25 oct 2020

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John David Washington y Robert Pattinson, en ’Tenet’

Volver al cine

Mónica Vázquez

La falta de solidez conceptual no le resta diversión a la aventura de ver esta película, que se antoja un salto de 'puenting' mental: tienes que lanzarte, dejar atrás la fiabilidad del suelo, concreto y firme, y saltar hacia la nada

Éramos pocos en la sala de cine. Asomaba la ilusión por encima de las mascarillas mientras nos sentábamos, en silencio, respetando la distancia de seguridad, esperando a ver el resultado final de los confusos tráileres que nos habían mantenido en vilo durante meses, pandemia mediante.

'Tenet' es la nueva película de Christopher Nolan, director que ya nos tiene acostumbrados a la más absoluta grandiosidad, tanto visual como conceptual, gracias a películas como 'Memento', 'El Caballero Oscuro', 'Origen' y una de las películas comerciales más ambiciosas a nivel de narrativa filosófica de los últimos años: 'Interestelar'. Con semejante currículum uno sólo podría esperar una película trepidante de sobresaliente guion, y 'Tenet' es ciertamente desbordante, en todos los sentidos. 

La acción se desarrolla tan deprisa que los personajes saltan de una situación a otra, sin apenas explicación, recorriendo el mundo en un suspiro, empujando al espectador a correr tras la trama. La falta de solidez conceptual no le resta diversión a la aventura de ver esta película, que se antoja un salto de 'puenting' mental: tienes que lanzarte, dejar atrás la fiabilidad del suelo, concreto y firme, y saltar hacia la nada. Y esperar que todo saldrá bien.

En 'Tenet' Nolan explora el concepto del tiempo como un fenómeno de carácter lineal y direccional que nos lleva de un punto a otro, desde lo que llamamos pasado hacia lo que consideramos futuro. Para Nolan en esta película el tiempo nos domina como si de unas vías de tren se tratase y nosotros vivimos atrapados en un tren inescapable que llamamos realidad. 'Tenet' plantea la idea de qué pasaría si pudiésemos invertir la dirección del tiempo, poniendo el mundo del revés de esa manera. ¿Qué pasaría si el final fuese sólo el principio? Dos horas y media después, Nolan sigue coqueteando con la idea de dimensiones que viven atrapadas dentro del parámetro lineal del tiempo, y tú sales del cine sin respuestas, pero con la misma sensación que tuviste la primera vez que te montaste en una montaña rusa de niño. Y, tal como recuerdas, merece la pena probarlo.