CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA

El turismo, en jaque como el rey Shelam

Una disminución adicional de la ocupación actual, situada ya entre el 30% y el 50%, puede implicar el cierre para muchos negocios

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Una familia de turistas británicos, en el aeropuerto de El Prat, a punto de volar de regreso a Londres, este lunes 27 de julio.

Una familia de turistas británicos, en el aeropuerto de El Prat, a punto de volar de regreso a Londres, este lunes 27 de julio. / ELISENDA PONS

Las recomendaciones y decisiones de Noruega, Bélgica, Francia y BélgicaFranciael Reino Unidoestán convirtiendo la ya peor temporada en una catástrofe para el sector turístico. Los viajes planificados difícilmente podrán asumir las cuarentenas impuestas. Aunque algunas de las medidas adoptadas en Catalunya, como el uso obligatorio de mascarillas, son más restrictivas que en Francia y en el Reino Unido, lo que ha primado en la decisión de estos países son los datos de contagios al alza y el fantasma de una posible transmisión comunitaria en los destinos turísticos catalanes.

Las previsiones que los establecimientos habrían podido realizar hace unos meses se deberán revisar a la baja, y una disminución adicional de la ocupación actual, situada ya entre el 30% y el 50%, podría implicar el cierre para muchos negocios. Lo peor es que, incluso las personas autóctonas, que podíamos ser la piedra angular para salvar la temporada, tenemos dificultades para poder planificar nuestras vacaciones.

Relajamiento político y social

Es ya evidente que nadie estaba preparado para unos rebrotes de esta magnitud a seis semanas de salir del confinamiento. Se ha producido un relajamiento excesivo a nivel político y social, quizá por el agotamiento y la tensión acumulada, y no se ha calibrado correctamente la importancia de la identificación y trazabilidad de los casos. El cerebro humano no está capacitado para pensar de manera exponencial, que es cómo se comporta esta pandemia, una limitación que queda deliciosamente ilustrada en la fábula del ajedrez y el trigo, en la que el rey Sheram ofrece a un sabio una recompensa por haberle enseñado a jugar al ajedrez. El sabio pide un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera, y así sucesivamente hasta llegar a las 64 casillas. El rey, con su pensamiento lineal, cree que es una recompensa pequeña y accede, pero hagan ustedes los cálculos y comprobarán porque Sheram no pudo pagar y -reimaginando el final del cuento con ojos de economista- su reino entró en bancarrota.

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Otra tendencia humana es el autoengaño. La incapacidad de ver lo obvio cuando esto va en contra de nuestros deseos. La premisa distancia-mascarilla-manos es incompatible con hábitos sociales a los que parece que no queremos renunciar. En comidas de grupo, por ejemplo, se necesitaría una mesa de 7,5 metros de largo y 1,5 de ancho para hospedar a 10 personas con seguridad. Las mesitas de terrazas y las de restaurantes difícilmente pueden ofrecer distancias de 1,5 metros, por lo que solamente deberían estar ocupadas por personas convivientes. Tampoco está claro si todas las mascarillas sirven por igual cuando la distancia de seguridad es imposible. Quizá no es lo mismo en una terraza al aire libre, en un supermercado o en un autobús de noche abarrotado por adolescentes que vuelven a casa.

Criticar es fácil. Construir y ejecutar es difícil. Pero lo que sí es exigible es aprender de los errores y afrontar los próximos meses con la lección aprendida o nos espera el mismo destino que el del rey Sheram.