Desigualdad Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Mercado rico, mercado pobre

El código postal determina la salud y la esperanza de vida. Los vecinos de Ciutat Vella viven menos que los de Pedralbes

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Puesto de venta de frutas y verduras en el mercado de La Llibertat, en Gràcia.

Puesto de venta de frutas y verduras en el mercado de La Llibertat, en Gràcia. / Manu Mitru

Los productos que hay en los puestos de un mercado dan muchas pistas sobre los que compran allí. Por ejemplo, en uno de la zona alta el visitante puede intuir que la mayoría de los clientes viven bien y comen mejor. Hay fruta de temporada ya pelada, preparados de verduras para hacer caldo, todo tipo de pescado y marisco, las salchichas para los niños sin pimienta para que no piquen y las hamburguesas de filete para que la carne no les haga bola.

Así es fácil llevar una dieta equilibrada. Muchos de estos productos no se encuentran en mercados más modestos. Es la brecha alimentaria. En Barcelona también existen las desigualdades en el ámbito de la alimentación. Esto ya era una realidad pero ahora un Informe del Institut d’Estudis Regionals i Metropolitans de Barcelona le pone datos. Dice que el acceso a la oferta saludable no es igual en función de la zona donde se vive. Por ejemplo, Torre Baró, en Nou Barris, el distrito con la renta más baja de la ciudad, está considerado un desierto alimentario. Es decir, que según los parámetros del estudio, los vecinos no pueden acceder a la oferta comercial de frutas y verduras frescas porque no tienen tiendas suficientemente cerca o porque no se lo pueden permitir. Una situación similar a la que vivieron hace un par de años los vecinos de la zona norte de Ciutat Meridiana, también en Nou Barris. Se quedaron sin el único mercado que tenían, el Mercat de Núria, que cerró porque los vendedores se jubilaron o se fueron a sitios con más margen de beneficio. Los vecinos se vieron obligados a ir a comprar la fruta y verdura en bus o en coche hasta que un joven vecino de Montcada se animó a abrir un supermercado con productos frescos. Un comercio que ha solucionado la vida a los habitantes de un sitio con muchos problemas de accesibilidad. 

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Y todo suma. No es lo mismo poder comer verdura cada día, que tomar caldo de un tetrabrick calentado en el microondas y no es lo mismo almorzar una hamburguesa de carne ecológica un día a la semana que almorzar cada día una hamburguesa 'take away' en el metro o en la calle, en medio de la jornada laboral.

Y no es lo mismo seguir una dieta baja en sal, tal y como te ha recomendado el médico, si puedes ir a comprar y cocinar que tener que comer lo que te dan en los comedores sociales. Esto lo saben muy bien las profesionales sanitarias que trabajan en los CAPs de las zonas más vulnerables de la ciudad. Algunos pacientes no pueden seguir las pautas que les dan. No escogen ellos la comida. Y la salud se resiente. Quizás vale la pena pensar en ello estos días del Gran Recapte organizado por el Banc dels Aliments. No se trata solo de la cantidad, sino de la calidad.

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El informe sobre alimentación sostenible reitera que comer mal perjudica la salud y dice que las personas que tienen cerca puntos de venta de productos no saludables tienen más riesgo de sufrir enfermedades asociadas con la obesidad. Todo confluye en el mismo punto, la pobreza y las desigualdades. El código postal determina la salud y la esperanza de vida. Los vecinos de Ciutat Vella viven menos que los de Pedralbes.

Ser pobre no tiene nada de bueno: se come peor –los productos ecológicos y frescos son más caros-, se pasa más frio y más calor, tienes menos posibilidades de hacer ejercicio, hay más riesgo de enfermar y también contaminas más. La lucha contra la emergencia climática es más difícil cuando se vive con pocos recursos. Se pueden escoger menos alternativas a la carne, se generarán más residuos de plástico y envases, probablemente se reciclará peor porque no se tiene suficiente espacio ni tiempo para bajar la basura cuando toque con el sistema “puerta a puerta”. Y, probablemente, el vehículo con el que te mueves sea más antiguo y provoque más emisiones. Es complicado ser responsable con el medio ambiente y la salud pública cuando todo te va a la contra. Cuando lo más necesario no está resuelto. Ser un buen ciudadano cada vez supone ser más responsable, tener más implicación y más compromiso. Y esto no se le puede pedir a todo el mundo por igual. Hay riesgo de culpabilizar a los que peor lo tienen. Barcelona es ahora la Capital Mundial de la Alimentación sostenible, el reto no es solo explicar en qué consiste una dieta equilibrada, sino conseguir que todo el mundo pueda acceder a ella.

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