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Dos Cubas en blanco y negro y una en color

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Dos Cubas en blanco y negro y una en color

Algo importante está pasando en Cuba y los prejuicios no nos dejan verlo con claridad. Entre los defensores de una revolución que dejó de existir hace décadas y una derecha que ignora cómo se vive en la isla está la realidad. Las manifestaciones masivas, y al parecer espontáneas, del 11 de julio no tienen precedentes. El más cercano sería la crisis de los balseros en 1994 con dos diferencias esenciales: ya no vive Fidel Castro y ahora existe Internet.

El líder tiró entonces de carisma y acudió al Malecón de La Habana a apaciguar una protesta que no era multitudinaria. Escuchó sus quejas, les exhortó a regresar a casa y horas después abrió las fronteras a los que se quisieran ir. El mar se llenó de balseros hacia EEUU. Esta vez, el nuevo líder, Miguel Díaz-Canel, ha enviado a sus simpatizantes armados de palos a resolver el asunto por la violencia y cortado Internet. Sin whatsapp y sin redes sociales se impone la cautela.

Sería un error afirmar que lo ocurrido ha sido un hecho aislado, o que cientos de miles de personas salieron a las calles de Cuba a gritar "basta" movidos por la propaganda imperialista. Ha sido tal la sacudida que producirá cambios de calado que llevarán un tiempo en mostrarse.

La pandemia y la ausencia de turistas -y de divisas-, ha agitado el malestar de la calle, que era grande, contenido dentro de la representación colectiva de la fidelidad. Nadie habla en público porque no saben quién es el delator. Es una pirámide social basada en la sospecha y el miedo.

Una economía moribunda

Hace tiempo que la economía no funciona, y la de subsistencia muestra agotamiento. El PIB cayó un 11% en 2020, y este año las cosas no van mejor. Muchas familias viven de las ayudas de sus allegados instalados en EEUU. El Gobierno ha reaccionado con un caramelo: acaba de levantar la prohibición de importar alimentos, medicinas y productos de higiene. El objetivo es capear como sea el temporal, ganar tiempo.

Las críticas al poder o al sistema no suponen la compra de los postulados del exilio más duro de Miami. Es un error en el que cae la derecha extremada española. Desde el hundimiento de la URSS, en 1991, que había sostenido al régimen desde la crisis de los misiles treinta años antes, Cuba ha sobrevivido con más o menos dificultades. Se ha reinventado con imaginación, humor y prudencia. Fidel Castro era el lazo de unión. Había respeto y temor hacia su figura. Ahora es un recuerdo que no da de comer.

Hablamos del exilio de Miami como si fuera uno y monolítico. El más antiguo tiene una foto en blanco y negro de Cuba. En muchos casos su oferta política se basa en la revancha, en llegar a la isla y recuperar sus propiedades a golpetazos. ¿Sesenta años después? Hay otros exilios, el de los marielitos de los años 80 o de los balseros de los 90. Cuanto más reciente sea el año de salida, más y mejor información tienen sobre la realidad de la isla.

El nuevo exilio

Los últimos son jóvenes que aprovecharon el deshielo con Obama para entrar y salir de Cuba. Las redes sociales han jugado un papel clave entre estos exilios porque permiten el contacto con sus familiares. Muchos de esos jóvenes emigrados a EEUU son pro Bernie Sanders. No quieren al viejo exilio, le acusan de haber convertido su situación en una profesión; tampoco desean un cambio radical, que Cuba se convierta en una feria del capitalismo. Proponen un Estado que defienda la sanidad y los derechos humanos. Son socialdemócratas en su mayoría.

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El embargo de EEUU, que data de 1958 con diversos endurecimientos posteriores, ha hecho mucho daño. Se trata de un secuestro colectivo con precio de rescate: echen al régimen y les devuelvo el dinero. Ha fracasado de manera estrepitosa: el castrismo con otros líderes sigue en el poder en 2021, además de crear una excusa perfecta para que el régimen tape sus contradicciones y errores de gestión. Sin embargo, la revolución habría evolucionado, o desaparecido.

Lo que hoy encarna Díaz-Canel es otra foto en blanco y negro, como la del primer exilio de Miami. Ambos pertenecen a una época desaparecida. La solución no vendrá de ese Miami enfadado. Lo decidirán los cubanos que viven en la isla. Su problema y del de las protestas de estos días es la ausencia de líderes, gente capaz de dirigir. Ya emergerán. Es un movimiento de personas muy jóvenes, cuyos rostros son desconocidos para los mismos disidentes, que están hartos de esperar y escuchar las mismas monsergas. Son personas que han decidido quedarse en su país y pelear, que quieren un cambio y ser los protagonistas.

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