21 oct 2020

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CONSECUENCIAS DEL COVID-19

La incierta Catalunya pospandémica

LEONARD BEARD

La incierta Catalunya pospandémica

Antón Costas

La pandemia nos ha enseñado que el Govern de Torra tiene las prioridades equivocadas, lo que le impedirá ver y afrontar la crisis social, económica e industrial que se nos viene encima

¿Cómo le irá a Catalunya en esta etapa pospandémica? ¿Se orientará el Govern de Quim Torra a atender de forma prioritaria la gravísima crisis social, económica e industrial que está al caer, o su único objetivo será seguir el 'procés' y mantenerse en el poder? ¿Habremos aprendido algo de esta experiencia dramática que nos lleve ahora a dejar atrás la confrontación divisiva para favorecer un nuevo contrato social y político imprescindible para afrontar con éxito esas nuevas crisis?

Existe la creencia de que las grandes catástrofes fomentan la solidaridad, la convivencia con los otros y el acuerdo político. Pero las disciplinas que estudian el comportamiento humano no dan mucho apoyo a esta creencia. Al contrario, la teoría de los "sesgos de confirmación" sostiene que los humanos utilizamos las nuevas situaciones para reafirmarnos en nuestras creencias y conductas, aun cuando la nueva información las contradiga. ​

Sesgos de confirmación

Algunas palabras ("Ara farem la represa") y acciones que hemos visto en estos primeros días pospandémicos me hacen pensar que la conducta de Torra está orientada más por los "sesgos de confirmación" que por las lecciones que hay que extraer de esta crisis sanitaria. Tengo para mí que pocas cosas van a cambiar, al menos hasta las elecciones.

Torra no tardó ni 24 horas tras el final de la fase de alarma en acordar que las regiones sanitarias de Lleida y del área metropolitana de Barcelona pasaran directamente de la fase 2 al desconfinamiento, sin haber permanecido un tiempo prudencial en la fase 3. El ver que las otras dos nacionalidades históricas, Galicia y el País Vasco, se adelantaban a Catalunya posiblemente fue una poderosa motivación para tomar esa decisión. 

Además, ha decido hacer recaer el control de la pandemia en la responsabilidad individual de los catalanes (acompañada de recomendaciones genéricas como mantener la distancia social, la higiene regular de las manos y el uso de mascarillas) más que en la ley. Esta inhibición es una conducta irresponsable, dada la elevada probabilidad de rebrotes del virus.

Dos explicaciones

¿A qué responde esta inhibición política de Torra? Hay dos posibles explicaciones. Una es, simplemente, la incompetencia. La incapacidad para gestionar le lleva a inhibirse. Se manifestó, por ejemplo, en la falta de resolución para dirigir los servicios sanitarios, de salud y cuidados de mayores. La suerte para nosotros fue que las grandes unidades hospitalarias del país tomaron el mando de la situación y actuaron con autonomía operativa, buscando por su cuenta recursos y soluciones a las numerosas urgencias que planteó la pandemia.

Otro ejemplo es la incapacidad para gestionar la crisis sanitaria en las escuelas. Deberían haber sido la prioridad a la hora de reabrir la sociedad y la economía. Sin embargo, va a ser lo último que se abra en Catalunya. El contraejemplo es el caso del País Vasco.

Pero hay otra explicación, que no excluye la de la incompetencia sino que es complementaria. Es el excepcionalismo que practica una parte del soberanismo. La idea de que los catalanes son los mejores en todo. La excesiva confianza y fe en las capacidades del país para ser los primeros. Este excepcionalismo es más un estado mental que una realidad. Pero, en todo caso, es un pensamiento ilusorio muy potente en la mente de algunos dirigentes soberanistas. Explica, por ejemplo, la sorprendente afirmación de de que "Si fuésemos independientes no habría habido muertos". De nada vale que los datos nos digan que en todos los países del mundo ha habido muertes, el excepcionalismo lleva a sostener afirmaciones absurdas como esa.

La pandemia nos ha enseñado que el Govern de Torra tiene las prioridades equivocadas. Esta situación es de altísimo riesgo, porque le impedirá ver y afrontar la crisis social, económica e industrial que se nos viene encima. Ahora el riesgo es que se transforme en una comunidad empobrecida por falta de relevancia política y capacidad del Govern para negociar situaciones como la de Nissan.

No creo que Torra y los partidos que siguen defendiendo el unilateralismo sean capaces de cambiar sus prioridades. Por eso, más que perseguir la "mesa de negociación" con el Gobierno de Pedro Sánchez, pienso que a ERC le iría mejor forzar la convocatoria de elecciones. La crisis social y económica recaerá especialmente sobre las áreas que ahora gestiona.

Las elecciones son necesarias para construir un nuevo contrato social y político que nos permita afrontar con éxito esa triple crisis social, económica e industrial que tenemos delante. De lo contrario, la incertidumbre se adueñará de la Catalunya pospandémica.