Epidemia en el gigante asiático

Las vulnerabilidades de China

El ansia de lucro y los habitos ancestrales generan prácticas ilegales que dañan la seguridad alimentaria

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Lo que empezó como un brote aislado en un mercado local de una ciudad China,  se ha esparcido afectando a más de 300 personas en seis países.

Lo que empezó como un brote aislado en un mercado local de una ciudad China,  se ha esparcido afectando a más de 300 personas en seis países. / Reuters

Diecisiete años después del brote en China del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), que mató a casi 800 personas, un coronavirus de la misma familia que el del 2002 vuelve a poner en jaque al 'Imperio del Centro'. Entonces, las medidas drásticas se tomaron cinco meses después de que se produjeran los primeros casos que, las autoridades locales y luego las nacionales, trataron de ocultar. Ahora, con las riendas del poder bien sujetas, a los tres días de conocerse que el virus había mutado y se contagiaba entre humanos, Xi Jinping ha desatado una alucinante lucha contra el patógeno, en la que no solo ha confinado en ciudades cerradas a más de 50 millones de personas, sino que ha ordenado levantar en 10 días un hospital con mil camas para los afectados, ha reclutado miles de médicos que trataron el SARS y personal sanitario militar y ha involucrado directamente en la resolución de la crisis al Comité Permanente del Politburó, el principal órgano de dirección del partido comunista.

Mucho ha cambiado China en estas casi dos décadas, pero el coronavirus ha vuelto a colocar sobre la mesa algunas de las vulnerabilidades del gigante asiático. En un país en que la información está férreamente controlada y donde la autocensura es más efectiva que la censura previa, los funcionarios de Wuhan, la ciudad en que comenzó la infección, no divulgaron que, en una operación de neurocirugía programada, el paciente infectó con neumonía a un médico y 13 enfermeras. Lo reveló el 20 de enero Zhong Nanshan, uno de los principales especialistas en enfermedades respiratorias.

La pesada y temerosa burocracia

La ausencia de libertad de información y la pesada y temerosa burocracia son un lastre en el camino de Pekín para construir un nuevo orden internacional más inclusivo e interdependiente que, desde el multilateralismo, aborde el desarrollo sostenible de todos los países. Son fuertes obstáculos en la defensa china de una gobernanza global “sin injerencias en los asuntos internos de los países” y sin tener en cuenta su situación política.

Las vulnerabilidades a nivel interno que el coronavirus ha sacado a relucir tienen que ver con la seguridad alimentaria, dañada tanto por el ansia de lucro como por hábitos ancestrales. Aunque los investigadores han descubierto que el primer paciente infectado no tuvo relación con el mercado en el que se contagiaron varias decenas de personas, es fundamental que el Gobierno ponga fin a la práctica de tener animales vivos en los mercados, en especial los exóticos, introducidos de forma ilegal y sin controles sanitarios. El mercado clausurado el 1 de enero era de pescado y marisco, pero se vendían desde serpientes a jinetas, pasando por cachorros de lobo y otros animales salvajes vivos que hospedan virus nocivos para los humanos.

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En China se suceden los escándalos alimentarios, debido a que una buena parte de la agricultura y la ganadería es producida por campesinos sin grandes conocimientos que recurren a sustancias químicas para mejorar sus resultados. El uso de vacunas y fármacos de mala calidad, pero bajo precio, también está muy extendido y más de una vez se han visto flotando en los ríos miles de cerdos u otros animales muertos, tirados para que los inspectores no vean la enfermedad que afecta a la granja o por falta de recursos para incinerarlos. Muchos granjeros ocultan brotes como el de la altamente contagiosa peste porcina africana, que el año pasado forzó el sacrificio de más de un millón de cerdos, porque no se creen que les vayan a compensar por las pérdidas.

Esquivar responsabilidades

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Pollos y cerdos atiborrados de antibióticos, clembuterol en la carne, melanina en la leche, colorantes en los bollos, gripe aviar… Los consumidores, cada día más exigentes, demandan al Gobierno medidas drásticas contra estos abusos, pero las normas emitidas en Pekín no siempre se implementan por las autoridades locales, que con frecuencia son las primeras en querer tapar los males para esquivar sus responsabilidades.

La seguridad alimentaria es, junto con la sanidad, la mayor preocupación de la población, según una encuesta realizada en 2018 por la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de China a 77.000 funcionarios y profesionales liberales de 100 ciudades. En mayo de 2019, el Gobierno publicó una nueva directriz de la ley de seguridad alimentaria del 2015 que pide apoyo a consumidores y empresas para “acabar con las prácticas ilegales conducidas por la búsqueda de ganancias”, además de para implantar la regulación y garantizar la rendición de cuentas. Asegura que quiere llegar a 2035 como líder mundial en seguridad alimentaria. Aún le queda un camino largo y tortuoso, pero es sano que lo priorice.