Puigdemont, Borràs y sus circunstancias

Es improbable que Junts estire tanto de la cuerda con ERC como para forzar una repetición electoral. Sí es probable, en cambio, otra coalición gubernamental dividida e inestable

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Laura Borràs pasa revista a los Mossos a las puertas del Parlament, tras ser investida presidenta.

Laura Borràs pasa revista a los Mossos a las puertas del Parlament, tras ser investida presidenta. / ELISENDA PONS

Quedó claro hace ya tiempo que el ‘procés’ es un guion fallido. El desenlace pretendido era inviable, una quimera pregonada con malas artes. Ahora, los guionistas se revelan incapaces de concertar un hilo argumental capaz de reconducir la historia hacia un destino factible. Algunos actores acaban de intercambiar sus papeles, pero todo parece encallado en un bucle perpetuo.

El empecinamiento del partido de Carles Puigdemont en la vía del choque frontal con el Estado y con la mitad de Catalunya puede encerrar una cuestión de inteligencia política: de ausencia o extravío de esta. Desde Artur Mas, el independentismo en general y de manera particular Convergència y sus herederos, vienen presumiendo de una suerte de astucia nacional-genética que estaría vedada a otros grupos ideológicos o territoriales. Los réditos de tan refinada sagacidad se definen por sí solos, tanto en el estado de la posconvergencia como del país entero.

El caso personal de Puigdemont, sin embargo, puede tratarse más de una cuestión de supervivencia que de inteligencia. Puigdemont es el más orteguiano de los políticos españoles actuales, no es la primera vez que se apunta en esta columna. Puigdemont y su circunstancia. El empeño fundamentalista del hombre de Waterloo puede parecer desconectado de la realidad, pero quizás no sea otra cosa que el efecto de su coyuntura. 

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo», sentencia Ortega y Gasset en su ensayo Meditaciones del Quijote (1914). Aunque huido de la justicia española, el líder de JxCat no es libre. Es rehén de su circunstancia. Necesita mantener la tensión para perder la mínima cuota de poder en el magma independentista tras su fracaso electoral del 14-F ante ERC. Conservar la máxima autoridad es clave para el sostenimiento de su situación en Bélgica y, más adelante, para la resolución definitiva, si la hubiere, de su circunstancia.

Pieza clave

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La nueva presidenta del Parlament, Laura Borràs, es una pieza clave en esta maniobra de tensión. Ella también carga con una circunstancia: su imputación por corrupción. Tensar con insistencia las costuras constitucionales desde la presidencia del Parlament puede ser una táctica valiosa para socavar a ERC, pero también para disfrazar con una bandera el proceso de Borràs por presuntos delitos tan poco épicos como la prevaricación, el fraude a la Administración, la malversación y la falsedad documental.

Será interesante comprobar hasta qué punto la victoria mínima de Esquerra sobre Junts permite a los republicanos imponer su giro realista sobre las exigencias de las circunstancias de los líderes de JxCat. Es improbable que Puigdemont estire tanto de la cuerda en la negociación con ERC como para romperla y forzar una repetición electoral. Nadie lo entendería. Tampoco el electorado independentista, también golpeado por las crisis sanitaria y económica. Sí es probable, en cambio, tal como avanzan las conversaciones, el nacimiento de una coalición gubernamental abocada de nuevo a la división y la inestabilidad. La inoperancia, al fin.