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El nuevo emperador azulgrana

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Leo Messi, en la Copa del Rey ante el Sevilla.

Leo Messi, en la Copa del Rey ante el Sevilla. / JORDI COTRINA

Un malo debe ser a la par muy listo para no acabar defraudando al público. No es el caso de la gente que anda detrás del Barçagate. Querían jugar a los rusos y al primer chupito de vodka han caído doblados al suelo. Para sembrar el mal desde las redes uno se entrena primero en situaciones que requieren menos dinero y menos cerebro. Envenenar opositores, por ejemplo. Aprobadas estas oposiciones se está ya en condiciones de pasar al siguiente nivel: el asesinato civil en la red a través de escraches digitales y la manipulación de estados de opinión. Pero los hacedores del Barçagate quisieron ingresar directamente en la universidad del mal sin pasar por el bachillerato. Y se han estrellado en la primera curva. Una verdadera estafa como villanos. Ni una triste película de serie B puede hacerse con ellos. Conviene ceder el paso a los tontos y a los toros. Adiós, muy buenas y que el juzgado reparta suerte. 

Se espera con impaciencia al nuevo emperador-presidente para que ponga fin a esta charlotada que nos ha montado Josep Maria Bartomeu. En estas horas previas al escrutinio que decidirá cuál es la cabeza que acaba coronada sólo podemos afirmar con certeza una cosa: acabará también por decepcionarnos. No es una posibilidad, es un hecho. Como anotó el poeta J.V. Foix: 'está escrito y es profecía'. El final de una presidencia del Barça ha de ser, como si se tratase de una ley natural, oprobioso. Pero como aún falta tiempo para eso de momento mejor ilusionarse, que es gratis y hace los días mejores.  

Una pequeña ventaja

La coincidencia unánime es que el nuevo mandamás azulgrana no lo va a tener fácil. Contará con la ventaja, eso sí, de llegar al puente de mando con el equipo clasificado para la final de la Copa del Rey. No es poca cosa viniendo de dónde se viene. No es lo mismo iniciar el mandato con la temporada entera echada a perder en el contenedor de reciclaje que con un sorbo del mejor antidepresivo que existe en el mundo del futbol: ganar títulos o tener la expectativa de hacerlo.

El escollo principal para la nueva junta directiva será el económico y el hecho innegable a estas alturas de que Messi es un problema tanto si se va como si se queda. Quedándose porque la situación financiera del club es la que es y su contrato -digan lo que digan sobre el retorno económico que supone para el Barça mantenerlo en la plantilla- es una losa caso de mantenerse en las actuales condiciones. 

No son Alejandro Magno

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Marchándose porque, amén de seguir siendo imprescindible para que el equipo resista en el césped con un mínimo de garantías, restaría un enorme capital de ilusión y orgullo al barcelonismo. Para el próximo presidente lo único bueno es que el adiós del jugador no sería atribuible a su recién iniciado mandato. Messi ya mató al presidente que debía sin despeinarse.

Ni Joan Laporta, ni Toni Freixa o Víctor Font son Alejandro Magno. Pero nos sirve el conquistador macedonio para resumir lo que esperamos del Barça a partir de ya mismo. Decía el hijo de Filipo II:  "comportémonos de manera que todos los hombres deseen ser nuestros amigos y todos teman ser nuestros enemigos". Aplíquese a conseguirlo, presidente, y puede que todo lo demás venga rodado.

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