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¿Cómo una visita médica puede convertirse en una pesadilla?

Los derechos y la humanidad deben prevalecer por encima de los protocolos

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Imagen de archivo en la que una doctora revisa a una paciente

Imagen de archivo en la que una doctora revisa a una paciente / ANA MENESES

Reconozco de antemano la emotividad que empapará estas palabras. Los lamentables hechos que la inspiran y la sensación de no avanzar, no me dejan usar otro tono. He dejado pasar unos días para evitar las reacciones en caliente, filtrar informaciones, captar las reacciones sociales y, sobre todo, meditar mis reflexiones.

El pasado 25 de noviembre vivimos un episodio que de ninguna manera podemos pasar por alto como sociedad. No podemos dejar que quede sepultado por otras noticias. No podemos darlo por cerrado sin esclarecer los hechos. No podemos olvidarlo si nos creemos una sociedad madura y democrática. Paula, una joven de Sabadell, acudió a su CAP para ser visitada por primera vez por su psiquiatra. A partir de ahí se desató una situación que convirtió una visita, que debería haber sido terapéutica, en un episodio que vulneró de forma flagrante sus derechos como ciudadana y como paciente.

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Según las informaciones publicadas en medios y sus declaraciones, parece que Paula reclamó que le acompañara su madre, que le esperaba fuera. La negativa inflexible, impuesta por el protocolo covid, agitó a Paula. No sabemos qué pasó dentro de la consulta, pero es evidente que el personal del CAP no supo manejar la situación. Pidieron la presencia de los Mossos d’Esquadra y todos los indicios apuntan a que se desentendieron de su papel de asistencia médica. Lo que pasó a continuación lo hemos visto en todos los medios gracias a un vídeo. Las imágenes muestran cómo los agentes actúan con mucha contundencia, como si se tratara de un problema de orden público. La echan del CAP y la reducen utilizando pistolas Taser, aplicando varias descargas para reducir a la chica. La acción se ve claramente excesiva, en nuestra opinión, nítidamente inadecuada, marcadamente insensible y apunta a una violación de los derechos fundamentales de Paula. Ese día, Paula acabó detenida y pasando la noche en el calabozo.

La investigación de los hechos, que con buen criterio y celeridad ha abierto el Síndic de Greuges, esclarecerá si esta lectura es correcta o no. Solo a partir de las imágenes algún colectivo de Mossos ya ha valorado la actuación como claramente desproporcionada. De la actuación policial se ha hablado ampliamente, pero a juicio de Salut Mental Catalunya (SMC), hay que seguir hablando. Hay que aclarar si se respetó el protocolo existente, habrá que reabrir el debate de las pistolas Taser y, sobre todo, hay que pedir al Conseller de Interior que rectifique su defensa de la actuación policial sin una investigación interna previa.

Estigma y discriminación

Pero de la actuación del personal sanitario del CAP no se ha hablado tanto. Desde Salut Mental Catalunya pedimos que se esclarezca qué pasó dentro del centro de salud. Porque, si creemos que los hechos relatados eran lamentables y claramente sorprendentes, aún lo son más cuando sabemos que la psiquiatra y la dirección del CAP han denunciado a Paula.

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¿Alguien puede defender que una paciente sea denunciada por las acciones resultantes de un estado de agitación? Quiero pensar que no, que como sociedad avanzada y madura, todo el mundo piensa que estos hechos son intolerables. Pero también es verdad que me surgen muchas dudas cuando leo según qué comentarios en las redes sociales, profundamente estigmatizantes y que justifican la actuación de los mossos y los sanitarios implicados. Somos conscientes de la incomprensión de una parte de la sociedad, sabemos que nos queda mucho camino por recorrer en la lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental, sabemos que muchos profesionales aún no tienen la formación adecuada, que algunos derechos no están garantizados ya veces son violados ... Pero os confieso que este caso ha superado con creces lo que estamos dispuestos a aceptar.

¿Cómo es que en lugar de llamar a la policía no se avisó al SEM? ¿Cómo puede ser que no se pidiera ayuda a los miembros de la familia que le esperaban fuera para reconducir la situación? ¿Es justificable que los protocolos Covid no puedan flexibilizarse en determinadas situaciones que lo aconsejen? ¿Alguien puede explicar, sin avergonzarse, como una chica joven que acude a su CAP a visitarse acaba electrocutada, denunciada y pasando la noche en un calabozo? Y la gran pregunta final: ¿alguien puede entender como la sociedad lo acepta?