Proyecto ambicioso

Sí a la 'Nueva Bauhaus' (y 2)

El gran reto será convertir este movimiento en un gran proyecto de ciudad, capaz de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos

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Vista del pabellón Mies van der Rohe de Barcelona.

Vista del pabellón Mies van der Rohe de Barcelona. / Ferran Nadeu

Nuestro ánimo ha mejorado estas últimas semanas, a medida que incrementaba el ritmo de vacunación. Tras tantos meses de asistir a la destrucción de vidas, puestos de trabajo, proyectos e ilusiones, muchos sentimos la necesidad urgente de construir algo nuevo. Sin duda, necesitamos el dinero que nos promete Europa, pero también un marco cultural e intelectual que dé forma a este anhelo de cambio. En este sentido, la Nueva Bauhaus Europea  pone a nuestra disposición unos ideales extraordinariamente inspiradores. 

Sin ser un cuerpo doctrinario hermético, sino más bien una propuesta deliberadamente abierta, la Nueva Bauhaus bebe de la mejor tradición humanística europea, poniendo las personas en el centro de un plan de acción basado en la cohesión social, la innovación y el respeto al medio ambiente, sin olvidar la belleza como un valor irrenunciable para la salud de nuestras emociones. 

Por toda Europa han surgido iniciativas con el deseo de participar en este nuevo movimiento enfocado a configurar una sociedad mejor. Barcelona es una de las ciudades que ha levantado la mano para tener un papel protagonista, una iniciativa legítimamente liderada por la Fundación Mies van der Rohe, una entidad del Ayuntamiento de Barcelona acostumbrada a colaborar con la Comisión Europea y que, desde 1983, trabaja en muchos de los postulados que propugna la Nueva Bauhaus, como es el impacto que tienen la arquitectura y el urbanismo en la prosperidad y en la calidad de vida.

Barcelona es una ciudad con gran capacidad para aportar ideas y buenas prácticas a este nuevo movimiento, pues pocas ciudades como la nuestra han otorgado al diseño, a la arquitectura y al urbanismo un papel tan estratégico, tan transformacional y con tanta voluntad de generar de oportunidades al máximo número de personas. 

Como la Bauhaus original, esta nueva corriente tiene una clara vocación multidisciplinar. No sólo tendrán un papel relevante diseñadores, arquitectos y urbanistas; también es imprescindible la aportación de filósofos, sociólogos, psicólogos, tecnólogos y mentes creativas en general, sin olvidar la labor crucial de empresarios e inversores, capaces de convertir las ideas en realidades. 

La multidisciplinariedad de la nueva Bauhaus es el punto débil de Barcelona, ya que contamos con profesionales excelentes en muchos ámbitos que están poco acostumbrados a trabajar de manera conjunta, generando inteligencias colectivas

La multidisciplinariedad es quizá el punto débil de Barcelona, pues si bien contamos con profesionales excelentes de todos estos ámbitos, estamos poco acostumbrados a trabajar de manera conjunta, generando inteligencias colectivas. Tenemos pendiente romper los silos disciplinarios y configurar ecosistemas donde estos profesionales se encuentren y generen un flujo de conocimiento que dé lugar a ideas novedosas. Para ello hacen falta espacios, físicos y virtuales, donde se produzca el encuentro. No es algo sencillo, pero tampoco imposible; los profesionales del mundo digital y tecnológico de nuestra ciudad nos ofrecen un buen ejemplo sobre cómo se articulan los ecosistemas. 

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Lo cierto es que la Nueva Bauhaus Europea está aún en fase de diseño y, en este plano teórico, Barcelona parte de una posición aventajada. No obstante, el gran reto será convertir este movimiento en un gran proyecto de ciudad, capaz de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El acceso a la vivienda, la movilidad urbana, la eficiencia energética de los edificios, la utilización óptima de los espacios públicos o la preservación de la riqueza artística y cultural de nuestra ciudad son algunos de los ámbitos en los que deberíamos centrar la generación de ideas.

Un siglo después, la filosofía que hay detrás de la Bauhaus sigue siendo válida. Fue un gran experimento que quiso mejorar la vida de sus contemporáneos, tras la experiencia traumática de la Primera Guerra Mundial. Aún desde el sufrimiento causado por la pandemia, Europa nos tiende un hilo valioso que vale la pena retomar y convertirlo en el impulso intelectual que necesitamos para mejorar nuestras ciudades y nuestra forma de vivir.