22 oct 2020

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PESE A LOS REBROTES DE COVID-19

Botellones y fiestas caseras desafían las restricciones del Govern en Barcelona

La Generalitat ordena el cierre de discotecas y salas de fiesta en toda Catalunya para tratar de frenar la expansión del virus

Muchos jóvenes, frecuentemente con alcohol de por medio, desoyen las medidas de Salut en Gràcia, la Barceloneta, el MACBA o el Born

Manuel Arenas

Plaza de la Virreina. 23 horas. / MANU MITRU

Mientras los ingresos hospitalarios por covid-19 aumentan en Catalunya, los nuevos contagiados son cada vez más jóvenes y, tras decretar el cierre al público de discotecas y salas de baile catalanas, el Govern se plantea incluso limitar reuniones nocturnas en la calle para evitar más rebrotes. Ante este panorama, Carlos (29 años) dice cerveza en mano que los jóvenes solo dejarán de hacer botellones si las autoridades sanitarias vuelven a endurecer las restricciones. Asegura estar inquieto por el bienestar de su familia, pero va sin mascarilla en vía pública y no deja de beber. 

Son las 23.30 h y Carlos es una de las treinta personas que se amontonan en la entrada de la parroquia de Sant Joan Baptista, en la plaza de la Virreina de Gràcia. Beben y tocan la guitarra. Al llegar una patrulla de Guardia Urbana, se disuelven. "Me gusta la libertad, pero sin multas no se van a cumplir las reglas", replica una au pair brasileña de 25 años que pide ocultar su identidad.

Son notables las aglomeraciones nocturnas en las playas de la Nova Icària y la Barceloneta, el MACBA o el paseo del Born

Aunque tal y como recuerda una campaña de concienciación de 'Adolescents.cat' no toda la juventud tiene el mismo comportamiento durante los rebrotes, unas vueltas nocturnas por Barcelona esta penúltima semana de julio permiten observar cómo muchos jóvenes, frecuentemente con alcohol de por medio, desafían las medidas del Departament de Salut en concurridos enclaves barceloneses. 

Es el caso de la playa de la Barceloneta o de las plazas de Gràcia, ratifican fuentes de Guardia Urbana. Lo corrobora Biron, camarero de un bar de la plaza de la Vila de Gràcia que, al ser preguntado por si son habituales los botellones nocturnos en la zona estas semanas, directamente ríe.

Según ha comprobado este diario, son notables las aglomeraciones nocturnas en las playas de la Nova Icària, en Vila Olímpica, o de la Barceloneta, donde los agentes de la Guardia Urbana reconocen a pie de calle la dificultad para controlar la congestión nocturna tras cerrar las terrazas de la zona. También en las inmediaciones del Museu d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y, aunque en menor medida, en el paseo del Born, cuyos locales abiertos a la 1:30 h de la madrugada, como por ejemplo El Copetín, dan pie a que en sus aledaños se congreguen grupos dispares para beber. Eso se acaba este fin de semana con el cierre de locales de ocio nocturno. Pero el tiro puede salir por la culata: si no hay discotecas, nos llevamos la fiesta a casas particulares o a la calle.

Eduardo (31 años) lo tiene claro: "Si hay toque de queda, la gente lo va a desafiar porque está cansada. Como cuando tu madre te regaña: 'Ah, ¿toque de queda? Pues ahora voy a beber junto a la Sagrada Família'".

Plaza de la Virreina. 23 horas. / MANU MITRU

"Tras la desescalada todo se ha desmadrado"

Una de las zonas más afectadas de Barcelona por el fenómeno de los botellones y fiestas callejeras tras el levantamiento del estado de alarma es Vila Olímpica, barrio cuyos vecinos, hastiados, están al acecho de ver cómo afectan las nuevas restricciones del Govern.

Tras el estado de alarma, los vecinos de la Vila Olímpica han vuelto a sufrir acumulaciones de personas que no respetan las medidas

"Tras el confinamiento hemos vuelto a sufrir acumulaciones de personas que llegan en metro a zonas de ocio o playa, sin mascarilla ni distancia social, y que empiezan botellones de unas veinte personas a las nueve de la noche y se van a partir de las seis de la mañana con el metro de Ciutadella/Vila Olímpica (L4) y sin protección". Lo cuenta Jordi Giró, presidente de la Asociación de Vecinos de Vila Olímpica, que alude a quejas vecinales por los "botellones y peleas" en parques próximos al metro durante los fines de semana de julio. "En el confinamiento la cosa paró, pero tras la desescalada todo se ha desmadrado", zanja Giró.

Vecinos de distintas zonas de Barcelona denuncian molestias por incivismo a pesar de las medidas. Es el caso de Marcelino Hernández (73 años) en relación a las aglomeraciones en el Parc Central de Nou Barriso el de Ainhoa Royo (37 años), que denuncia botellones de unas quince personas "con alcohol, música y motos corriendo arriba y abajo" en la puerta del tanatorio de Sant Gervasi "todas las noches", algo que produce insomnio a los vecinos. "Los he llegado a ver hasta con sillas de playa; mi vecino se vuelve loco gritándoles por el balcón y la Policía no suele venir", agrega Royo.

Fiestas caseras para sortear las restricciones

Que en Barcelona y su área metropolitana la Generalitat haya recomendado no salir de casa, limitado las reuniones a diez personas o cerrado los locales de ocio nocturno -medida ya aplicable a toda Catalunya- no está siendo óbice para que los ciudadanos más jóvenes busquen vías para sortear las restricciones.

Lo reconoce Sergio (26 años), vecino de Badalona (Barcelonès), quien afirma que "cuanto más se pretende limitar la libertad de los jóvenes, más ganas tenemos de disfrutarla". Sergio ensalza los encuentros en domicilios privados: "Yo acostumbro a ir a la casa de un chaval que la ha habilitado como local de fiestas; la gente va a beber, drogarse y pasarlo bien".

Además de las fiestas caseras, hasta ahora se daba también la casuística de jóvenes que, como Sergio, planeaban salir de la zona caliente metropolitana para driblar sus restricciones y valerse de la mayor laxitud normativa de la que gozaba hasta este fin de semana el ocio nocturno de comarcas como el Maresme, con populares discotecas como Privat Cocoa en Mataró, o el Vallès Occidental. "El cierre de discotecas en toda Catalunya es absurdo", opina Sergio.

Pisos turísticos para fiestas

En la punta del iceberg, los botellones y el incivismo en vía pública son el principal dolor de cabeza de los vecinos de Barcelona, preocupados por que el desacato de las medidas sanitarias produzca todavía más rebrotes de los que ya se han sucedido en Catalunya. Prueba de ello son las 1.359 llamadas que ha recibido la Guardia Urbana del 14 de marzo al 20 de julio sobre molestias por consumo de alcohol en espacios públicos, ámbito en el que ha interpuesto 4.811 denuncias en ese tiempo. Fuentes de la Guardia Urbana apuntan que desde la desescalada las denuncias han aumentado.

"La mayoría de pisos turísticos que alquilan para fiestas son ilegales, sin licencia", afirma una vecina del Gòtic

Sin embargo, en las entrañas de los barrios subyace ya otro temor sin tanta visibilidad pero vinculado a las problemáticas arraigadas al fenómeno turístico, especialmente en la Barcelona más golpeada por los efectos perniciosos de la masificación: el uso de pisos turísticos para fiestas que puenteen las restricciones del virus.

Hace explícito el citado miedo Eva Vila, portavoz de la plataforma Fem Gòtic: "Al estar el turismo parado por las restricciones del covid, tenemos miedo de que los propietarios de pisos turísticos empiecen a utilizarlos masivamente para albergar fiestas privadas por tal de sacarles rentabilidad".

Vila, que concreta saber de "4 o 5 casos" en el barrio Gòtic desde que se levantó el estado de alarma, cita los ejemplos de dos fiestas recientes en la C/Ample, al menos una de ellas en piso turístico, que molestaron a los vecinos. "Pensamos que puede tratarse más bien de propietarios privados que de agencias. Que los festejos sean en domicilios y no en la calle complica las cosas, sobre todo para que la Policía pueda entrar", expresa Vila.

Teresa Caja, vecina de siempre del Gòtic y presidenta de la Asociación de Comerciantes y Vecinos de la C/Avinyó, ilustra el fenómeno con un ejemplo anecdótico: el de los albañiles de una obra cercana a su edificio que hace pocos días montaron su propia fiesta en la obra, fueron denunciados a Guardia Urbana por los vecinos molestos por el ruido y acabaron despedidos. "Por lo que yo he visto, la mayoría de pisos turísticos que alquilan para fiestas son ilegales, sin licencia; en los legales no ocurre tanto porque está más controlado", concluye Caja.