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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al término de su intervención en el palacio de Congresos Baluarte, en Pamplona, este 13 de noviembre. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al término de su intervención en el palacio de Congresos Baluarte, en Pamplona, este 13 de noviembre.  / JESÚS DIGES (EFE)

Una vez que se ha visto que el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, está dispuesto a sabotear cualquier apertura al centro del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y que el líder del PP, Pablo Casado, se resiste a pactar cosa alguna con el Ejecutivo, a Moncloa solo le quedan los agentes sociales, las centrales sindicales y la patronal, para alcanzar pactos transversales. De hecho, es lo que está ocurriendo desde que la pandemia de la covid-19 se hizo presente y generó no solo una severa crisis sanitaria sino también las gravísimas crisis económica y social.

A diferencia de otros países del entorno, donde la oposición apoya las medidas anticovid de los respectivos gobiernos, aquí, afrontar ese crítico trance no contribuyó a unir a las fuerzas políticas sino que fue aprovechado por las derechas para tratar de erosionar a un gobierno de coalición de izquierdas, que carece de la suficiente mayoría parlamentaria. Y en todo ese tiempo de dificultad, el Gobierno solo ha sido capaz de pactar con patronal y sindicatos, lo que en sí ya es importante. A parte, claro, del apoyo dado por Ciudadanos a las prórrogas del estado de alarma a las que se negó el PP, y del bloque de la investidura, que ha vuelto a unirse para facilitar la tramitación de los Presupuestos. A ese bloque presupuestario también se sumó el partido de Arrimadas, para satisfacción de Sánchez y consternación de Iglesias, de ahí que el líder podemista quiera sacarlo del acuerdo para reforzar el frente de las izquierdas.

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Los pactos sociales, seis en el año de legislatura, se han centrado sobre todo en los erte y sus prórrogas, y se han alcanzado de la mano de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de Izquierda Unida, que está consiguiendo forjar una sorprendente y venturosa alianza con CCOO, UGT y la CEOE, más próxima a los partidos conservadores. Estos compromisos vienen a demostrar que cuando se quiere pactar se puede o lo que es igual, que las actitudes de la ministra y del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, son más proclives a los acuerdos y muy diferentes a las que mantienen Iglesias y Casado.

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Este lunes esa imagen de unidad con los agentes sociales se repitió en un acto en Moncloa, presidido por Sánchez, para presentar el Plan de Recuperación, que se financiará con los 140.000 millones que aportará la Unión Europea. Es evidente que al presidente le interesaba esa fotografía, como lo es que la confluencia de los agentes sociales es necesaria para conseguir que el dinero que llegará de Bruselas se utilice con éxito en la superación de la crisis socioeconómica y en establecer las bases de una nueva economía más volcada en las nuevas tecnologías y en la política medioambiental, que genere empleo de calidad.

Se podría decir que estos acuerdos entre el Gobierno y los agentes sociales los mueve la necesidad, pero esa es una premisa que igualmente sería aplicable al resto de las fuerzas políticas, interesadas también, se supone, en sacar al país de la situación dramática en la que se encuentra. Pero eso no se da. Salvo con Cs, y está por ver por cuanto tiempo.