Artículo de Mar Calpena Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Saben aquell que diu...?

Están los tiempos muy fastidiados y resulta un poco imposible no contagiarse de un pánico que es eco del de otra época

1
Se lee en minutos
Saben aquell que diu...?

“Espero que esta misiva te halle bien”, solía rezar la fórmula de las cartas -decimonónicas, aunque ahora todas las cartas nos suenen ya a algo de otro siglo-, y eso espero, lector, para ti, si ahora estás leyendo estas líneas. Porque están los tiempos muy fastidiados, y resulta un poco imposible no contagiarse de un pánico que es eco del de otros tiempos -del de aquellas décadas de la guerra fría- y pensar irremediablemente en lo impensable, que la bicha geopolítica de una guerra total ha sido mentada, y resulta difícil abstraerse, porque Mariúpol está literalmente a dos grados de separación de nuestra casa, y los polos se deshielan, y otro hombre malo mató el martes a una mujer, y nos gustaría llevarlo todo esto con más gracia, pero a mí no me sale.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Porque hay una parte que nos dice que si estamos tocando fondo lo mejor que podemos hacer todos es vivir, y que nos quiten lo 'bailao', y que siga sonando la orquesta mientras se hunde el Titanic. Pero también hay otra, que aunque pequeña, mira con más fuerza los contornos de las cosas, y piensa que el mundo le parece más bello que nunca, aunque los ojos se posen sobre una papelera, la puerta de una tienda de suvenires kitsch, el semblante despistado de un pasajero del metro, o el tuit agresivo de un 'troll' de internet, y cree que tenemos que luchar para salvarnos precisamente por el absurdo. Porque aún nos quedan ojos para mirar y, como aquel paciente que se recupera después de una operación comprometida (lo sé, fui yo), ante la incertidumbre solo queda abrirlos bien, y prestar atención, y aferrarse un rato más al mástil de la risa frente a los cantos de sirena de la tristeza, para así, intentar transformar algo, por mucho que sea solo nuestra parcelilla de mundo. Gramsci abogaba por “el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”. Para que esta voluntad florezca necesitamos instituciones y vínculos sociales que nos eleven, y humor para reírnos de ellos, de nosotros mismos, ahora, cuando menos nos apetece. Saben aquell que diu…?