11 ago 2020

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Análisis

Pablo Iglesias, María Jesús Montero y José Luis Escrivá, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros.

DAVID CASTRO

Poner una pata al bienestar (que no meterla)

Guillem López Casasnovas

Vista la que será la letra del Decreto de creación de la renta mínima, me pregunto qué opinarán aquellos que inicialmente la proponían: ni renta básica, ni universal, ni de ciudadanía. Más bien mínima, selectiva, que completa otros recursos y solo para la población (hogares) más frágil, en peligro vital. Menos mal, pienso yo, que no se ha consumado lo que hubiera sido una metida de pata, error de los entusiastas, bienintencionados, que proponían algo estructural que hubiera dejado nuestro sistema de protección social patas arriba, insostenible e insolvente: tan infactible como una renta sustancial para todas las edades, incondicionada, sustituyenbndo las ayudas hoy existentes, aplicada tanto para ricos como para pobres, y con la peregrina idea de recuperar a través del IRPF la progresividad fiscal perdida con la medida.

Es tiempo de crisis y, por tanto, no debería ser de grandes mudanzas. Se nos dice que la renta mínima ha venido para quedarse, que es un cambio "estructural" en la política de bienestar social. Ya lo veremos. De momento está bien acotada (3.000 millones), y con la que está cayendo, su importe no me causa demasiada preocupación; particularmente sabiendo que cubrirá las deficiencias de los erte, el agotamiento del paro y los ya no ertes, si no salimos mínimamente del callejón sin salida salvando los muebles.

Aunque la preveo de gestión difícil (14 tipos de hogares y umbrales), bienvenida sea pues la versión postulada. No diré aquello de haber parido una hormiga, porque son hormigas lo que necesitamos para recuperar con trabajo y de manera incentivada nuestra economía. Si además esto sirve para satisfacer la grandilocuencia de algún político, el precio, desde luego, a pagar, es bajo.

Por lo menos, apuntemos algunas preocupaciones. Nos dice el vicepresidente Iglesias que este es el cuarto pilar de nuestro estado del bienestar. "La pata de la silla que faltaba". Yo creía que esta era la de la dependencia. Pero bien. España es así. Con la pata rota de la dependencia, hoy más que nunca con el covid-19 paseándose por las residencias, en lugar de rehacerla de nuevo se piensa en poner un poco de 'pega' y apuntalar la silla con una nueva pata.

La otra preocupación es qué haremos de las ayudas autonómicas preexistentes. Si se coordinan para restar la autonómica de la prestación estatal, esto equivale para aquellas comunidades autónomas que ya tenían prestación que les salga más barato, liberándoles recursos. 

En cualquier caso, también sorprende que una vez más las prestaciones dinerarias olviden que para los destinatarios un euro no compra lo mismo en la geografía española. Diverge la capacidad adquisitiva, como lo hacen el precios de los alquileres, del transporte o del mercado. Y si el componente autonómico actúa verdaderamente como prestación añadida a la estatal, ya veremos cuántos 'marramiaus' se oirán por aquello de la solidaridad y la cohesión 'nacional'. Y a los damnificados solo les quedará intentar emular a los vascos, que desde su privilegio sacarán pecho.