Un ambicioso proyecto

Sí a la 'Nueva Bauhaus' (1)

Los ideales de este movimiento alemán que estableció las bases de la arquitectura moderna y definió unos nuevos valores estéticos pueden ser muy útiles a la sociedad europea actual

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El Pabellón Mies van der Rohe es uno de los protagonistas.

El Pabellón Mies van der Rohe es uno de los protagonistas. / CARLES VALBUENA

No corren tiempos sencillos para los responsable europeos: la reconstrucción económica tras la pandemia y el adecuado encaje de Europa en el mundo son tareas de una inmensa complejidad. La gestión de las vacunas ha sido muy deficiente, pero los fondos ‘Next Generation EU’, destinados a modernizar la economía de los países europeos, son una noticia esperanzadora. Unos 750.000 millones de euros serán empleados en proyectos que favorecerán la eficiencia energética, promoverán el desarrollo urbano sostenible, fomentarán la innovación, impulsarán la digitalización o contribuirán de manera decidida a la cohesión social.

Pero para refundar Europa no solo hace falta dinero; también necesitamos de un marco cultural y unos valores que nos identifiquen. En este sentido, resulta extraordinariamente atractiva la creación de una ‘Nueva Bauhaus’, la iniciativa anunciada hace unos meses por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyden. 

Von der Leyen definió la ‘Nueva Bauhaus’ como un “un espacio de co-creación donde arquitectos, artistas, estudiantes, ingenieros y diseñadores” lleven a Europa al liderazgo en economía circular. La sostenibilidad, la digitalización y la cohesión social son los pilares sobre los que se basará no solo a la reconstrucción económica, sino también la cultural. 

Demasiado alemán

Este ambicioso proyecto no ha tardado en cosechar críticas, al considerar que la Bauhaus representa unos ideales demasiado alemanes, excesivamente formales y poco adaptables a la diversidad europea. También se objeta que la Bauhaus fue objeto de una reconstrucción cultural posterior a su desaparición, por lo que sus postulados están idealizados. 

Pero ¿por qué los responsables europeos se inspiran en la Bauhaus para definir la nueva Europa? Formalmente, la Bauhaus fue una escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte. Fundada en 1919 en Weimar por el arquitecto, urbanista y diseñador Walter Gropius, fue desmantelada por el Partido Nazi cuando alcanzó el poder. Por encima de todo, la Bauhaus tuvo el acierto de simbolizar la modernidad de un tiempo nuevo. 

El contexto en el que surgió la Bauhaus tiene elementos en común con la situación actual: como ahora, tenía la necesidad perentoria de construir algo nuevo

La Bauhaus estableció las bases de la arquitectura moderna y definió unos nuevos valores estéticos que impregnaron la tipografía, la pintura, la fotografía y el diseño de la época. Mentes extraordinariamente creativas como la de Wassily Kandisky, Paul Klee, Lily Reich, Mies van der Rohe, Josef Albers, Marcel Breuer o Anni Albers formaron parte de este movimiento. La brillantez de la Bauhaus transcendió las fronteras alemanas y alcanzó una gran influencia en la cultura del siglo XX.

Ursula von der Leyden reivindica la Bauhaus porque, de algún modo, sus postulados fueron precursores de los valores que inspiran la Agenda 2030, así como el destino de los fondos Next Generation. La Bauhaus propugnó, a principios del siglo XX, conceptos como los que fija el Objetivo de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas número 11, que apela a la necesidad de organizar nuestras ciudades de un manera más inclusiva, segura, resiliente y sostenible. Entre otras muchas cosas, los arquitectos de la Bauhaus construyeron un gran parque de vivienda social, de extraordinaria calidad arquitectónica, que reivindicaba el “derecho a la belleza” de los trabajadores, porque los líderes de la Bauhaus entendían que todo aquello que conceptualizaban y producían, además de ser útil, también debía ser bello. 

Asimismo, el contexto en el que surgió la Bauhaus tiene elementos en común con la situación actual; la Europa convulsa de principios del siglo XX también se vio obligada a hacer frente a nuevos retos sociales y se sintió atrapada en una crisis de identidad. Como ahora, Europa tenía la necesidad perentoria de construir algo nuevo.

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Pero más allá de estas similitudes, es obvio que no debemos entender la propuesta de Ursula von der Leyden como un regreso a pies juntillas a la Bauhaus original, sino como un marco conceptual, que no s0ólo apela a la economía, sino también a la cultura y a unos valores profundamente europeos. Ningún país ni ningún partido político puede apropiársela porque es patrimonio de todos. De hecho, la Bauhaus del siglo XX no fue un movimiento con un cuerpo programático definido, sino más bien una idea, y ahí radica su fuerza y su capacidad para adaptarse al momento actual, de manera transversal. 

Los ideales de la Bauhaus pueden ser enormemente útiles a la sociedad europea actual, no solo por su ambición y deseo de superar una crisis construyendo una sociedad mejor, sino que también pueden ayudar a definir el papel de Europa en el mundo; una función, que necesariamente debe recoger nuestra mejor tradición humanista. Sí a la ‘Nueva Bauhaus’. Y empecemos a pensar qué papel puede tener Barcelona en este nuevo marco europeo.