23 sep 2020

Ir a contenido

LA CLAVE

El ’expresident’ Carles Puigdemont, en un acto político en Perpinyà.

EFE / DAVID BORRAT

Vías muertas

Albert Sáez

Hemos pasado del choque de trenes a las vías muertas. ¿No será hora de que unos y otros se lo digan a sus correligionarios?

Dice Puigdemont que no quiere renunciar a la "vía unilateral". Y por eso anima a sus incondicionales a prepararse para la "lucha definitiva". De derrota en derrota hasta la victoria final. El presidente que hizo el 1-O pierde cada día un poco de su capital político acumulado ante los independentistas porque su entorno le empuja a ejercer de líder de una facción antes que de "exiliado" que se dedica a "internacionalizar " su causa como hizo en las primeras semanas después de marcharse a Bélgica. Cuanto más grandilocuentes son las exclamaciones más miserables son las intenciones.

Puigdemont debe una parte de su poder actual al apoyo de quienes le ven como el mejor antídoto contra la victoria de Esquerra que, por ahora, es demoscópica. Pero son los mismos que horas antes aplaudían con la misma intensidad a Artur Mas cuando recordaba que la vía unilateral requería una mayoría desbordante y apoyos internacionales que nunca tuvo el independentismo en el 2017, como recordaba este lunes en Twitter Josep Martí. En el espacio de Puigdemont se quiere revivir la ducha escocesa de Pujol: de lunes a viernes se va a La Moncloa y el fin de semana a Perpinyà o al Pi de les Tres Branques. Con eso quiere ganar Puigdemont las elecciones, pero los tiempos son otros. La vía unilateral es una vía muerta y la mayor alegría que se pueden llevar los no independentistas es que los independistas se metan en ella una y otra vez.

 

No es la única vía muerta. También lo es la de la mera judicialización del tema catalán. Carlos Carrizosa, al que le toca administrar la fase menguante de Ciudadanos proponía cambiar la legislación europea sobre la euroorden, ni más ni menos, para que Puigdemont no pudiera hacer el mítin de Perpinyà. La ley hay que hacerla cumplir pero no hacerla a medida de los adversarios políticos. Dejar solo en manos de la justicia este asunto, también es una vía muerta y la mayor alegría que se pueden llevar los independentistas es que los no independentistas se metan en ella una y otra vez. Hemos pasado del choque de trenes a las vías muertas. ¿No será hora de que unos y otros se lo digan  a sus correligionarios?