23 sep 2020

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DESDE EL PARC

Turistas y vecinos, en el andén de la parada de metro Ciutadella-Vila Olímpica, se dirigen a la playa, en una imagen de archivo.

RICARD CUGAT

La Ciutadella espera

Ester Oliveras

Locales y turistas que van y vienen de la playa transitan por la parada Ciutadella-Vila Olímpica de la línea amarilla. Sin universitarios, no hay tráfico en dirección montaña

Ahora mismo, la parada Ciutadella-Vila Olímpica de la línea amarilla está concurrida por locales y turistas que van y vienen de la playa. No hay tráfico en dirección montaña, en contraste con el resto del año, en que bulle de estudiantes universitarios dirigiéndose al campus de ciencias sociales de la Universitat Pompeu Fabra, situado en los antiguos cuarteles militares junto al zoo de Barcelona, entre las calles de Wellington y de Ramon Trias Fargas-tramo final de la calle de Sardenya, que cambia de nombre pasada la Meridiana.

Las universidades sin jóvenes, bajo el calor del verano, están desiertas, dormidas... Los alrededores se convierten en zonas tranquilas, concurridas solo por vecinos y vecinas, esperando la vuelta a la vitalidad, a la mezcla de ideas, teorías y hormonas por pasillos, aulas, bares y calles.

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Este curso ha sido triste. En marzo, cierre total. Y después, el levantamiento del confinamiento, que tampoco trajo mucha vida. Las humanidades, la economía, el derecho, las lenguas que ocupan estas paredes y que no requieren de laboratorios, ni de maquinaria, ni de grandes instalaciones han alargado este periodo de hibernación.

Pero no todo está parado. Muy cerca, en el solar que alojó el mercado del Peix entre 1953 y 1983, derribado para abrir la ciudad al mar y convertido en un sencillo párking, se espera una gran transformación. Una cadena de cambios que ya se han iniciado pero que aún no son visibles. Tres edificios comenzarán a construirse el próximo año: el primero será del BIST (Barcelona Institute of Science and Technology); el segundo, del Institut de Biologia Evolutiva (IBE), y el último será propiedad de la universidad. Unos edificios que nacen con la ilusión de convertirse en un nodo de innovación e investigación con capacidad de atracción del mejor talento nacional e internacional, que genere una actividad incesante, tanto en invierno como en verano, tanto de las personas que trabajen como de visitantes de su espacio central, una ágora, un espacio abierto, que acerque la ciencia y la innovación a la sociedad.