año temático

Barcelona despega como capital mundial 2021 de la alimentación sostenible

La ciudad será foco internacional de estrategias y proyectos para fomentar la dieta saludable, la comida de proximidad y la conciencia ecológica

El punto cumbre tendrá lugar en otoño, con un foro global de política alimentaria con la participación de 210 ciudades

Puesto de venta de frutas y verduras en el mercado de La Llibertat, en Gràcia.

Puesto de venta de frutas y verduras en el mercado de La Llibertat, en Gràcia. / Manu Mitru

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Patricia Castán

Uno de los muchos ‘efectos secundarios’ de la pandemia es haber multiplicado el protagonismo de la alimentación, como primera necesidad y como uno de los pocos placeres cotidianos al alcance del confinamiento. Así que Barcelona despega como capital mundial de la Alimentación Sostenible 2021 en el momento justo, y con mucha población sensibilizada con el comercio de proximidad y sus valores. Justo estos serán algunos de los pilares de un año en que la ciudad será epicentro mundial de actividades vinculadas a lo que comemos y estrategias alimentarias, que se desarrollarán a través de 90 proyectos e iniciativas.

La capitalidad alcanzará a toda la región metropolitana y seguirá la estela de Milán, sede de la primera Cumbre Global de Ciudades por la Alimentación Sostenible en el 2015, y de València, que ya fue capital en el 2017. Representantes de ambas urbes han participado hoy miércoles telemáticamente en su presentación, que vivirá su momento cumbre el próximo octubre con el 7º Foro Global del Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán, y la participación de más de 200 ciudades de todo el mundo. Todas a una para defender el papel estratégico de las ciudades en el desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles, el impulso al acceso a alimentos saludables y contra el desperdicio indiscriminado. Ese evento será relevante como primera gran cita internacional tras la crisis sanitaria por el covid-19, y a pocos días de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Glasgow.

Entre los retos figuran el consumo responsable, evitar el desperdicio de comida, mejorar la dieta de la población y estrechar el canal con el mundo rural

Barcelona se propone abanderar la creciente revolución de la comida, donde el comensal ya no solo atiende al sabor, el apetito o el precio, sino sobre todo al origen del alimento. Se cuestiona comer un tomate insípido llegado del otro extremo del mundo tras un largo viaje, en lugar de consumirlo cuando toca y recién cogido de un parque agrario cercano. La ciudad saca pecho también de sus 39 mercados municipales (hasta un centenar si se incluye toda el área metropolitana) y de un discurso alimentario propio, ha explicado la alcaldesa Ada Colau, que ve en esta inmersión una oportunidad única: “En estos meses tan duros hemos reflexionado y visto el papel de la alimentación en una situación crítica, y cómo la cadena no se paró”. Esa mayor conciencia favorecerá las estrategias y actividades que se desarrollarán este año, ha opinado.

Los cuatro grandes objetivos serán avanzar en la concienciación de los barceloneses sobre la necesidad de asumir una dieta más saludable y sostenible en sus vidas, visto que el 10% de niños entre 3 y 4 años sufren obesidad infantil. También generar más oportunidades económicas para los comercios de barrio, mercados municipales y productores cercanos y de origen ecológico. En este sentido, el consistorio destaca que el 73% de la ciudadanía de Barcelona tiene en cuenta la proximidad del producto.

Otro de los retos es lograr un cambio real en el modelo de distribución que ayude a combatir la emergencia climática en la metrópoli, ya que el conjunto del sistema agroalimentario actual es responsable de entre el 21% y el 37% de las emisiones globales con efecto invernadero. Por último, se pretente generar resiliencia ante los riesgos globales y las desigualdades sociales.

Proteger el planeta y comer

La activista medioambiental Vandana Shiva ha intervenido a distancia alabando el papel de Barcelona en la difusión global del mensaje de que “es posible proteger el planeta mientras nos alimentamos”. Para la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, las administraciones deben “facilitar la alimentación de proximidad y la dieta sana”, y los ayuntamientos pueden ser el gran aliado de esta causa. Desde la trinchera de la cocina, la chef Carme Ruscalleda, ha alertado de la delicada situación que vive la restauración y su papel en la integración de los valores sostenibles en el placer de la mesa.

Las tres líneas de acción que marcará la capital catalana implican desplegar unos 90 proyectos, un programa de actividades y una estrategia a partir del 2021 (con el horizonte del 2030) tomando como punto de partida la Carta Alimentaria de la Región Metropolitana de Barcelona, en la que han participado más de 100 actores.

A lo largo de un intenso año, Barcelona acogerá también citas relacionadas con la alimentación, como el Congreso Europeo de Agroecología, en junio, o el Encuentro estatal de Huertos Urbanos en otoño. La capitalidad también se adentrará en encuentros como  Mercat de Mercats, BioCultura, el Festival de Sopas del Mundo, o la BCN FoodWeekDesign e incluso las fiestas de la Mercè.

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Los 90 proyectos alimentarios locales abarcan ejes como el derecho a la alimentación sostenible para toda la ciudadanía, desde escuelas y programas de ayuda para colectivos vulnerables (apoyos al economato social, cocinas comunitarias o cocinas sociales en equipaciones públicas...) hasta programas contra el derroche alimentario. Se desarrollarán también proyectos para fomentar la proximidad en colaboración con Mercabarna y Unió de Pagesos, entre otros agentes. El coordinador de este último, Joan Caball, ha abogado por el "consumo de temporada" en pos del "equilibrio territorial" y la supervivencia del mundo rural en Catalunya.

En el apartado de la transición agroecológica en la ciudad, habrá iniciativas como la creación de un centro agroecológico de referencia en el barrio de Vallbona, en La Ponderosa, la última finca agrícola de la ciudad o la potenciación de la Masía de Can Soler. O proyectos vinculados a la agricultura urbana.