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Navidad en la trinchera de las emociones

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Una mujer iraquí pedalea vestida de Papa Noel entre las ruinas de la ciudad vieja de Mosul

Una mujer iraquí pedalea vestida de Papa Noel entre las ruinas de la ciudad vieja de Mosul / Abdullah Rashid/Reuters

El fotógrafo de Reuters Abdullah Rashid disparó una de las fotos de estos últimos coletazos del año, de las muchas que han captado momentos insólitos y sobrecogedores este 2020. Si le sigues la pista en internet puedes ver que desempeña su trabajo hace tiempo en Mosul, tercera ciudad más importante de Irak, ese país ahora inestable y en conflicto permanente. Retrata Rashid a una mujer en bicicleta, vestida de Papa Noel, que se abre paso entre las ruinas de un barrio de la ciudad. Lleva una mascarilla. Mosul logró expulsar al ISIS con mucho dolor y muerte y su recuperación es durísima, lenta y llena de incertidumbre. Dos años atrás, otro gran fotógrafo, Ivor Pricker, retrataba Mosul con el temor de que la gente empezara a sentir "fatiga de compasión" ante tanta tragedia, así la definía en un texto publicado por The Guardian, tras los cruentos combates que se sucedieron en la ciudad.

La mujer que pedalea vestida de Papa Noel rodeada de cascotes de edificios bombardeados transmite un mensaje de lo más alejado de esa fatiga compasiva, esa apatía ante el dolor que bordea los traumas que duran demasiado tiempo. 

Pioneras de la Navidad a toda costa

Mujeres vestidas de Papa Noel fueron revulsivos navideños ya en Estados Unidos durante la primera y la segunda guerra mundial, y en Australia en los años 30: la aviadora Nancy Bird Watson se prestó como voluntaria para ejercer de Papa Noel con su barba y traje rojo en los servicios sanitarios que desarrollaba la Far West Children Health, una organización de enfermeras que volaban a los lugares más remotos de Australia para atender pacientes. La profesora universitaria Marguerite Johnson ha recopilado sus andanzas y sinsabores en distintos artículos en sus estudios sobre género y cultura.

Que estas pioneras de la Navidad a toda costa, por encima del reproche moral y otras dificultades sigan presentes una y otra vez en los peores escenarios da una lección de resiliencia, esa palabra que ya brilla por encima de las demás en el lenguaje habitual de este año que dejamos atrás.

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La Fundéu está por declararla palabra del año, en dura competencia con confinamiento, infodemia y conspiranoia. Y si uno mira la trayectoria que han hecho las palabras elegidas anualmente por la fundación de la Real Academia Española, cada una ha retratado hasta ahora el estado de ánimo de la sociedad del momento.  Si el drama de los refugiados irrumpió con fuerza en 2015, 2019, echando una mirada atrás, fue un año liviano, hasta frívolo, con el emoji como palabra reina. Tenía que haber sido el del gran salto a la acción de la conciencia climática - microplásticos fue la palabra del año para la RAE el año anterior- pero acabó fatal, con una cumbre sin acuerdos serios para combatir una de las mayores amenazas de la Humanidad. 

En estas navidades de 2020 toca pedalear, empujar la vida pese a todo. Toca tirar de actitud y desafiar los sentimientos lúgubres que acechan tras la gravedad de la situación que atravesamos.