22 feb 2020

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LA "NEUMONÍA" DEL PAÍS ASIÁTICO

China, en estado de guerra contra el coronavirus: 56 muertos y 1.975 infectados

El mundo había visto epidemias antes, pero nunca un país había tomado medidas tan extremas

Ha cancelado el Festival de Primavera, equivalente a la Navidad, y tiene confinadas a 50 millones de personas

Adrián Foncillas

Médicos con ropas protectoras en el Red Cross Hospital de Wuhan, el sábado.

Médicos con ropas protectoras en el Red Cross Hospital de Wuhan, el sábado. / HECTOR RETAMAL (AFP)

El control del coronavirus en invierno se antoja homérico: consiste en aislar y chequear a cualquiera que estornuda en un país de 1.400 millones de habitantes y a todos con los que ha estado en contacto en los últimos días. En Hong Kong se afanan en encontrar aún a los que compartieron el vagón de tren con un enfermo y Shanghái ha ordenado a todos los ciudadanos que visitaron Wuhan en las dos últimas semanas, tengan fiebre o no, que acudan al hospital: son 300.000 personas. Los últimos acontecimientos agravan aun más el cuadro. Algunos infectados por el virus no presentan síntomas como fiebre o tos y otros nunca se acercaron a Wuhan. Lo confirma Yuen Kwok-yung, un experto virólogo hongkonés. "Puede ser más infeccioso que el SARS", remata, en referencia al Síndrome Respiratorio Agudo Severo que dos décadas atrás se cobró 800 vidas en todo el mundo.

Por las redes circulan fotografías de hospitales atiborrados con enfermos durmiendo en pasillos que permiten plantearse si el sistema sanitario chino estaba preparado para esta crisis. Una pregunta más justa y menos prejuiciosa es si algún país dispone de un sistema sanitario preparado para algo así.

En el 2002, el SARS despertó a China, que desde entonces multiplicó por 20 la inversión en sanidad

El SARS despertó a China. No solo jubiló para siempre el secretismo en la gestión de las epidemias sino que comprendió que su febril desarrollo económico había desatendido la sanidad. La inversión de gobiernos locales se ha multiplicado por 20 desde entonces, en el 2006 se inauguró un sistema nacional de detección y comunicación de enfermedades y se profundizó en el estudio epidemiológico. Uno de los centros punteros, paradójicamente, se levantó en Wuhan.

La respuesta de China al coronavirus evidencia las reformas. En dos semanas detectó, identificó y secuenció un nuevo patógeno. Lo hizo en temporada invernal, con múltiples virus similares. En el 2014, y en condiciones más benignas, el mismo proceso con el virus ébola se demoró varios meses. "Es extraordinario", juzga Matthew Frieman, experto de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland.

"Están siendo muy rápidos en todos los análisis, practican las pruebas tan pronto como es posible y suman hospitales de todo el país. Alabo a los científicos y al personal médico de Wuhan y ciudades vecinas por sus esfuerzos", añade.

El templo de Wong Tai Sin, en Hong Kong, el sábado. / ADALE DE LA REY (Afp)

Revolución sanitaria

Wuhan epitomiza la revolución sanitaria en las grandes urbes de las últimas décadas. Tiene siete grandes hospitales (también el tercero mejor valorado del país), otros siete de menor tamaño y más de 60 clínicas. Cuenta con 651 camas hospitalarias por 100.000 habitantes, muy por encima de las 384 de Catalunya, pero aún escasas para lidiar con la crisis. Las grúas ya levantan un hospital para 1.300 enfermos en un solar que estará listo en una semana y se ha anunciado otro con capacidad para un millar. También desde otras provincias acuden miles de médicos de refuerzo ante el cuadro de agotamiento y desmoralización de los locales. Un doctor murió ayer sábado por el virus y otro de un ataque al corazón.

En Wuhan, foco de la epidemia, hay siete grandes hospitales, otros siete de menor tamaño, más de 60 clínicas y se está construyendo un centro para 1.300 enfermos de coronavirus

China ha cancelado todas las celebraciones del Festival de Primavera, equivalentes a nuestras navidades. En Pekín, a un millar de kilómetros al norte, funcionarios con trajes de protección toman la temperatura en el metro y se han cerrado atracciones turísticas como la Gran Muralla o la Ciudad Prohibida. La cuarentena de Wuhan se ha ampliado a otras ciudades vecinas hasta sumar 50 millones de habitantes, la población de España. El Disneyland de Shanghái ha cerrado. El mundo ha padecido epidemias ante, pero no existen precedentes de medidas tan extremas. Solo son posibles en China, donde se junta un Gobierno fuerte y una tradición confuciana que acepta cualquier molestia individual por el bien común.

El presidente, Xi Jinping, subrayó ayer que China está en estado de guerra contra un virus que ha matado, con fecha de 25 de enero, a 56 personas y enfermado 1.975 en 29 provincias. El país afronta "una grave situación" porque "el contagio se acelera", ha alertado. Xi anunció la creación de un gabinete especial que será dirigido por el Comité Permanente, el órgano más poderoso del Partido Comunista. La medida trasciende la estética en los arcanos de la política china: en un país tan jerarquizado y centralista, envía un mensaje a los gobiernos locales para que aprieten las filas y no demoren ninguna acción.

La guerra comercial con Estados Unidos, las revueltas en Hong Kong y la victoria de los independentistas en Taiwán atormentaron al Gobierno chino en el Año del Cerdo. Un coronavirus amenaza con arruinarle el Año de la Rata.

Descartado el posible caso de Vizcaya

En España, las pruebas realizadas a una paciente ingresada en el hospital de Cruces, en Barakaldo (Vizcaya), descartaron ayer que la neumonía que padece estuviera asociada al coronavirus, según el Ministerio de Sanidad.

Con todo, la Policía (especialmente los agentes de los puestos fronterizos de los aeropuertos) se prepara ante la posible llegada del coronavirus a España, y por eso les propone usar guantes de un solo uso y mascarillas en los controles a pasajeros procedentes de cualquier lugar de China "u otras zonas afectadas".

Dado que el coronavirus se puede transmitir entre humanos, aconseja la utilización de guantes de nitrilo de un solo uso en cacheos o inspección de equipajes y documentación, y la de mascarillas en el control de la documentación a todos los pasajeros procedentes de "cualquier ciudad de China u otras zonas afectadas, independientemente de su nacionalidad".