. Quítenselo de la cabeza. Y pónganse otro ítem, que les mantendrá maniatados: si ellos o quienes como ellos creen que es imprescindible una candidatura independentista de veras, que vaya más allá de ERC, JxCat y la CUP, y que se defina como anti-autonomista, logran su propósito, no harán más que construir una autopista que llevará a Illa a la presidencia. Puesto que, insistimos, la primera condición para que esto suceda es que el independentismo no llegue a los 68 escaños, algo que con la desilusión creciente es muy probable pero que con una mayor división del voto está prácticamente cantada.
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