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No cabe éxito mayor que el de este Barça

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Putellas y Bonmatí celebran uno de los goles de la final.

Putellas y Bonmatí celebran uno de los goles de la final. / Juan Carlos Cárdenas / Efe

Sin haber bajado aún por el esófago el amargo líquido de la deprimente derrota del Camp Nou, el Barça de Lluis Cortés levantó en volandas la autoestima del club. Con la misma insultante superioridad con que se adueñó de la Liga conquistó la primera Champions de la sección profesional, la más rentable de la entidad. La decidida apuesta de la anterior directiva (al César lo que es del César) se vio culminada con una victoria tan incontestable como histórica. 

Gotemburgo es Wembley y el equipo de Cortés será recordado para siempre, como lo es aquel que dirigió Johan Cruyff en 1992. Los medios rememoraremos esta final cada aniversario redondo y a Lieke Martens le pediremos que nos explique de nuevo cómo se atrevió a adentrarse en el área con tanta decisión en el cuarto gol, o qué instinto activó Aitana en el tercero, y perseguiremos una vez más a Cortés, el técnico que rápidamente Laporta ratificó y salvó de la quema de entrenadores que, presumiblemente, culminará, para que nos revele los secretos de su exitoso manual.

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No faltaron los mensajes ayer que pedían que se pasase a Martens o Hansen al primer equipo, y a Cortés al banquillo del Camp Nou. Nadie descubrió ayer la consabida fragilidad del Barça de Koeman. En cambio, retransmitido en horario ‘prime time’, muchos barcelonistas entendieron que el espacio que los medios han dedicado a este equipo en los últimos años no era mero postureo para tiempos correctos. Descubrieron a un grupo de futbolistas de un nivel brutal, competitivo al máximo, armado en cada área del juego, determinado a pasar los anales del club como habían predicado en la previa y, sobre todo, divertido de ver.  

Este Barça campeón es heredero de muchos equipos de la sección que empezaron en los años 70 a jugar entre el escepticismo social. Cierra de algún forma un círculo y abre otro protagonizado por todas las niñas que querrán ser como ellas un día. Es un triunfo de generaciones pasadas y de las que vendrán en el futuro. Ya se sabe que el éxito es una catapulta. Y ellas, las Hansen, Putellas, Martens, Bonmatí o Paños, serán una referencia eterna. No cabe éxito mayor.

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